“¿Cómo puedo encontrar paz? Mi padre le había dado a mi hijo una bendición para que se recuperara del todo. ¿Por qué estaba pasando esto?”

Una madre afligida encuentra consuelo en la doctrina de que “en Cristo todos serán vivificados” nuevamente.

Ryan era más grande que el niño promedio de 14 años. Me había pasado en altura y peso hace mucho tiempo y le encantaba recordarme eso. Atraía a la gente con su adorable y carismática personalidad.

Una mañana, tuvimos nuestra oración familiar antes de que los niños se fueran a la escuela y un poco más tarde, recibí una llamada telefónica. La señorita al otro lado de la línea estaba frenética. Ella me dijo que Ryan había tenido una convulsión (eso pensó ella) y que tenía que ir a la escuela de inmediato.

Mientras me dirigía a la escuela, llamé a mi esposo, Mike, que estaba fuera de la ciudad por negocios, para explicarle lo que estaba sucediendo.

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Una sensación de paz me invadió

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En el vestíbulo de la escuela me recibió una mujer la cual me llevó por el pasillo. Mi precioso hijo yacía en el piso de su salón de clases, aparentemente sin vida, con los paramédicos a su lado. Había experimentado un paro cardíaco. 

Presencié lo ocurrido en un estado de shock, con aturdimiento. Sabía que Ryan necesitaba una bendición del sacerdocio y encontré dos maestros de escuela que también eran dignos poseedores del sacerdocio para bendecirlo antes de que nos fuéramos en la ambulancia. Una sensación de paz me invadió y supe que todo estaría bien.

Finalmente Ryan fue trasladado a un hospital pedriático en Salt Lake City. Nunca olvidaré la mirada perdida en sus ojos. No era el Ryan que recordaba. Aprendimos de los médicos, algo previamente desconocido para nosotros, que Ryan tenía una condición cardíaca llamada miocardiopatía hipertrófica, un engrosamiento del músculo cardíaco.

sanación

Mis padres llegaron al hospital y mi padre le dio a Ryan una hermosa bendición del sacerdocio donde le prometió que se recuperaría del todo. Peiné el suave y rizado cabello de Ryan y le lavé la cara con una toallita tibia. No había mucho que pudiera hacer, pero quería ayudar.

Unos días más tarde, con Mike ahora a mi lado, nos dijeron que una resonancia magnética había revelado que Ryan tenía un daño cerebral grave e irreparable debido a la falta de oxígeno que sufrió cuando tuvo el paro cardíaco.

Me desplomé en los brazos de Mike cuando el médico nos dio la noticia. ¿Cómo pudo pasar esto? Mi padre le había dado a Ryan una bendición para que se recuperara del todo. ¿Por qué estaba pasando esto?

Oré para que mi voluntad se alineara con la de Dios

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Ryan permaneció en un estado crítico mientras que su cuerpo se apagaba; no le quedaba mucho tiempo con nosotros. Consumidos por el dolor y abrumados por lo que nos esperaba, Mike y yo fuimos al templo. Antes de salir del hospital, nuestro amable médico me aconsejó que nunca dudara de la respuesta que iba a recibir porque algún día iba a tener que recurrir nuevamente a esa paz.

Nuestra experiencia en la salón celestial fue simple y sagrada. Oré para que mi voluntad se alineara con la de Dios, y el Espíritu me dio una abrumadora sensación de paz. Sabíamos sin lugar a dudas que la voluntad del Señor se estaba cumpliendo.

Ryan era necesitado en otro lugar. Su recuperación total, como se prometió en esa bendición, no tendría lugar en esta vida. Su cuerpo físico sería restaurado en la Resurrección, un acontecimiento hecho posible gracias a Jesucristo. Nunca podré negar el Espíritu que nos confirmó esto.

Cuando Mike y yo salimos del templo, sentimos el poder habilitador del Salvador dándonos fuerza para aceptar la voluntad de Dios, sosteniéndonos en nuestro momento de necesidad.

Le supliqué al Espíritu que me acompañara

oración

Once días después de la llegada de Ryan al hospital, cada uno de nuestros hijos se despidió de él y tomamos nuestra última foto familiar con lágrimas y sonrisas forzadas. Más tarde, Mike y yo nos encontramos solos al lado de la cama de Ryan.

Mientras sostenía la mano de Ryan, le supliqué a mi Padre Celestial que Su Espíritu estuviera conmigo. Cuando Ryan dejó esta vida y fue recibido al otro lado, fue un momento lleno de paz, pero triste para nosotros.

Con el paso del tiempo, nunca me enojé con mi Padre Celestial. Sé que cuando nuestras oraciones no son respondidas de la manera que esperamos, es ahí cuando nuestra fe necesita ser más fuerte que nunca, permitiéndonos aceptar la voluntad del Señor.

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Siempre extrañaré a Ryan, pero sé que algún día volveré a estar con él. Espero con ansias esa gozosa reunión, donde podré verlo sano y feliz una vez más, donde podré abrazarlo, sentir su cabello rizado con mis dedos, mirar sus ojos brillantes y escucharlo decir una vez más que es más alto que yo. Espero con ansias poder decirle cuánto lo amo y cuán honrada me siento de ser su madre.

La bendición del sacerdocio dada por mi padre se cumplirá. Ryan se recuperará por completo según lo prometido. Mientras espera ese glorioso día, sé que está feliz, sano y libre de todo mal y las pruebas de este mundo. Estaré por siempre agradecida por este regalo de paz que el Padre Celestial me ha dado.

Este artículo fue escrito originalmente por Catherine Lott y fue publicado originalmente por ldsliving.org bajo el título “How I Found Peace After My Son Passed Away Despite a Priesthood Blessing Promising That He Would Be Healed