Cuando el hermano Durvalino, Santo de los Últimos Días en Brasil, recibió la noticia de que tenía un tumor maligno en el intestino, no sabía qué le depararía su salud. Sin embargo, en medio de la preocupación, encontró consuelo en la oración, en el apoyo de su esposa y en una inesperada conversación con el médico que lo operaría.

Su experiencia relata cómo vivió el diagnóstico, la cirugía y las semanas posteriores, durante las cuales sintió que el Padre Celestial escuchaba sus oraciones.

Un diagnóstico que cambió sus planes

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La historia del hermano Durvalino inició en abril cuando su médico le solicitó algunos exámenes de rutina, entre ellos una endoscopia y una colonoscopia. Pocos días después, una biopsia confirmó que tenía un tumor en el intestino y le recomendaron acudir a un oncólogo.

El hermano Durvalino regresó a casa junto a su esposa, Sanir, preocupado por lo que acababan de descubrir. En ese momento todavía no sabían si el tumor era benigno o maligno, pero ambos decidieron acudir a Dios antes de tomar cualquier decisión.

Al llegar a casa, se arrodillaron y oraron fervientemente al Padre Celestial, pidiendo orientación para encontrar un especialista que les de un diagnóstico claro.

Al principio, el hermano Durvalino pensó en acudir al Sistema Único de Salud de Brasil (SUS) y solicitar una derivación al Hospital Erasto Gaertner, a pesar de contar con un buen seguro médico privado. Sin embargo, sintió que debía buscar un especialista a través de su propio seguro y consiguió una cita con el doctor Eurico, oncólogo y cirujano.

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El día de la consulta, el médico recibió al hermano Durvalino y a su esposa con atención y amabilidad. Después de revisar cuidadosamente los resultados, confirmó lo que ambos temían.

“Usted tiene un tumor maligno”, les dijo.

De pronto ambos se quedaron en silencio, mirándose el uno al otro. A pesar de la noticia, lograron mantener la calma y sintieron que sus oraciones habían sido escuchadas.

El especialista solicitó una serie de exámenes adicionales y, al salir del consultorio, el hermano Durvalino le dijo a su esposa:

“Todo va a salir bien”.

Ella compartía ese sentimiento y ambos continuaron adelante confiando en Dios.

“Voy a hablar con Dios”

El doctor del hermano Durvalino oró para encontrar guía de Dios para la operación. Imagen: 123RF

Cuando el hermano Durvalino regresó al consultorio con los nuevos resultados, ocurrió algo que, según cuenta, nunca olvidará. El doctor Eurico le hizo una pregunta inesperada:

“¿Usted cree en Dios?”.

El hermano Durvalino respondió que sí, y entonces el médico le dijo:

“Pues voy a hablar con Dios y voy a estudiar la mejor manera de realizar este procedimiento”.

Una semana después, durante una nueva consulta, el especialista programó la cirugía para el 22 de mayo y explicó cómo pensaba realizarla. El médico le comentó que, después de conversar con Dios, había sentido inspiración para saber cómo proceder.

“Confío en usted, doctor”, le respondió el hermano Durvalino. “Gloria a Dios”, contestó el médico.

Para él, aquella conversación confirmó que el Padre Celestial lo había guiado hasta un médico que también confiaba en Él.

Una petición especial

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El primer domingo de mayo, durante la reunión de testimonios, el hermano Durvalino subió al púlpito muy emocionado y contó que le habían diagnosticado cáncer de intestino.

Con humildad, pidió a los hermanos y hermanas que oraran por él. Al terminar la reunión, recibió numerosas muestras de cariño y solidaridad. Los miembros se acercaron para expresarle su apoyo y acompañarlo en aquel momento difícil.

Aquella experiencia fortaleció su confianza y le permitió sentir que estaba enfrentando la enfermedad con el apoyo de su esposa y de muchas oraciones de su comunidad de fe a su favor.

El hermano Durvalino entró a su operación con esperanza. Imagen: iStock

El 22 de mayo, el hermano Durvalino y su esposa se despertaron muy temprano y oraron antes de salir hacia el hospital. Luego, cuando llegó el momento de ingresar al quirófano, él y su esposa se abrazaron con emoción, fe y esperanza.

Después se puso la ropa adecuada y fue trasladado en una silla de ruedas hacia el centro quirúrgico. Durante el recorrido, siguió orando y agradeciendo a Dios. Al llegar y ver al doctor Eurico esperándolo, el hermano Durvalino lo abrazó y le dijo:

“Usted será el instrumento de Dios”.

La operación duró cinco horas.

Una experiencia inesperada durante su recuperación

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Luego de la cirugía, mientras todavía estaba inconsciente en la sala de recuperación, el hermano Durvalino habló extensamente con su madre, quien había fallecido, y lloró durante ese momento. Su esposa y su hermana presenciaron lo ocurrido.

Más tarde, cuando despertó consciente en la unidad de cuidados intensivos, lo primero que hizo fue orar y agradecer a Dios por estar vivo.

Una doctora se le acercó para preguntarle cómo se encontraba y dijo que era la anestesióloga que había acompañado la operación. Ella le volvió a confirmó que, durante la recuperación, había hablado mucho sobre su madre y llorado intensamente.

El hermano Durvalino incluyó este recuerdo entre las experiencias más significativas de aquel día, sin intentar explicar exactamente qué había sucedido mientras estaba inconsciente.

Tres semanas después recibió una noticia que no olvidará

El hermano Durvalino y su esposa. Imagen: maisfe.org

Tres semanas después de la operación, el hermano Durvalino regresó al consultorio del doctor Eurico acompañado de su esposa. Entonces el doctor revisó los resultados de sus exámenes y les comunicó la noticia que tanto habían esperado:

“Usted está curado. Gloria a Dios”, expresó el doctor Eurico.

El hermano Durvalino no pudo más con la alegría y expresó su agradecimiento al Padre Celestial por haberlo guiado hasta el especialista indicado.  Asimismo, agradeció a su esposa, a su familia y a todos los miembros de la Iglesia que oraron por su salud.

Aunque su experiencia con su salud fue complicada, el hermano Durvalino nunca dejó de confiar en Dios desde la primera oración junto a su esposa hasta la noticia que recibió después de la cirugía. ¿Qué puedes hacer para nunca dejar de confiar en Dios?

Fuente: maisfe.org

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