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En la parte de arriba se encuentra la que podría ser mi foto favorita de toda mi misión. Eso se debe a lo que representa para mí: lo que creo que es la verdadera felicidad. GOZO.

Esta foto se tomó momentos antes de que Mautaake (Mow-tah-kay), el hombre de la foto de arriba, entrara a las aguas del bautismo. A la luz del sol, sostenía a su pequeña hija en sus brazos y no podía dejar de sonreír. Ella tampoco podía, como si se diera cuenta del significado de lo que estaba sucediendo. Pero, ¿por qué sonreían de oreja a oreja?

¿Fue porque se encontró un billete de cien dólares a un lado de la pista? ¿Recibió esa codiciada promoción en su trabajo? ¿Finalmente estaba libre de deudas? ¿Todas sus inversiones en la bolsa de pronto triplicaron su valor de la noche a la mañana? Inténtalo nuevamente.

Arroz y sal

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Pasé dos años sirviendo como misionero en la República de Kiribati. Después de varios países de África junto con Haití, la mayoría de las listas consideran a esta nación insular como la más pobre del mundo.

Durante gran parte de mi tiempo ahí, realmente no consideré que las personas de Kiribati fueran pobres. Hay una cantidad interminable de peces para pescar en el océano y los cocos crecen en abundancia en los árboles. Sin embargo, hacia el final de mi misión, vi algo que me abrió los ojos a la verdadera pobreza del país.

Una tarde nos acercamos a una pequeña choza y encontramos a un hombre mayor discapacitado sentado ahí, comiendo. Su comida consistía de un pequeño plato de arroz simple con sal aparte, lo único que su familia podía permitirse para agregar cualquier tipo de sabor a la comida. No tenían nada. Al mirar hacia atrás, recuerdo todas las otras veces que vi pobreza a mi alrededor.

Niños corriendo sin ropa en la calle.

Un miembro que no podía llegar a la iglesia porque literalmente no tenía dinero para su pasaje.

Visitar casas del tamaño de los dormitorios de mi familia, donde vivían más de 6 personas.

La pobreza era real y me enseñó la lección más importante que creo que aprenderé alguna vez sobre el dinero. Déjame explicarlo.

Maíz y cáscaras

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Considera esta cita de Henrik Ibsen:

“El dinero puede ser la cáscara de muchas cosas, pero no el fruto. Te trae comida, pero no apetito; medicina, pero no salud; conocidos, pero no amigos; sirvientes, pero no fidelidad; días de alegría, pero no de paz o felicidad”.

De hecho, no se discuten los beneficios de tener dinero. El dinero compra cosas. Comida, medicina, ropa, más vidas en Candy Crush, etc. Sin embargo, hay una cosa que todos sabemos que el dinero no puede comprar, la felicidad.

No estoy condenando a las personas que quieren ganar mucho dinero. Para ser sincero, esa es al menos parte de la razón por la que estoy en la universidad ahora, para que pueda ganarme la vida dignamente tanto para mí como para mi futura familia.

Sin embargo, es importante recordar que no debemos buscar dinero como una solución a todos los problemas de la vida. El dinero no arreglará una relación rota, no te brindará la verdadera satisfacción, ni hará que nos despertemos todos los días con una sonrisa en nuestro rostro.

Carros y mansiones

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A menudo, las personas de Kiribati se referían a los Estados Unidos con un sentimiento de celos. Hablaban con nostalgia de los autos lujosos, los televisores enormes y las mansiones en aumento que abundan en los Estados Unidos.

En sus mentes, nacer en los Estados Unidos sería como ganar la lotería. La mayoría de ellos habría matado por estar en mi lugar. Sin embargo, lo que no pudieron reconocer es que los habitantes de su pequeña isla son por lo general más felices que las personas de mi país.

Es verdad.

Una de las grandes ironías de la vida es que aquellos que tienen menos, en cuanto a posesiones materiales, a menudo tienen más. Nunca conocí a personas más felices que las de Kiribati. Creo que gran parte de esto se debe a su independencia de las cosas del mundo y su fuerte fe en Dios.

Como en el caso de Mautaake, su felicidad provino de la verdadera fuente de toda felicidad, el Padre Celestial. Estaba haciendo todo lo posible por vivir el Evangelio de Jesucristo con su familia. Estaba guardando los mandamientos. Aunque el dinero no comenzó a llover del cielo en su hogar al siguiente día, su familia fue muy bendecida por esta decisión de seguir al Salvador. Realmente, fue la persona más feliz que he conocido.

Cristo nos ha dado una hermosa promesa en las Escrituras:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6: 33).

Pon al Señor primero y Él te bendecirá. Es tan fácil en el mundo acelerado en el que vivimos, con toda la competencia a nuestro alrededor, olvidarnos de esta verdad. Poner al Señor por encima del dinero, la posición social, las posesiones, el entretenimiento, etc., es el camino.

Trapos y riqueza

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El propósito de este artículo no es hacerte sentir culpable si estás bien financieramente. No hay nada inherentemente malo con respecto al dinero. Hay muchas personas maravillosas y temerosas de Dios que no tienen que preocuparse de dónde vendrá su próxima comida.

¡El Presidente de la Iglesia es un renombrado cardiólogo! La clave, como se dijo anteriormente, no es obsesionarse demasiado con las riquezas y las posesiones. Las Escrituras enseñan esto una y otra vez:

“Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males” (1 Timoteo 6: 10)

“…no ponían el corazón en las riquezas” (Alma 1: 30)

“Pero antes de buscar riquezas, buscad el reino de Dios” (Jacob 2: 18)

“… la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12: 15)

Entonces, ¿qué me enseñaron Mautaake y los demás que serví en Kiribati sobre el dinero? Que el dinero no importa tanto como creemos. Podemos hacer cosas maravillosas con el dinero: ayudar a los pobres y necesitados, construir templos, proporcionar educación a quienes no pueden pagarla, etc.

Sin embargo, nuestro éxito y felicidad no dependen de la cantidad de dinero en nuestra cuenta bancaria. Entonces, ya seas pescador, asistente de vuelo, o profesor de finanzas, recuerda que el Señor valora a todos Sus hijos por igual. Todos tienen un potencial divino y un valor infinito ante Sus ojos.

… y todo el dinero del mundo nunca cambiará eso.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Erik Parry y fue publicado en ldsliving.org con el título “Why A Man With $0 In His Bank Account Is The Happiest Person You’ll Ever Meet”.