Élder Uchtdorf: Ese futuro magnífico es posible, no por quien eres, sino por quien es Dios

élder Uchtdorf

En la lectura del manual “Ven, Sígueme” sobre Doctrina y Convenios 58-59, que comprende la semana del 24 al 30 de mayo, encontramos versículos que el élder Dieter F. Uchtdorf denominó como algunas de las palabras más inspiradoras de las Escrituras.

“Dios entre nosotros”

Podemos encontrar ese comentario del élder Uchtdorf en una nota al pie de página de su discurso, “Dios entre nosotros”. Sin embargo, primero echemos un vistazo a lo que dijo desde el púlpito:

“Gracias al amor perfecto que Dios tiene por nosotros y al sacrificio eterno de Jesucristo, nuestros pecados —tanto los grandes como los pequeños— pueden ser borrados y no recordarse más.

Podemos presentarnos ante Él puros, dignos y santificados.

Mi corazón rebosa de gratitud por mi Padre Celestial. Me doy cuenta de que Él no ha condenado a Sus hijos a ir tropezando por la vida terrenal sin la esperanza de un futuro brillante y eterno.

Él ha proporcionado instrucciones que revelan el camino de vuelta a Él. Y en el centro de todo está Su Hijo Amado, Jesucristo, y Su sacrificio por nosotros.

La expiación infinita del Salvador cambia por completo la forma en que podríamos ver nuestras transgresiones e imperfecciones.

En lugar de insistir en ellas y sentirnos irredimibles o sin esperanzas, podemos aprender de ellas y sentirnos esperanzados.

El don purificador del arrepentimiento nos permite dejar atrás nuestros pecados y emerger como una nueva criatura.

Gracias a Jesucristo, nuestros fracasos no tienen por qué definirnos; pueden refinarnos”.

Luego, en una nota al pie de página que acompaña los párrafos mencionados, el élder Uchtdorf comparte esta hermosa idea:

“Las palabras de Doctrina y Convenios 58:42 son algunas de las más inspiradoras y alentadoras de las Escrituras:

‘… quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más’.

¡Qué gozo me da saber que, si continúo arrepintiéndome, en ese futuro día en que caeré de rodillas ante mi Salvador y Redentor, Él me levantará y me abrazará! Mis pecados no solo serán perdonados, sino que ni siquiera serán recordados”.

Es casi imposible leer esta nota junto con las palabras del discurso del élder Uchtdorf y no sentirse inspirado.

Sí, es cierto que todos tenemos fracasos a lo largo de nuestro viaje terrenal. Sin embargo, esos fracasos nos refinan. Por otro lado, en la mente del Salvador, esos fracasos no nos definen, ni siquiera se recuerdan.

Una promesa poderosa

Al inicio de la lectura de esta semana de “Ven, Sígueme”, encontramos una promesa poderosa:

“Porque tras mucha tribulación vienen las bendiciones. Por tanto, viene el día en que seréis coronados con mucha gloria; la hora no es aún, más está cerca”. (DyC 58: 4)

Esta promesa tiene dos partes: (I) La parte que nos emociona, las bendiciones, la promesa de ser coronados con mucha gloria y (II) La parte que nos emociona menos, las bendiciones vendrán “tras mucha tribulación”.

En su discurso, el élder Uchtdorf compartió:

“Sí, el mundo está en agitación; y sí, tenemos debilidades. Pero, no tenemos que inclinar la cabeza desesperados, porque podemos confiar en Dios, podemos confiar en Su Hijo, Jesucristo, y podemos aceptar el don del Espíritu para que nos guíe en este camino hacia un vida llena de gozo y felicidad divina”.

Independientemente de la tribulación o el pecado, debido al Salvador y Sus promesas, sabemos que, como dijo el élder Uchtdorf:

“Ese futuro magnífico y excelso es posible, no por quienes somos, sino por quien es Dios”.

Fuente: LDS Living

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