“El Espíritu Santo también nos ayuda a ser uno con Dios, pero, ¿qué significa eso?”

Cuando era niño, pensaba que el Espíritu Santo sólo tenía dos propósitos:

  1. Darme un testimonio del evangelio. 
  2. Ser mi sentido arácnido en situaciones peligrosas. 

Sin embargo el papel del Espíritu Santo es mucho más que eso.

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El Espíritu Santo nos une y santifica

matrimonio

Uno de los propósitos del Espíritu Santo es unir o sellar cosas. Por ejemplo, lo que llamamos el Espíritu Santo de la promesa es el título usado “cuando un hombre y una mujer sinceramente entran en un convenio matrimonial por tiempo y eternidad (y después que ‘vencen por la fe’ y son ‘justos y fieles’, el Espíritu Santo, que es el Espíritu de la promesa, registra o confirma ese sellamiento en la tierra y en los cielos” (Elder Bruce R. McConkie).

Cuando un hombre y una mujer se casan en el templo, el Espíritu Santo los une y se “convierten en uno” en más de un sentido. 

“Así que, no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.” (Mateo 19: 6).

La pareja casada debe crear una relación similar a la de Sión. Un lugar donde todos son “uno en corazón y voluntad… entre ellos” (Moisés 7:18), “teniendo entrelazados sus corazones con unidad y amor el uno para con el otro” (Mosíah 18:21).

A medida que la pareja pasa más tiempo junta, ese vínculo se vuelve más y más fuerte. Poco a poco, ambos empiezan a trabajar más hacia un mismo objetivo.

Pero el mandamiento de volverse uno con nuestro cónyuge es sólo otra manera en que el Espíritu Santo nos une, ya que El Espíritu Santo también “nos une al Señor” (Elder Ronald A. Rasband). Pero, ¿qué significa eso exactamente?

Mente y corazón

ser uno con Dios

Así como los recién casados ​​se esfuerzan por convertirse en “uno en corazón y voluntad”, el Espíritu Santo los ayuda de la misma manera a ser uno con Dios.

“Sí, he aquí, hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en tu corazón. 

Ahora, he aquí, este es el espíritu de revelación; he aquí, es el espíritu mediante el cual Moisés condujo a los hijos de Israel a través del mar Rojo sobre tierra seca.

Por tanto, este es tu don; empéñate en él y serás bendecido…” (DyC 8: 2-4)

En otras palabras, la revelación es uno de los procesos por los cuales el Espíritu Santo nos une al Señor.

¿En qué sentido estamos unidos? Bueno, cuando recibimos revelación, podemos vislumbrar la mente y corazón de Dios. Entendemos Su voluntad y, a medida que ajustamos nuestra voluntad para alinearse con la Suya, poco a poco a lo largo de nuestra vida, seremos uno en mente y corazón con Dios.

La oración del Señor

jesus

“Not one is forgotten” por Yongsung Kim

En Juan 17 leemos la gran oración intercesora de Cristo. En el versículo 17 Jesús empieza Su oración con la santificación de los santos..

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es la verdad. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” (Juan 17:17, 19)

Y luego, unos versículos más tarde, vemos cómo es esa santificación. Vemos cómo es ser santos.

“Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos; para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.

Y la gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en uno, para que el mundo conozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos, como también a mí me has amado.” (Juan 17: 20-23)

Cristo desea que Sus discípulos sean santificados. Un resultado de ser santificado es volvernos uno en Él, así como Cristo y el Padre son uno (Alma 36:26). ¿Y en qué sentido son el Padre y Cristo uno? ¿Y en qué sentido debemos ser uno con Cristo y el Padre? Cristo nos explica esto en los versículos siguientes.

“Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste; y yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo en ellos.” (Juan 17: 25-26)

Poder para ser como Dios

ser uno con Dios

Dios es Dios por lo que es, no por lo que hace. Lo que hace es simplemente el resultado de quién es. Su fuente de poder es Su carácter justo. Por lo tanto, cuando hablamos de “llegar a ser como Dios”, estamos hablando de desarrollar atributos semejantes a los de Dios.

¿Cómo nos ayuda Dios a desarrollar Sus atributos? Según con Doctrina y Convenios, “en sus ordenanzas se manifiesta el poder de la divinidad.”

Cada ordenanza que recibimos viene con el poder de desarrollar atributos específicos que nos permiten “convertirnos en uno” con Dios. En este caso las primeras ordenanzas que recibimos nos ayudan a alcanzar ese objetivo.

El bautismo nos hace espiritualmente limpios y sin pecado, tal como lo es Dios.

La confirmación es la ordenanza en la que recibimos el Espíritu Santo. 

ser uno con Dios

¿Qué obtenemos al recibir el Espíritu Santo? Acceso a la mente y corazón de Dios. El Espíritu Santo nos ayuda (en cierta medida) a tener, literalmente, los mismos pensamientos que Dios y sentir los mismos sentimientos que Dios.

Cuando estás leyendo las Escrituras y tu mente se abre al conocimiento que no tenías antes, ahí está el Espíritu Santo que te enseña la verdad. Toda verdad es parte del evangelio. Todo el evangelio viene de Dios. El Espíritu Santo te ha dado una idea de cómo es la mente de Dios.

Cuando puedes mirar a alguien más allá de sus defectos, verlos como el Señor los ve, con compasión, amor y esperanza, son esos los sentimientos que vienen del corazón del Todopoderoso.

Gracias al Espíritu Santo, no hay nada en la mente o el corazón del Padre que el Hijo no pueda compartir. Cristo oró fervientemente para que pudiéramos vislumbrar esa unidad, para que también pudiéramos compartir la mente y el corazón de Dios. 

A través del Espíritu Santo podemos lograrlo. En ese sentido, en todo lo que realmente importa, podemos convertirnos en uno con Ellos.

“…y si no sois uno, no sois míos.” (DyC 38:27)

Este artículo fue escrito originalmente por David Snell y fue publicado originalmente por thirdhour.org bajo el título “How YOU Can Get a Sneak Peek Into the Mind and Heart of God