Conociendo a Jesucristo: Nuestra fuente de luz, paz y consuelo

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Cuando experimentamos la presencia de Jesucristo en nuestras vidas, nos damos cuenta que no hay nada más dichoso o sublime que estar en Su compañía. Cuando disfrutamos de Su guía y amor, nuestro mundo se transforma, porque sentir y conocer a Cristo, lo cambia todo.

Conociendo a Jesucristo

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Hace algún tiempo tuve un sueño que cambió mi mundo. En el sueño, estaba en un edificio de dos pisos con una vista hacia una gran multitud de personas en una gran plaza de la ciudad. La multitud se emocionó inesperadamente y escuché susurros de que Jesús estaba en la plaza. Al instante quedé fascinada y comencé a buscar entre la multitud para verlo.

De repente, la multitud se separó y vi a un hombre alto que todos afirmaban era Cristo. Caminó cada vez más cerca de donde yo estaba, y se detuvo justo debajo de mi ventana. Él miró hacia arriba, sonrió y dijo: “Hola Anne”.

Mi primera reacción fue sentirme tan halagada y emocionada, sintiendo la admiración conjunta de la multitud. Pero solo unos segundos después, sentí algo en mi alma, me di cuenta de que eso no estaba bien. Luego le dije a la multitud: “¡CONOZCO a Cristo, (y luego señalé al hombre), y ese NO es Él!”. Entonces me desperté.

Me acosté en la cama maravillándome del sueño, sintiendo una profunda reverencia en mi corazón. El entendimiento claro que me fue revelado fue que conozco a mi Jesús, y sé porqué lo conozco. He aprendido a reconocer cómo se siente Su Espíritu, debido a las muchas veces que Él personalmente ha tocado mi alma.

Sentir al Salvador

Recientemente, la Iglesia nos ha instado a hacernos la pregunta: ¿Cómo escuchas al Salvador? Qué cosa tan maravillosa para meditar y estudiar. Nuestros líderes desean que tengamos una relación más cercana con el Señor a través de nuestros sentidos espirituales. 

Me gustaría agregar una pregunta adicional. ¿Cómo sentimos al Salvador? En el sueño que tuve supe que ese hombre no era Cristo, porque ya sabía cómo podías sentir a Jesús. Cristo es un Ser de gozo, amor y paz. Cuando armonizamos nuestra mente y alma con la de Él, podemos sentir esas emociones porque es Él quién comparte quién es con nosotros.

Un ejemplo de sentir al Salvador viendo de la historia de MaryAnne Butler Ashton. Ella “sintió” a Cristo cuando era adolescente. Ella escribió:

“Tuve una experiencia con Cristo cuando tenía 17 años. Era una persona extrovertida y divertida en la secundaria, pero por alguna razón me sentía “menos”. Tenía problemas de autoestima y una noche me puse a orar. En mi propio dormitorio, me arrodillé junto a mi cama y lloré… y oré pidiendo consuelo.

Fue entonces cuando de repente sentí que estaba arrodillada sobre las rodillas de alguien. Entonces sentí una mano pasar por mi cabeza hasta mi espalda … como quien acaricia a un gato. No me atrevía a abrir los ojos, simplemente disfruté de la sensación de ser amada y de estar cerca de alguien que me amaba. Mi espíritu y mi cuerpo se calmaron y poco a poco me di cuenta de que estaba junto a mi cama. Terminé mi oración, agradeciéndole al Padre por Su consuelo y me metí en mi cama”.

Es posible que no sintamos el toque físico del Salvador como lo sintió ella, pero al dirigirnos a Él suplicando esperanza, luz y consuelo, Él ha prometido que nos dará Su paz.

Conectándonos con los Cielos

Una de las claves para sentir a Cristo es pensar deliberadamente en Él con frecuencia y se da cuando meditamos y estudiamos las escrituras. La oración sacramental nos promete que SI lo recordamos, ENTONCES tendremos Su Espíritu con nosotros. ¡Qué sencilla fórmula espiritual para conectarnos con el Dios del Universo!

¿Cómo podemos “recordar” al Señor? Alma nos dio una forma de hacerlo. Nos pide imaginar a Cristo. Él dijo: 

“¿Podéis imaginaros oír la voz del Señor en aquel día, diciéndoos: Venid a mí, benditos” 

¿Cómo te sentirías al respecto? ¿Qué le dirías si Él estuviera en tu habitación? ¿Qué harías? ¿Cómo se sentiría abrazarlo? Imagínalo…

El amor de Cristo no juzga ni condena. Cuando sentimos a Cristo y Su amor, somos iluminados, comprendidos, fortalecidos y llenos de buenos sentimientos porque Él es luz, gozo y paz.

¿Lo conoces?

Hay un cierto vinculo especial que viene de conocer a Jesús. Como una huella digital, nuestra relación es única y personal.

Podemos sentirnos vivos gracias a Él debido a nuestra fe y nuestras súplicas, lo que hace que Su expiación resuene dentro de nosotros. Esto es exactamente lo que anhela nuestro espíritu.

Fuente: Meridian Magazine

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