Piensa en el día en que fuiste bautizado. Es un día importante en tu vida porque es el día en que pones tus pies en el camino del discipulado. Es el día en que prometiste a tu Padre Celestial que a partir de ese día permanecerías como testigo de Jesucristo, recordándolo siempre y guardando Sus mandamientos. Cada semana al participar de la Santa Cena, tienes la oportunidad de renovar esos convenios y recordar lo que significa ser un discípulo de Jesucristo.

El Élder Robert D. Hales ha dicho: “Cuando hacemos convenios y los guardamos, salimos del mundo y entramos en el reino de Dios” (Robert D. Hales, “La Modestia: Reverencia hacia el Señor”, Liahona , agosto de 2008).

Eso significa que no te vas a ver igual que el mundo, actuar igual que el mundo, vestirte como el mundo, hablar como los del mundo, o participar en muchas de las cosas que hacen los que están a nuestro alrededor. Tú deberías cambiar y ser diferente porque se lo prometiste a tu Padre Celestial en los convenios. Si alguien te observara, sin que lo supieras, por sólo una hora o dos, ¿podría esta persona darse cuenta por tus acciones y palabras que eres un discípulo de Jesucristo?

El Élder Jeffrey R. Holland dijo una vez que asistió a un partido de básquetbol con su esposa en un área donde predominan miembros de la Iglesia, donde algunos de los aficionados se involucraron en un comportamiento muy poco cristiano. Sometieron a uno de los jugadores a lo que el Élder Holland llamó “abuso vitriólico”.

“El día después del partido, cuando el público reaccionó y exigió que se pidieran disculpas, un joven dijo básicamente: ‘Miren. Estamos hablando de básquetbol, no de la Escuela Dominical. … Podemos actuar como queramos. Dejamos la religión en la puerta”. El Élder Holland preguntó incrédulo,”¿Dejamos la religión en la puerta?” La lección número uno para establecer Sión en el siglo XXI es: Nunca se deja la religión en la puerta. Jamás. Mis jóvenes amigos, esa clase de discipulado no puede existir; ni siquiera es discipulado. (…) Debemos ser testigos de Dios en todo tiempo y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis” (Mosíah 18: 9), y no sólo algunos momentos, en unos cuantos lugares y cuando nuestro equipo va ganando por muchos puntos”. (Jeffrey R. Holland,”Israel, Jesús os llama”, CES Devotional, 2012).

¿Alguna vez ha sido culpable de “dejar tu religión en la puerta?” ¿Alguna vez ha sido culpable de vestirte, hablar y actuar como un fiel santo de los últimos días el domingo cuando están cerca tu obispo y líderes, o en casa alrededor de tu familia, pero cuando estás en la escuela o un evento social y alrededor de tus amigos que no son miembros actúas y te vistes de una manera completamente diferente?

El profeta Alma tenía un hijo llamado Coriantón, que fue atrapado en los caminos del mundo y quebrantó la ley de la castidad. El recordatorio de Alma a Coriantón es tan cierto hoy como lo fue hace más de 2000 años: “La maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10). Cuando miras a tu alrededor a las personas que ignoran los mandamientos y participan en un comportamiento que no es similar al de Cristo, puede parecer a simple vista que no tiene efectos nocivos. Testifico que hay un efecto muy importante y es serio.

Cuando decides actuar deliberadamente de una manera que sabes que no es correcta, ofendes al Espíritu del Señor. ¿Podemos darnos el lujo de abrirnos al mundo con todas sus tentaciones y filosofías equivocadas sin ese sagrado don que nos protege y guía? Sé que no quisieras perder esa fuente de fuerza y ​​ayuda divina ni siquiera un minuto. Cuando cruzas la línea hacia el territorio de Satanás, a veces es difícil encontrar el camino de regreso.

Hace unos años recibí una carta de una joven llamada Cheyenne quien entiende lo que significa ser discípulo de Cristo. Ella me contaba sobre su primer año de la universidad en una universidad en el sur de Utah. Ella conoció a un joven en su clase de inglés en su primer semestre que un día le preguntó: “¿Eres mormona?” Ella respondió “sí”. Luego él le preguntó: “¿Qué tan mormona eres?” Ella estaba muy sorprendida por la pregunta porque ella no era consciente de que había diferentes niveles mormones. Ella preguntó: “¿Qué quieres decir?” A lo que él preguntó: “¿Sigues todas las reglas o te diviertes?” Incluso con poco tiempo para pensar en su respuesta, creo que la forma en que respondió fue brillante: “Yo soy muy mormona, sigo todas las reglas y me parece muy divertido”. Quería levantarme y aplaudir a Cheyenne mientras leía su carta.

Ella es una joven de los Santos de los Últimos Días que sabe quién es, ella entiende a quién representa y se enorgullece de decirlo audazmente al mundo. Así es y suena un discípulo de Jesucristo. Ella escribió: “Nosotros, como seguidores de Cristo que tomamos Su nombre sobre nosotros, debemos siempre ser un buen ejemplo y mantener nuestros estándares altos. Me parece triste que para algunas personas haya varios niveles de ser mormones”.

Tú y yo hemos hecho convenio de ser testigos del Salvador todos los días de nuestras vidas y en cualquier situación. Hemos prometido ayudar a construir el reino de Dios. Renovamos ese convenio cada vez que participamos del sacramento. Hay alegría, protección y seguridad al guardar los mandamientos. Conforme tengamos el coraje de ser diferentes del mundo mediante la forma en que nos vestimos y en nuestras acciones, mediante la manera en que nos expresemos y nuestro servicio, las bendiciones y la fuerza que el Señor tiene para cada uno de nosotros como hijos de convenio serán más allá de nuestra comprensión.

Este artículo fue adaptado de un discurso dado en la Conferencia de Estacas de Salt Lake City transmitida en septiembre de 2016.

 

Artículo publicado en lds.org. Traducido para mormonsud.org.