Las oportunidades para compartir el evangelio en internet están por todas partes si es que las estamos buscando, pero ser un misionero en internet puede ser algo difícil. Hay algunos fantásticos mormones y no mormones en la “sección de comentarios”, pero también hay muchísimas personas que simplemente… no son buenas para eso. 

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La mayoría de los no muy buenos misioneros comparten esta misma cosa en común que hace que su ministerio no sólo sea irresponsable sino que también sea contraproducente para la obra.

Aquí traemos algunas de las mejores maneras de NO ser un buen misionero en internet.

Ser controversial y polémico.

Esto parece algo obvio. Sabemos estas cosas, pero basta con echar un vistazo rápido a la sección de comentarios de cualquier publicación religiosa popular en las redes sociales para ver que muchas personas (a veces incluidos tú y yo) simplemente no entienden este principio o lo ignoran totalmente.

El propósito de este artículo es transmitir este mensaje de la manera más clara posible: El transmitir la verdad (incluso la verdad del Evangelio), pero a través de la discordia, es ofensivo para Dios. Para compartir el Evangelio no debemos ser groseros u ofensivos, sin importar a qué religión pertenezcas debemos ser amables y pacientes con los que compartimos el Evangelio. 

Las escrituras tienen razón cuando nos hablan de eso:

“Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.

He aquí, esta no es mi doctrina, agitar con ira el corazón de los hombres, el uno contra el otro; antes bien mi doctrina es esta, que se acaben tales cosas.” 3 Nefi 11:29-30

Para aclarar un poco más ese punto, deberíamos revisar lo que la escritura NO dice:

“Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, a menos que estés en lo correcto y la otra persona este siendo irracional.”

Los insultos, las traiciones la falta de respeto, la condescendencia y el desprecio hacia aquellos con quienes no comparten nuestra opinión nunca son aceptables. Nunca será de Dios. Aún cuando estás en desacuerdo con alguien todos merecen respeto, recuerda que es fácil amar a tus amigos, pero es mucho más difícil amar a tus enemigos. Así mismo, las Escrituras enfatizan esto último, por lo que aun cuando no estamos de acuerdo con otros, todavía se nos manda que los amemos. Pero eso incluso va más allá de eso:

“Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo.” Mateo 5:44

Necesitamos hacer oír nuestras voces sin perder el respeto ni el amor por el prójimo.

La trampa del anonimato

¿Por qué la interacción en línea se ha convertido en algo parecido al Salvaje Oeste de la era moderna? ¿Por qué los comentarios son tan crueles, desafiantes y controversiales? El anonimato tiene algo que ver con eso. 

De acuerdo con el diario The New Yorker:

“Cuando Arthur Santana, profesor de comunicaciones de la Universidad de Houston, analizó novecientos comentarios de usuarios elegidos al azar sobre artículos sobre inmigración, la mitad de los periódicos que permitían publicaciones anónimas, como Los Angeles Times y Houston Chronicle, y la otra mitad de los que no lo permitían incluyendo USA Today y The Wall Street Journal. Él descubrió que el anonimato hacía una diferencia muy perceptible: un cincuenta y tres por ciento de los comentarios anónimos eran descorteses, en comparación con el veintinueve por ciento de los comentarios no anónimos registrados. El anonimato, concluyó Santana, alentó la falta de respeto.”

El anonimato fomenta la incivilidad. Satanás ama eso. Es irónico que cuando no tenemos una identidad vinculada a nosotros, podemos comenzar a mostrar quiénes somos en realidad. Pero es más que anonimato. Incluso si su nombre y una imagen se adjuntan a sus comentarios, el mero hecho de que las conversaciones en línea no son cara a cara también afecta la forma en que nos comportamos y nos hace sentir menos responsables de nuestras palabras. Es una tela tejida de manera peligrosa entre la sociología, psicología y tecnología.

Estar en Desacuerdo versus Ser Desagradable

No hay nada de malo en tener opiniones diferentes a otras personas, y no hay nada de malo en expresar esas opiniones de manera respetuosa. El peligro surge cuando el desacuerdo se vuelve hiriente y cuando una persona comienza a volverse desagradable y contenciosa, lo cual hace que la se intensifique.

Esos cambios son realmente reales y hacen lo contrario por cambiar las mentes de las personas a su manera de pensar. Se divide a las personas en ambos lados del problema y se vuelve un caos a menos que tú y yo nos rehúsemos en participar en “peleas” virtuales.

Este principio es verdad para las personas en cualquier religión. Como miembro de la Iglesia a menudo se me acercan personas de otros credos cuyo objetivo es convencerme de que mis creencias están equivocadas. Muchas de estas personas simplemente están enojadas, y una de sus principales tácticas es insultar, marginar y confundir mis creencias en un intento de avergonzarme o presionarme para que deje mi fe. Esta es una manera terrible de hacer la obra misional y debemos asegurarnos de no ser culpables de eso.

“Nunca permitan que el problema que se tenga que resolver llegue a ser más importante que la persona a la que se tenga que amar.”

Esa es una cita de nuestro difunto profeta, Thomas S. Monson, y es verdad. Cuando estés participando de la obra misional al hacer o responder preguntas del Evangelio en línea, recuerda que a veces es más importante amar a los demás que tener la razón. Cuando alguien en Facebook comience a lanzar insultos y acusaciones, simplemente ámalo. No respondamos de la misma manera.

Puede ser que cuando encuentres comentarios negativos sobre tus creencias, tengas la necesidad de responder cada comentario que se haga y corregirlos; sin embargo debes tener en cuenta que debemos defender nuestras creencias, pero también tenemos que aprender a elegir nuestras batallas. 

El Elder Dallin H. Oaks una vez explicó que:

“Así como el principio de la justicia debe estar limitado por el principio de la misericordia (véase Alma 42), así también debe el uso de la verdad ser disciplinado por el principio del amor.”

Entonces, ¿deberías responder? ¿Deberías responder de nuevo? ¿Deberías seguir respondiendo y respondiendo? Citando escrituras, el Elder Oaks también nos recordó eso:

“’Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora’ (Eclesiastés 3:1). Específicamente, hay ‘un tiempo para hablar’, y también hay ‘un tiempo para guardar silencio’. (Eclesiastés 3:7)”

Bajo la dirección del Espíritu, cuando alguien desafía de manera continua y agresiva nuestras creencias tratando de “enredarnos con sus palabras”, podemos hacer bien en simplemente salir de la situación. El apóstol Pablo enseñó:

“Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación, recházale.” Tito 3:10

Nuestro Profeta actual, el presidente Russel M. Nelson, también nos brinda algunos buenos consejos sobre cómo lidiar con la contención:

“Para empezar, tengamos compasión por los demás. Dominemos la lengua, el lápiz y la computadora. Si nos sentimos tentados a polemizar, recordemos este proverbio: “El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; mas el hombre prudente calla.” (Proverbios 11:12; 17:28.)”

Santiago 1:19 también tiene algunos buenos consejos:

“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”

Tratar de ser como Cristo

dios viviente

Si el Espíritu te pide que te retires de una conversación contenciosa, a la otra persona puede no gustarle, incluso podría intensificar su agresión por un momento en su intento de arrastrarte de nuevo al barro de “discusiones”. Muchas personas consideran la mansedumbre, la paz y la humildad como una debilidad, pero el no ser polémico y controversial no se trata solamente de un intento por “ser amable”, es infinitamente algo más importante que eso.

Uno de los principales propósitos de la vida mortal es llegar a ser como nuestro Salvador, Jesucristo. Estamos destinados a “ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios, y seáis contados con los de la primera resurrección, para que tengáis vida eterna.” Mosiah 18:9

No pongamos en riesgo nuestra naturaleza divina debido a una discusión en Facebook. Son esas pequeñeces, aparentemente inconsecuentes, en nuestras actividades diarias lo que realmente expone quiénes somos y en quién nos estamos convirtiendo. Convirtámonos en pacificadores, tal como lo es el Príncipe de la Paz.

Este artículo fue escrito originalmente por David Snell y fue publicado por mormonhub.com bajo el título de “The Best Way To Be a TERRIBLE Online Missionary