Durante años, Dee pensó que su relación con Dios debía tener una explicación para todo lo que estaba viviendo. Pero algunas respuestas no llegaron como esperaba.

Su historia comenzó mucho antes de enfrentar la infertilidad y el duelo. Desde pequeña había tenido fe, pero sentía que esa fe pertenecía más a sus padres que a ella. El trauma de su infancia también había dejado heridas que afectaron la forma en que se veía a sí misma.

Cuando llegó a la adultez y tuvo la libertad de tomar sus propias decisiones, se alejó de la Iglesia y comenzó a beber para intentar no pensar en todo aquello que llevaba dentro.

Con el tiempo conoció a quien sería su esposo. Juntos comenzaron a construir la vida que ella siempre había imaginado y asistieron al templo para hacer convenios con Dios.

Parecía que finalmente todo estaba tomando su lugar, hasta que se enteró de que no podía tener hijos.

Cuando la vida que imaginabas no llega

Imagen: Facebook de Come Back Podcast’s.

Pasaron los años y Dee veía cómo sus amigas quedaban embarazadas, organizaban baby showers y formaban sus familias. Ella estaba feliz por ellas, pero también tenía una pregunta que cada vez se hacía más difícil ignorar:

¿Por qué Dios no me da un hijo?

Ella y su esposo intentaron diferentes alternativas, entre ellas la adopción y el cuidado temporal de niños. Sin embargo, cada posibilidad parecía terminar en otra puerta cerrada.

Poco a poco, Dee comenzó a interpretar su situación desde la culpa. Pensaba que quizá Dios la estaba castigando por las decisiones de su pasado. Se preguntaba qué había hecho para que la maternidad pareciera estar fuera de su alcance.

Además, algunos espacios de la Iglesia comenzaron a resultarle difíciles. Cuando gran parte de las conversaciones giraban alrededor de la maternidad y la familia, Dee sentía que estaba observando desde afuera una vida a la que no podía entrar.

Su fe comenzó a ir y venir, a veces asistía a la Iglesia. Otras veces prefería quedarse en casa porque estaba enojada con Dios y sentía que Él se había olvidado de ella. Pero el dolor no significaba que hubiera perdido su fe.

También estaba llorando una vida que nunca ocurrió

Imagen: Facebook de Come Back Podcast’s.

Con el paso del tiempo, Dee entendió que su duelo no estaba relacionado únicamente con no haber tenido hijos.

También estaba despidiéndose de una vida que había imaginado durante años. La familia que pensó que tendría, los recuerdos que esperaba crear y la experiencia de ser madre que había dado por sentada durante tanto tiempo.

Y mientras intentaba procesar todo eso, llegaron nuevas dificultades. Sus padres enfermaron. Su esposo enfrentó las consecuencias de heridas sufridas durante su servicio militar y Dee terminó convirtiéndose en cuidadora de las personas que más amaba.

Entonces murió su mamá y esa pérdida hizo que todo lo anterior se sintiera todavía más pesado.

Dee llegó a un punto en el que sentía que ya no tenía dónde sostenerse.

“Si soy tu hija, necesito que me ayudes”

Imagen: Facebook de Come Back Podcast’s.

En uno de los momentos más difíciles de su vida, Dee llegó a pensar en quitarse la vida. Pero justo antes de hacerlo, sintió un profundo sentimiento de amor y recordó la voz de su mamá diciéndole:

“Tita, quédate”.

Dee dejó todo lo que estaba haciendo y lloró delante de Dios.

“Si soy tu hija y Tú me conoces, te necesito”.

No recibió de inmediato una explicación para todo lo que había vivido. Sin embargo, poco a poco volvió a acercarse al Padre Celestial y descubrió que la fe y el duelo pueden existir al mismo tiempo.

Su relación con Él comenzó a cambiar desde un lugar mucho más personal y ya no se trataba únicamente de la fe de sus padres, ahora estaba construyendo la suya.

Su valor nunca dependió de ser madre

Imagen: masfe.org

Hoy, Dee y su esposo sirven juntos en el templo. La vida que construyeron no es la que ella imaginó cuando era más joven. Aunque todavía no tiene una respuesta para la pregunta que durante tantos años llevó en el corazón, ahora entiende algo que antes no podía ver.

Su valor nunca estuvo determinado por convertirse en madre. Su identidad tampoco quedó definida por aquello que perdió, por sus decisiones del pasado o por las experiencias que no pudo vivir.

Dee sigue teniendo preguntas y recuerdos difíciles. Pero entendió que Dios nunca dejó de acercarse a ella, incluso cuando ella sentía que se había alejado de Él.

Hoy puede mirar su vida y reconocer que, aunque es diferente de lo que esperaba, sigue siendo una vida hermosa, propia y acompañada por Dios.

Para Dee, volver a Dios significó descubrir que incluso dentro del duelo todavía podía encontrar paz, propósito y amor.

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