Cómo Satanás disfraza la complacencia como satisfacción sin que nosotros nos demos cuenta

complacencia conformismo

¿Es posible desear más para nuestras vidas sin volvernos orgullosas y egoístas? ¿Cómo descifrar entre vivir con gratitud y volvernos conformistas y vivir por debajo de nuestros propios estándares? ¿Cómo equilibramos hacer más en un esfuerzo por mejorar con “perder nuestra vida” para servir al Señor? Estas son preguntas difíciles, sobre todo porque la respuesta no es la misma para todos.

Comparar los sacrificios que estamos dispuestas a hacer con los que otra persona está dispuesta a realizar, no nos ayudará. Ciertamente podemos aprender de las elecciones de los demás, pero eso no nos dice qué opciones son correctas para nosotras.

En esta sección, vamos a discutir una escritura que contrasta la diferencia entre estar satisfecha  y ser agradecida con ser cómodamente conformista. También consideraremos cómo se puede lograr el equilibrio entre perder nuestra vida para servir al Señor y aspirar a hacer que las cosas buenas pasen por nosotras mismas.

 

En paz con una misma

Hebreos 13: 5 dice: “Sean vuestras costumbres sin avaricia; contentos con lo que tenéis ahora…”

Esta frase probablemente nos toca a muchas de nosotras: ¿Alguna vez te has encontrado murmurando celosamente sobre la casa o la ropa de otra persona? ¿Sientes un matiz de deseo cuando alguien publica acerca de sus fabulosas vacaciones? ¿Has tenido conversaciones pretendiendo ser feliz por una amiga, cuando en realidad estás amargada de que ella tuviera una oportunidad que tú no tuviste? Yo sí.

Puede ser difícil celebrar lo bueno en la vida de otra persona cuando sentimos que no hemos sido igualmente bendecidas. Parafraseando a Alma 41:10, la amargura nunca fue felicidad, y puesto que estamos en una búsqueda de mayor felicidad, necesitamos librarnos de ese sentimiento.

Vayamos hacia atrás a nuestra escritura en Hebreos para clarificar el asunto. “Estar contentos con las cosas que vosotros tenéis” no implica que debemos sentarnos ociosamente con una actitud de: “Estoy bien aquí. No necesito hacer más. Tengo todo esto resuelto”. Eso es conformismo en su máxima expresión.

El diccionario de Merriam-Webster define “contento” como “satisfecho, no disgustado”. Además, “permanecer contento” significa “estar en paz consigo mismo” (Merriam-Webster’s Dictionary and Thesaurus [1993]

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste en paz contigo misma?

Otro aspecto del contentamiento es vivir con gratitud por las bendiciones que tenemos en lugar de siempre desear más. El contentamiento significa que somos proactivos en nuestras elecciones en lugar de reactivos a nuestra situación. Significa que vemos lo bueno y hacemos un esfuerzo para compartirlo con los demás.

Esto no siempre es fácil. Durante muchos meses el año pasado, me di cuenta de que mi dulce y cariñosa hija se estaba volviendo más gruñona y gruñona. Ella era más irritable, menos cooperativa, y no tenía tantas interacciones sociales positivas como había visto antes.

Un día, después de un ataque de berrinches y refunfuños, le dije: “A veces solo tienes que fingir que sonríes, hasta que lo consigas”. Hablamos de poner una sonrisa en su cara incluso cuando esté hirviendo por dentro y retroceder hasta ganar otra vez su compostura antes de perder la paciencia.

La conversación terminó, y ella siguió con una sonrisa obviamente falsa enyesada en su cara pecosa.

Pensé en esa conversación durante los siguientes días. Me preguntaba por qué mis hijos eran tan malhumorados cuando otros niños no lo eran. Pensé en las familias que conocía cuyos hijos eran felices y agradables.

Había un denominador común: tenían una madre feliz.

Comencé a ver dónde estaba el problema. Yo estaba propagando el mal humor a toda mi familia. Creo mucho en que la energía que se emite es contagiosa, y yo sabía que estaba esparciendo toxinas emocionales por toda mi casa cuando permanecía en un estado irritable. No quería ser hipócrita, así que decidí fingirlo hasta que lo logré.

Ahora, amigos, admito que ha habido muchas veces cuando he sonreído a mis hijos y les he dado una respuesta suave cuando realmente lo que quiero es echarlos por la ventana, pero he desarrollado un testimonio de que este simple cambio, incluso si es falso al principio, ha traído más paz y alegría a mí y a mi familia.

¿Me creerías si digo que empecé a sentirme más feliz y más contenta? Comencé a amar y a apreciar más a mis hijos, y se volvieron más amorosos y cariñosos conmigo.

En lugar de arrastrarnos unos a otros, hemos compartido más risas, abrazos, e historias.

Hay una diferencia tangible en nuestra casa cuando yo, la madre, doy una sonrisa. Soy más receptiva al Espíritu, y tengo más autodominio en todos los aspectos de mi vida.

El Señor consagra estos esfuerzos, y mi familia y yo hemos sido bendecidos.

Ves que hay momentos en que el estar contentas puede ser difícil de conseguir, pero es por el crear lo que queremos, que tomamos el control de nuestras mentes y cultivamos los pensamientos que deseamos mantener, lo que dirige nuestras mentes, emociones y energía.

A fin de lograr la paz con nosotras mismas, como lo describe el diccionario, tenemos que establecer y alcanzar nuestras expectativas. Si nuestros objetivos son temporales o espirituales, debemos cultivar una naturaleza de progreso, esto desarrolla la autoestima, invita al Espíritu y nos acerca a nuestro Padre Celestial. Comenzamos a vernos a nosotras mismas de la manera en la que Él nos ve y nos sentimos mejor porque no estamos estancadas en nuestro crecimiento, sino que constantemente estamos moviéndonos hacia un lugar más elevado. Esta es la dirección en la que queremos ir. Aquí es donde el Espíritu puede morar.

Mientras encuentras maneras de crear mayor satisfacción en tu vida, serás capaz de experimentar el estar contenta con mayor claridad.

Si estamos tratando de lograr grandes sueños o simplemente para mejorar nosotras mismas, encontrar el contentamiento en el lugar donde estemos en el proceso, es lo que trae la paz.

Puedes estar satisfecho y tener ambición también

Estar satisfecha o contenta no significa que dejemos de esforzarnos para ser nuestro mejor yo o que tengamos que pretender ser mártires para mantener la paz.

El evangelio nos enseña que debemos estar siempre aprendiendo, siempre creciendo y esforzándose siempre por ser un poco mejor que ayer.

El contentarse significa evitar el deseo de la mujer natural de ser mejor que las demás y concentrarse sólo en una misma. El contentamiento puede coexistir con la ambición cuando esa ambición es para el progreso y el crecimiento.

Debemos permanecer enfocadas en nuestra propia visión sin comparar nuestro progreso con los que nos rodean. Al usar nuestra ambición, estamos obligadas a alcanzar más y ser mejores. Significa trabajar duro para alcanzar metas, desarrollar talentos, o aprender nuevas habilidades acompañadas de un corazón agradecido por lo que ya tenemos, reconociendo y apreciando la oportunidad que tenemos de progresar.

Al trabajar hacia tus metas, es importante mantenerte en tierra en el por qué del proceso (progresar, aumentar la alegría y el realización, etc.) en lugar de buscar el reconocimiento externo.

Recuerda, el contentamiento proviene del interior, no de reconocimientos mundanos.

Cuando tenemos esto en mente, es posible estar en paz con nosotras mismas y sentir verdadera satisfacción, pero todavía desearemos mejorar nosotras y nuestra condición.

Muchas veces nos esforzamos por separar nuestro sentido de propósito con los criterios del mundo. Tenemos que ser claras que esta es una opinión personal, y aunque animo a todas las mujeres a perseguir su propia grandeza, no creo que un pedazo de papel o número en una escala o una promoción en particular deba ser lo que utilicemos para validarnos a nosotras mismas.

Melissa estaba en la escuela estudiando administración de información de la salud y era extremadamente experta y bien informada en su campo. Ella era una especialista en codificación y trabajó con múltiples médicos en diferentes campos, y pronto fue trasladada a Arizona para dar clases. Comenzó a escribir sobre su experiencia laboral y obtuvo créditos educativos a través de esta participación. Amaba el trabajo; le dio mucha alegría y plenitud. Melissa dio a luz a una niña pequeña, que pronto fue diagnosticada con artrogriposis, una enfermedad debilitante que dejaría a la niña lisiada. El estrés en su hogar comenzó a crecer, y Melissa se dio cuenta de que su familia necesitaba su tiempo y energía.

Abandonó la escuela y comenzó a aprender todo lo que pudo sobre la enfermedad de su hija, llevándola a múltiples médicos y eventualmente yendo a través de todo el país para estar más cerca del que estaba dispuesto a proporcionar el apoyo y el tratamiento que deseaban.

Ella continuó tomando clases dentro y fuera, pero nunca terminó la escuela. Ella dice: “No sé si es un sueño terminar, pero tal vez siento que la sociedad me valoraría más si terminaba. Si dijera: “Sí, tengo un título”, entonces tal vez la gente pensaría mejor de mí. Es simplemente diferente cuando te conviertes en una mamá y estás tratando de encontrar tu identidad de ‘Soy más que una mamá. Fui a la universidad. Tengo un cerebro. Los doctores me llevaron para enseñar. Soy una persona inteligente “.

 

Melissa sabe que tomó la mejor decisión para ella y su familia y está segura de que, si pudiera hacer todo de nuevo, no cambiaría nada. Los doctores le dijeron que su hija nunca caminaría, pero hoy la niña camina por el conocimiento y determinación de su madre para encontrar respuestas. Melissa encontró un nuevo sentido de propósito cuando fue capaz de poner su conocimiento a trabajar para proporcionar una vida mejor para su hija.

Ahora que sus dos niñas están en la escuela, Melissa está pensando en volver, no para demostrar a nadie que es “lo suficientemente buena”, sino como un don para sí misma.

 

Es crucial que cada una de nosotras sea fiel. El propósito por el que hemos sido puestas aquí es para vivir nuestra mejor vida, ya sea que implique el reconocimiento del mundo o no. Podemos conocer a través del Espíritu Santo si estamos buscando honestamente lo mejor posible o si nos estamos conformando con menos de lo que somos capaces.

Poniendo todo nuestro ser en lo que elegimos, garantizará que el propósito sea alcanzado.

 

Conformismo, nuestro mayor enemigo

 

En contraste con el contentamiento, el conformismo se define como “autosatisfacción especialmente cuando está acompañada por el desconocimiento de peligros reales o deficiencias”. (Merriam-Webster Online).

Cuando somos conformistas, dejamos de esforzarnos hacia la perfección porque creemos que nuestro camino es el mejor o porque hemos olvidado que el crecimiento es una parte del plan eterno de nuestro Padre.

El conformismo no es un principio del evangelio. Es un primo de la pereza y el orgullo. Satanás es el maestro del disfraz y puede fácilmente llevarnos de la satisfacción al conformismo si no mantenemos nuestro orgullo bajo control.

Hay una línea delgada entre “Estoy muy agradecido por lo que tengo” y “Estoy mejor que otras personas. Parece que lo he hecho bastante bien”.

Lo que me parece más interesante, sin embargo, es una segunda definición que encontré en un viejo diccionario impreso que define el conformismo como “contentamiento leve”(Merriam-Webster Dictionary and Thesaurus).

Cuando nos sentimos atrapadas, nos hemos convencido de que estamos indefensas, de que no tenemos control sobre nuestra situación y eso es “tal y como es”.

Dejamos de subir más arriba porque nos hemos convencido de que somos demasiado débiles, demasiado ocupadas, demasiado tontas, o demasiado [llena el espacio en blanco…] para lograr lo que deseamos.

Estamos tan asustadas de cometer un error o decepcionar a otros o de salir de nuestra zona de confort que escondemos las nociones de descontento con el fin de mantener el status quo.

Aparentamos que estamos satisfechas, mientras que, en el interior, somos miserables. Estamos levemente contentas porque nos han dicho que es lo que se supone que debemos sentir.

Parece haber una ley tácita que dice que si no somos felices o que queremos más de la vida es un signo de ingratitud, y ninguna de nosotras quiere ser culpable de eso. Así que seguimos aceptando la vida como es, tragando nuestra tristeza, y convenciéndonos de que nos sentimos bien incluso cuando no podemos sacudir el sentimiento de insatisfacción.

Por desgracia, cuando enterramos nuestras emociones durante un largo período de tiempo, la tristeza se convierte en amargura, lo que conduce a una mayor tristeza, lo que conduce a una mayor amargura, lo que conduce a. . . Ya tienes la idea.

Vivir de esta forma es miserable y poco a poco nos carcome la autoestima. Te estoy dando permiso ahora mismo para dejar de revolcarte y empezar a vivir. Es hora de pasar del conformismo y buscar el verdadero contentamiento y realización. Debemos actuar. Debemos crear, progresar y aspirar.

Al tomar un papel más activo en el despliegue de tu vida, puedes ser más y hacer más mientras sigues encontrando alegría en la multitud de bendiciones que te rodean. Hay un equilibrio que se tiene que alcanzar, pero puedes arrojar la culpabilidad y continuar hasta lograr que todo esto suceda.

 

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por Kiersten Lortz y fue publicado en ldsliving.com, con el títuloHow Satan Disguises Complacency as Contentment Without Us Realizing It Español © 2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company | English © 2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company

| Inspiración
Publicado por: Patricia Ortiz R. de Verano
Miembro de la Iglesia, sirvió en la misión Colombia Bogotá Sur. Es esposa, mamá y educadora en idiomas extranjeros (Inglés, Francés, Italiano), con Certificaciones Internacionales en Inglés, Diplomado en Traducción . Con experiencia en Marketing. Aficionada a la escritura, música, pintura, y a todo lo relacionado con el arte y el aprendizaje.
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