¿Existe un infierno?: Lo que enseña el evangelio de Jesucristo al respecto

La cultura popular sitúa el cielo y el infierno como el destino final de las personas que han sido buenas o malas.

El infierno, en particular, se describe como un lugar de fuego, que huele a azufre y donde la gente vive en un estado de sufrimiento sin fin.

En la Biblia encontramos algunas definiciones del infierno. En Marcos 9:43-44 leemos:

“Y si tu mano te hiciere tropezar, córtala; mejor te es entrar manco en la vida, que teniendo dos manos, ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”.

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En el Libro de Mormón, en 2 Nefi 9:16 vemos que los inmundos irán al infierno:

“Y tan cierto como vive el Señor, porque el Señor Dios lo ha dicho, y es su apalabra eterna que no puede dejar de ser, aquellos que son justos serán justos todavía, y los que son inmundos serán inmundos todavía; por lo tanto, los inmundos son el diablo y sus ángeles; e irán al fuego eterno, preparado para ellos; y su tormento es como un lago de fuego y azufre, cuya llama asciende para siempre jamás, y no tiene fin”.

Pero, ¿el infierno es un lugar definitivo? ¿Es que una vez que una persona está en el “infierno”, todo termina ahí? ¿Qué más enseña el evangelio de Jesucristo acerca del infierno?

El plan de salvación

vida pré mortal

Imagen: La Iglesia de Jesucristo

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Para entender qué es el infierno, veamos dónde encaja esta definición en el plan de Dios para Sus hijos.

Mediante el estudio de la Biblia, el Libro de Mormón y las Escrituras modernas, aprendemos que el Padre Celestial creó un plan para todos Sus hijos que se conoce como el Plan de Salvación o el Plan de Felicidad.

En este plan, tenemos la respuesta a tres grandes interrogantes de nuestra alma: ¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Hacia dónde vamos?

En Predicad Mi Evangelio leemos:

“El Plan de Salvación nos enseña de dónde vinimos, por qué estamos aquí en la tierra y a dónde iremos después de esta vida; traza nuestro trayecto eterno desde la vida preterrenal, a través de la vida terrenal, la muerte y la resurrección, hasta nuestra vida en las eternidades.

El plan también explica lo que nuestro amoroso Padre Celestial hace para ayudarnos a realizar este trayecto con éxito a fin de que podamos volver a Su presencia y llegar a ser como Él.

El plan se centra en la misión y expiación de Jesucristo al vencer los efectos de la Caída y hacer posible para nosotros la vida eterna y la exaltación.

Lo invitamos a meditar y orar en cuanto a este mensaje”.

Paraíso y prisión

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Nosotros, los Santos de los Últimos Días, hemos aprendido que existen al menos dos definiciones del infierno. La primera definición encaja justo con aquello que nos espera después de nuestra vida terrenal, según aprendemos en Eclesiastés 12:7:

“Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios, quien lo dio”.

Después de la muerte física, los espíritus van a un lugar llamado el mundo de los espíritus, que se divide en dos partes: el paraíso y la prisión espiritual.

En el paraíso, las personas que han aceptado a Cristo en esta vida esperan su resurrección y viven en un estado de paz.

En prisión, a las personas que no eligieron vivir de acuerdo con las leyes del Salvador en esta vida, o que no tuvieron esta oportunidad, se les enseña el evangelio de Jesucristo, pueden arrepentirse y aceptarlo (1 Pedro 3:19–20Alma 40:11–14Alma 34:34).

La prisión espiritual

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A medida que estudiamos qué es el infierno, podemos observar algunas escrituras, tanto en la Biblia como en el Libro de Mormón, que hablan sobre este período de “estar en el infierno” o prisión espiritual como algo pasajero.

En el Libro de Mormón, Alma se refiere al infierno como una condición temporal:

“Así que este es el estado de las almas de los malvados; sí, en tinieblas y en un estado de terrible y espantosa espera de la ardiente indignación de la ira de Dios sobre ellos; y así permanecen en este estado, como los justos en el paraíso, hasta el tiempo de su resurrección”. (Alma 40:14)

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En la Biblia vemos esta referencia en algunas situaciones como cuando se promete que David no se quedaría en el infierno:

“Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”. (Salmo 16:10)

Asimismo, cuando Isaías promete que las personas serán liberadas de la prisión espiritual:

“Así ha dicho Jehová: En el tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; y te guardaré y te daré por convenio del pueblo, para establecer la tierra, para hacer heredar las desoladas heredades, para decir a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Manifestaos. En los caminos serán apacentados y en todas las cumbres tendrán sus pastos”. (Isaías 19:8-9)

La resurrección

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El mismo Salvador cumple la promesa de Isaías al organizar la obra misional entre los espíritus encarcelados:

1 Pedro 3:18-19

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados”.

DyC 138:30

“Mas he aquí, organizó sus fuerzas y nombró mensajeros de entre los justos, investidos con poder y autoridad, y los comisionó para que fueran y llevaran la luz del evangelio a los que se hallaban en tinieblas, es decir, a todos los espíritus de los hombres; y así se predicó el evangelio a los muertos;”.

mundo de los espíritus

Jesús predicando en el mundo de los espíritus. Imagen: Iglesia de Jesucristo

Con base en esta información proporcionada por las Escrituras, aprendemos que este primer infierno puede llamarse prisión, y no es un lugar de condenación y fuego eterno, sino un lugar de aprendizaje y una oportunidad para el arrepentimiento.

El Salvador también enseñó que quienes acepten el mensaje de salvación en el mundo de los espíritus tendrán la oportunidad de salir “a la resurrección de vida” (Juan 5:28-29).

En abril de 1930, el élder James E. Talmage enseñó:

“El infierno tiene una salida y también una entrada. (…) Es un lugar preparado para instruir y disciplinar a los que no han sabido aprender aquí en la tierra lo que debían”.

Las tinieblas de afuera

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La segunda definición del infierno encaja al final del Plan de Salvación. Después del juicio, sabemos que todos los hijos de Dios heredarán uno de los tres reinos de gloria. Lo que determina a dónde iremos es lo que hayamos hecho en esta vida para merecerlos (DyC 76).

Sin embargo, ¿qué pasa con Satanás y sus seguidores? Estos no pueden habitar ninguno de estos tres reinos. Para ellos existe lo que se llama las tinieblas de afuera, creo que esto encaja bien con lo que la cultura popular define como infierno.

Este lugar es un estado infinito de maldad para aquellos que decidieron seguir a Satanás y trabajar junto con él y llegaron a ser conocidos como “los [hijos] de perdición” (Juan 17:12).

Lucifer

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En el Libro de Mormón aprendemos acerca de esta misma condición en 3 Nefi 29:7 que dice:

“Sí, y, ¡ay de aquel que en ese día diga, para obtener lucro, que Jesucristo no puede hacer ningún milagro! Porque el que diga esto vendrá a ser como el hijo de perdición, para quien no hubo misericordia, según la palabra de Cristo”.

Las tinieblas de afuera son para aquellos espíritus que niegan a Jesucristo y no aceptan ser salvados por Él. Estos sufrirán un “castigo infinito, que es castigo sin fin, castigo eterno, para reinar con el diablo y sus ángeles por la eternidad” y donde “el fuego no se apaga” (DyC 76: 43-44).

En Doctrina de Salvación, el élder Bruce R. McConkie enseñó que pocos llegarían a este fin:

“Qué bendición es, en la misericordia de Dios, tener comparativamente pocos que participarán de esta terrible miseria y oscuridad eterna”.

¿A dónde iré?

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¿El infierno es un lugar definitivo? ¿Es que una vez que una persona está en el “infierno”, todo acaba ahí? ¿Qué más enseña el evangelio de Jesucristo acerca del infierno?

Como aprendemos de las escrituras, ciertamente hay un lugar donde hay un “fuego que no se puede apagar”. No obstante, esto está reservado solo para aquellos que siguen a Satanás y niegan a Cristo y al Espíritu Santo.

Sin embargo, también hemos visto que hay dos definiciones y que la prisión espiritual (o el infierno) no es nuestro destino final. Si la persona no ha escuchado ni aceptado el evangelio de Jesucristo, tendrá esa oportunidad.

mundo de los espíritus

Mundo de los espíritus. Imagen: Iglesia de Jesucristo

La herencia que recibiremos después de nuestro juicio será según lo que hemos hecho en esta tierra y los deseos de nuestro corazón. El presidente Russell M. Nelson enseñó:

“Cada uno de nosotros será juzgado de acuerdo con sus obras y con los deseos de su corazón. A nadie se le requerirá pagar la deuda de otra persona; tampoco se dejará a la casualidad el hecho de que vayamos al reino celestial, al terrestre o al telestial. El Señor ha prescrito ciertos requisitos inalterables para coda uno de nosotros. Podemos averiguar lo que enseñan al respecto las Escrituras y ajustar nuestra vida a ese modelo”.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Vanessa Pozete y fue publicado en Mais Fe con el título “Existe um inferno? O que o evangelho de Jesus Cristo ensina sobre isso”.

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