El nuevo libro de historia de la Iglesia, “Santos”, ya ha sido leído o escuchado por miles de personas. Aporta una nueva perspectiva sobre la historia de cómo evolucionó el Evangelio y la Iglesia de Jesucristo.

Si bien cuenta muchas historias conocidas en un estilo basado en diálogos, también hay muchas historias que incluso los ávidos investigadores de la historia de la Iglesia podrían no haber escuchado antes, incluidas las historias que retratan los aspectos más humanos de algunos de nuestros queridos personajes de la Iglesia en sus inicios. 

Ya sea que hayas leído Santos una vez o no hayas comenzado todavía, aquí hay cinco datos únicos que uno puede observar en el libro.

Lea el libro de forma gratuita en lds.org o en la aplicación de la Biblioteca del Evangelio.

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1. Alvin fue originalmente la persona que se suponía que José debía llevar a la colina para recuperar las planchas de oro

Si bien muchos de nosotros habríamos escuchado que José recibió instrucciones de llevar a Emma con él cuando finalmente obtuvo las planchas en la colina cerca de su casa de Palmyra, en el capítulo 3 de Santos, la conversación del joven José con el ángel Moroni antes de recibir las planchas nos dice que hubo otra persona a la que se llamó primero:

Nefi

“[Moroni] habló a José que purificara su corazón y fortaleciera su mente para recibir el registro. “Si estas cosas sagradas han de obtenerse, debe ser por la oración y la fidelidad para obedecer al Señor”, explicó Moroni. “No se hayan depositadas aquí a fin de acumular ganancias y riqueza para la gloria de este mundo. Fueron selladas por la oración de fe”.

José preguntó cuándo podría tener las planchas.

—El próximo 22 de septiembre —dijo Moroni—, si la persona correcta viene contigo.

—¿Quién es la persona correcta? —inquirió José—.

—Tu hermano mayor.

Ya desde niño, José sabía que podía confiar en su hermano mayor. Alvin tenía 25 años y probablemente se podría haber comprado su propia granja si hubiera querido, pero había decidido quedarse en la granja de la familia porque deseaba ayudar a sus padres a establecerse y estar seguros en sus tierras cuando envejecieran. Alvin era serio y muy trabajador, y José lo amaba y admiraba muchísimo.

Tal vez Moroni sintió que José necesitaba de la sabiduría y fortaleza de su hermano para llegar a ser la clase de persona a la que el Señor podía confiar las planchas.”

2. Antes de que se publicara el Libro de Mormón, se publicaron algunas de las páginas terminadas. Otras partes del Libro de Mormón también fueron impresas ilegalmente por un ex juez malintencionado

El Libro de Mormón fue recibido con gran gozo y gran desdén. Mientras que Thomas Marsh, quien luego se convertiría en el Presidente del Quórum de los Doce, lo aceptó como la obra de Dios, Abner Cole comenzó a imprimirlo en su periódico sin permiso, acompañándolo con su propio comentario sarcástico. Ambas historias se encuentran en el capítulo 8 de Santos.

Thomas Marsh

Thomas B. Marsh

Thomas B. Marsh

“Aquel verano, Thomas [Marsh] se sintió guiado por el Espíritu a viajar cientos de kilómetros desde su casa en Boston hasta el oeste del estado de Nueva York.

Permaneció en la región unos tres meses antes de iniciar el regreso a casa, sin saber por qué había viajado tan lejos. Sin embargo, en una parada que hizo en el camino, la mujer que lo hospedó le preguntó si había escuchado acerca del “libro de oro” de José Smith. Thomas le dijo que no, y sintió la impresión de que debía averiguar más.

La mujer le dijo que debía hablar con Martin Harris y le indicó que fuera a Palmyra. Thomas se dirigió hacia allá inmediatamente y encontró a Martin en la imprenta de Grandin.

El impresor le dio 16 páginas del Libro de Mormón, y Thomas se las llevó a Boston, ansioso por compartir con su esposa Elizabeth las primeras sensaciones de aquella nueva fe.

Elizabeth leyó las páginas y también creyó que eran la obra de Dios.”

Abner Cole

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Lugar de la impresión de El Libro de Mormón

“Aquel otoño, mientras los impresores hacían progresos constantes con la impresión del Libro de Mormón, un antiguo juez, llamado Abner Cole, empezó a publicar un periódico en la imprenta de Grandin. Debido a que trabajaba en la imprenta durante la noche, después de que el personal de Grandin se iba a casa, Abner tenía acceso a las páginas impresas del Libro de Mormón, el cual aún no estaba encuadernado ni listo para la venta.

Pronto comenzó Abner a burlarse de la “Biblia de oro” en su periódico y, durante el invierno, publicó fragmentos del libro acompañados de comentarios sarcásticos.

Cuando Hyrum y Oliver se enteraron de lo que Abner estaba haciendo, lo confrontaron. —¿Qué derecho tiene a imprimir el Libro de Mormón de esta manera? —le reclamó Hyrum—. ¿No sabe usted que tenemos los derechos de autor?

—No es asunto suyo —dijo Abner—. He contratado la imprenta e imprimiré lo que me plazca.

—Le prohíbo imprimir cualquier otra parte del libro en su periódico —le dijo Hyrum.

—No me importa —respondió Abner.

Sin saber qué hacer, Hyrum y Oliver mandaron a avisar a José en Harmony, quien regresó a Palmyra de inmediato. José halló a Abner en la oficina de la imprenta, hojeando su propio periódico.

Periódico con la publicación no autorizada del Libro de Mormón por Abner Cole

—Parece que está trabajando duro —comentó José.

—¿Cómo le va, Sr. Smith —contestó Abner secamente.

—Sr. Cole —dijo José—, el Libro de Mormón y el derecho de publicarlo me pertenecen, y le prohíbo que se entrometa.

Abner se quitó bruscamente el abrigo y se arremangó la camisa. —¿Quiere pelear, señor? —vociferó, juntando los puños—. Si quiere pelear, adelante.

José sonrió. —Es mejor que se ponga el abrigo —le dijo—. Hace frío, y no voy a pelear con usted. Pero usted debe dejar de imprimir mi libro —prosiguió con calma.

—Si usted cree que es más hombre que yo —dijo Abner—, quítese el abrigo y compruébelo.

—Existen las leyes —respondió José—, y usted va a descubrirlo si es que no lo ha sabido hasta ahora. Pero yo no pelearé con usted porque no serviría de nada.

Abner sabía que estaba violando la ley; se tranquilizó y dejó de imprimir fragmentos del Libro de Mormón en su periódico.”

3. Las mujeres ayudaron a construir el templo de Kirtland

¿Sientes que las mujeres quedan fuera de la historia de la Iglesia? Aquí hay una historia que te encantará sobre cómo las mujeres de la Iglesia ayudaron a construir el templo de Kirtland mientras muchos de los hombres marchaban hacia el Campamento de Israel (más conocido como el “Campo de Sión”). Se encuentra en el capítulo 19 de Santos.

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Templo de Kirtland

“Sidney había supervisado el progreso de la construcción del templo mientras José estaba en Misuri. Al no contar con hombres más jóvenes para hacer el trabajo, Artemus Millet, el capataz de la construcción, había reclutado a hombres mayores, así como a mujeres y niños, para trabajar en el edificio.

Muchas de las mujeres cubrieron puestos de trabajo que generalmente desempeñaban los hombres, ayudando a los albañiles y conduciendo carromatos hacia y desde la cantera para acarrear piedra para el templo. Para cuando José y el Campamento de Israel regresaron a Kirtland, las paredes se elevaban más de dos metros por encima de la fundación.

El regreso del campo impulsó su construcción en el verano y el otoño de 1834. Los santos picaban piedras en la cantera, las transportaban al terreno del templo y edificaban las paredes del templo día tras día. José laboraba junto a los trabajadores mientras cortaban bloques de piedra en un arroyo cercano.

Algunos trabajaban en el aserradero de la Iglesia preparando madera para vigas, techos y pisos. Otros ayudaban a alzar la madera y a levantar los andamios hasta donde fuera necesario.

Mientras tanto, Emma, junto con otras mujeres, hacían ropa para los trabajadores y los mantenían alimentados. Vilate Kimball, la esposa de Heber, hiló cuarenta y cinco kilogramos de lana para formar hilo, lo tejió para hacer tela y cosió ropa para los trabajadores, sin guardarse ni siquiera un par de medias adicionales para ella.”

4. José y su hermano menor, William, tuvieron una gran pelea que dividió a la familia por un tiempo

El desacuerdo comenzó durante una audiencia en el consejo superior de Kirtland, pero se intensificó con el paso de los meses hasta el punto de que William golpeó a su hermano y solicitó ser retirado del Quórum de los Doce debido a sentimientos de indignidad. 

La disputa dividió no sólo a la familia Smith sino también a muchos miembros de la Iglesia hasta que la disputa llegó a su fin. La historia completa se puede encontrar en el capítulo 20 de Santos, aunque aquí sólo se incluye la razón del inicio de la pelea.

William Smith

William Smith

“José y Emma asistieron a una reunión del sumo consejo de Kirtland. William, el hermano menor de José, había acusado a una mujer de la Iglesia de abusar físicamente de su hijastra.

Entre los testigos que hablaron en el caso estaba Lucy Smith, la madre de José y de William. Durante su testimonio, José interrumpió cuando ella comenzó a hablar sobre algo que el consejo ya había escuchado y resuelto.

Poniéndose de pie, William acusó a José de dudar de las palabras de su madre. José se volvió hacia su hermano y le dijo que se sentara. William no le hizo caso y se mantuvo de pie.

“Siéntate”, repitió José, tratando de mantener la calma.

William dijo que no se sentaría a menos que José lo derribara.

Agitado, José se volvió para salir de la habitación, pero su padre lo detuvo y le pidió que se quedara. José llamó al orden al consejo y terminó la audiencia.

Al final de la reunión, José se había calmado lo suficiente como para despedirse cortésmente de William.

Pero William estaba furioso, convencido aún de que José estaba equivocado.”

 5. La esposa de Hyrum, Mary y su hermana Mercy pasaron una noche en la cárcel de Liberty

Hyrum, José y otros líderes de la Iglesia pasaron varios meses en la cárcel de Liberty antes de que Mary pudiera visitar a su esposo con su hijo recién nacido. La visita está registrada en el capítulo 32 de Santos.

Hyrum Smith, hermano del Profeta José Smith

“En febrero de 1839, la esposa de Hyrum, Mary, y la hermana de esta, Mercy, visitaron a los prisioneros junto con el hijo recién nacido de Hyrum, Joseph F. Smith. Mary no había visto a Hyrum desde antes de dar a luz, en noviembre.

El parto y un fuerte resfriado la habían dejado demasiado débil como para viajar hasta Liberty. No obstante, Hyrum le había pedido que viniera; además, Mary ignoraba si tendría otra oportunidad de verlo.

Ya en la cárcel, el guardia abrió la trampilla y las mujeres bajaron al calabozo para permanecer aquella noche con los prisioneros. Luego cerró la puerta del techo y la aseguró con un pesado candado.

Nadie durmió mucho esa noche. El ver a José, a Hyrum y a los demás prisioneros demacrados, delgados y sucios en su estrecho lugar de morada dejó atónitas a las mujeres. Hyrum tomó en brazos a su hijo recién nacido y habló en voz baja con Mary.

Tanto él como los demás prisioneros estaban nerviosos; el carcelero y los guardias siempre estaban en alerta, puesto que se hallaban seguros de que José y Hyrum conspiraban para escapar.

A la mañana siguiente, Mary y Mercy se despidieron de los prisioneros y subieron para salir de la mazmorra. Mientras los guardias las escoltaban a la salida, las bisagras de la trampilla chirriaron conforme esta se cerró de un portazo.”

Este artículo fue escrito originalmente por Jon Cooper y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “3 Reasons It Can Be Dangerous to Believe God’s Love Is the Only Thing That Matters