Algunos de los miembros luchan fielmente por manejar su relación personal con la Iglesia cuando están en desacuerdo con las posiciones públicas de los líderes, el Profeta y la Iglesia, es por eso que aquí compartiremos principios que te pueden ayudar.

Respuesta Abreviada:

Nosotros siempre tenemos que llevar al Señor, en una oración, las palabras que escuchamos de los Profetas para buscar su confirmación y comprensión.

Una vez que recibimos aquello, debemos descubrir cómo actuar de acuerdo con el conocimiento que se nos ha brindado y confirmado.

El Presidente Boyd K. Packer, en la Conferencia General de Abril de 1983, nos enseñó:

“Los Santos de los Últimos Días… porque saben ciertas verdades espirituales y han decidido, como manifestación de su propio albedrío individual, obedecer los mandamientos de Dios.” (El Albedrío y el Autocontrol)

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Respuesta Alargada:

Por John Lynch y Rene Krywul de Respuestas FairMormon.

Los Dos Principios de Seguir al Profeta

Algunos de los miembros luchan con el miedo a equivocarse y la responsabilidad de aprender por sí mismos. Otros luchan con la forma en que fielmente manejan su relación personal con la Iglesia cuando están en desacuerdo con sus posiciones públicas. Para abordar estos desafíos, se deben mencionar dos principios importantes.

Primero, debemos tener en cuenta el sostenimiento de nuestros líderes. Este principio es el corazón de lo que significa seguir al profeta.

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En segundo lugar, debemos aprender y saber por nosotros mismos que la dirección que estamos siguiendo es el curso correcto para nuestras vidas. Entre las primeras cosas que los misioneros les enseñan a los miembros, está la importancia y la necesidad de orar y obtener revelación personal.

El conflicto surge cuando hay una diferencia entre lo que creemos que es correcto y lo que el Profeta nos ha pedido que hagamos.

¿Qué Significa Sostener al Profeta?

sostenimiento

El sostener al Profeta incluye dos elementos importantes.

1.Poseedor de las Llaves del Sacerdocio

Debemos ayudar al profeta en su papel como el único que posee las llaves del sacerdocio para administrar, realizar convenios y asegurar que el sacerdocio se utilice de manera apropiada.

En su papel de administrador de las llaves del poder del sacerdocio, necesitamos preocuparnos poco de que lleven a la Iglesia por mal camino; la organización de la oficina apostólica y la primera presidencia ayudan a garantizar que los hombres de fieles, experimentados, probados y maduros participen en la supervisión del uso de las llaves.

Estos líderes ayudan a garantizar que las ordenanzas salvadores se realicen tal como se describen en las Escrituras de acuerdo con las calificaciones prescritas, ellos ayudan a garantizar que, como pueblo del convenio, preservemos el proceso y el poder de los mismos.

2.Maestro de la Rectitud

Los apoyamos en su papel de maestros de la rectitud. En su papel de maestros de la rectitud, nuestros líderes promueven aquellas enseñanzas diseñadas para llevarnos de vuelta al Padre Celestial. Ellos confían en las escrituras, las enseñanzas de los profetas anteriores, su propio razonamiento y en su propia experiencia.

Buscan la inspiración de Dios para cumplir con esta responsabilidad y de vez en cuando reciben la revelación que aclara, expone o incluso cambia las enseñanzas anteriores.

La inspiración que reciben se filtra a través de su propio razonamiento y experiencia. Como tales, pueden hacernos avanzar en nuestra capacidad de vivir mejor de acuerdo con la voluntad de Nuestro Padre Celestial, incluso si no son perfectos en sus propios esfuerzos para lograrlo.

A veces, los líderes pueden confiar demasiado en su propia experiencia o en las enseñanzas de los demás, este puede haber sido el punto de los que buscaban la prohibición del sacerdocio basando su justificación en ideas equivocadas.

¿Necesito Estar de Acuerdo Con Todo lo Que el Profeta y los Apóstoles Dicen Para Sostenerlos?

El nacimiento de Cristo se celebra en el Devocional de Navidad de la Primera Presidencia

Algunos sugieren que los Santos de los Últimos Días deben “escuchar cada palabra que dice el Presidente de la Iglesia y luego dejar de pensar”. Esto es una falsa doctrina, eso es querer cambiar lo que significa seguir al profeta.

José Smith enseñó:

“Un profeta es solo un profeta cuando actúa como tal” y según Doctrina y Convenios de esa manera “hablarán conforme los inspire el Espíritu Santo.” (DyC 68: 3)

Sin embargo, si el profeta no es inspirado por el Espíritu Santo, sus palabras son solamente suyas por lo que tienen derecho a equivocarse. Joseph Smith lo dijo, Brigham Young lo dijo, John Taylor lo dijo, Bruce R. McConkie lo dijo, y lo mismo hicieron muchos otros.

El plan de Dios es volvernos como Él. Este objetivo no se puede lograr sin que todos y cada uno de nosotros sea dirigido personalmente por Dios.

Los profetas nos muestran (como en Alma 13), cómo ser como Cristo; vemos a los profetas y al hacer lo que ellos hacen – siguiéndolos – aprendemos a ser como Cristo, a convertirnos en profetas y luego llegar a ser como Dios.

Brigham Young dijo una vez:

“¿Cómo podemos saber que lo que escribieron los Profetas es la palabra del Señor? Por revelación. ¿Cómo podemos saber que José Smith fue llamado por Dios para que estableciera Su Reino en la tierra? Por revelación. ¿Cómo podemos saber que lo que enseñan los líderes de este pueblo es la verdad? Por revelación” (La comunicación entre Dios y el hombre)

La idea de seguir las palabras del profeta, en vez de seguir el ejemplo de los Profetas y convertirse en Profeta uno mismo, contradice los más de 180 años de enseñanzas de los profetas.

¿Qué Hago Cuando Estoy En Desacuerdo Con el Profeta Y los Apóstoles?

oracion

Es precisamente porque nuestros líderes pueden equivocarse que necesitamos ser profetas a nuestra propia manera, esto garantiza que ambos podamos seguirlos y sostenerlos mientras buscamos hacer lo correcto.

Entonces, ¿qué hacemos cuando la enseñanza de un líder no coincide con nuestro razonamiento, experiencia o incluso revelación personal?

1.Se Humilde

También sugiero un tercer principio, la humildad, que exige que antes de interrogar al líder, nos fijemos en nosotros mismos. Ser un buen seguidor es más importante para nuestra exaltación que ser un buen líder.

La obediencia es la primera ley de los cielos. Al obedecer los principios eternos, nos sentiremos listos para convertirnos en lo que Dios desea y hacer lo que Él hace. La humildad nos permite eliminar nuestro propio prejuicio de la ecuación y, por lo tanto, convertirnos en mejores seguidores.

Entonces nuestra primera reacción debería ser preguntarnos nosotros antes de interrogar al Profeta. Al igual que con los Apóstoles en la última cena que supieron que uno de ellos traicionaría al Salvador, podríamos preguntar: “Señor, ¿seré yo?”

Debemos hacer lo mismo que Nefi (1 Nefi 10:17) y buscar la misma inspiración que el Profeta para eliminar el conflicto que estamos experimentando. Si obtenemos una confirmación que corrige un error dentro de nosotros mismos, entonces el problema se resuelve.

consejo

2.Priorizar

Si no resolvemos el problema de esta manera, entonces primero debemos considerar la importancia del problema y determinar si es necesario siquiera hacerle frente. Algunos problemas son de mayor importancia que otros.

Si el problema no tiene que ver con una consecuencia eterna, incluso si afecta nuestra felicidad temporal o de los demás, entonces debemos decidir si tenemos la responsabilidad de decir o hacer cualquier cosa.

En muchos casos, es probable que el problema no sea de tal importancia para justificar cualquier acción de nuestra parte y simplemente sostener a nuestros líderes con nuestra capacidad de obedecer siguiendo la decisión que ellos tomen.

Este tipo de problemas a menudo ocurren a nivel local. Podría incluir los llamamientos, normas, horarios de reuniones, los límites del barrio o incluso las razones para ciertas prácticas.

En cada uno de estos casos, debemos sopesar qué es más importante: Intentar corregir el error percibido o ser un buen seguidor. Considera también cómo tu decisión podría afectar la confianza que otros tienen en el líder y en su eficacia. En muchos casos, si no en la mayoría, la mejor decisión simplemente es seguir.

Alguna veces, lo que está en juego puede ser más grande; también, la forma en que procedemos puede determinar no sólo si estamos sosteniendo a nuestros líderes, pero si estamos trabajando activamente en contra de ellos.

Entonces, supongamos que el problema es un problema importante y nuestra búsqueda interior nos ha dejado con una conciencia que está en desacuerdo con un líder: ¿Qué hacemos?

3.Orar

Si el problema no está relacionado con el ejercicio adecuado de las llaves, comenzamos por hacer una petición al Señor, implorando que inspire al líder a corregir el problema, aceptando la voluntad del Señor si el problema no se corrige ya como esperas. En este proceso, debemos mantener nuestra humildad.

Si un líder nos pregunta en privado sobre el tema, deberíamos sentir que tenemos la libertad de dar nuestra mejor opinión sobre el tema, aún así debemos estar dispuestos a seguir a los líderes aún si se tomen en cuenta o no nuestros consejos.

Si el problema es uno que, en última instancia, se deja a discreción del individuo, entonces somos libres de actuar como mejor lo creamos. Tal es el caso de las posiciones cívicas que la Iglesia puede tomar, como el matrimonio homosexual, la inmigración o la legalización de las drogas, por nombrar algunos.

Si el problema tiene que ver con el uso de las llaves, nuestro único recurso es la oración ferviente a favor de los líderes mismos. Al final, no importa si estamos de acuerdo o en desacuerdo con los Profetas sobre un tema determinado, no es nuestro deber estar de acuerdo o en desacuerdo con los Profetas.

Es nuestro deber es estudiar el tema en cuestión en nuestras mentes, luego ponernos de rodillas y pedirle al Señor en oración y ayuno hasta que recibamos una respuesta o hasta que nos demos por vencidos. Si nos damos por vencidos, podemos asumir que el Señor quiere que seamos más humildes antes de responder a nuestras preguntas.

Podemos recibir varias respuestas diferentes. El Señor podría estar de acuerdo con lo que concluimos de nuestros estudios o tal vez podría rechazarlo; también podría decirnos que nuestro estudio ha estado incompleto y que debemos estudiar más.

4.Hablar

Lo que se debe evitar, excepto en las circunstancias más extremas, es la oposición pública de la Iglesia, tal como hemos visto con algunas personas que luego públicamente dejan de ser miembros de la Iglesia.

Estas instancias de presión pública convierten la revelación dada en un movimiento político al tratar de obligar a un líder a doblegarse ante la presión externa en lugar de seguir la luz interna. Esto es contrario a las órdenes del cielo, donde todos no pueden gobernar, pero donde la primera regla del cielo obliga la necesidad de tener un líder que dirija a los demás.

Brigham Young dijo lo siguiente:

“No es el lugar de que una persona corregir a las persona que sean superior a ellos, no obstante pídale al Padre en el nombre de Jesús que los obligue a no hablar falsos principios. Yo sé de muchas veces que he predicado de manera incorrecta.”

Así que, si no estás de acuerdo con los Hermanos en un tema determinado, eso no es un problema, sin embargo el hablar de ello lo es.

La fundadora de “Ordenar a las Mujeres”  al sacerdocio (Ordain Women), fue instruida por su Presidente de Estaca:

“Es importante que comprenda que usted no tiene la obligación de cambiar su forma de pensar o las preguntas que pueda tener en mente con respecto a la ordenación de las mujeres, pero se necesita que sea un asunto privado y resuelva este asunto con su obispo o presidente de rama.”

Si, por alguna razón, el problema es tan grave que la comunicación privada sobre el tema no ayuda, entonces tenemos una decisión muy difícil de tomar. Las declaraciones públicas en oposición a la Iglesia sólo deben reservarse para esa rara instancia donde Dios mismo nos ordena que lo hagamos.

Es difícil imaginarse una circunstancia donde esto pueda ocurrir, ya que la estructura de la Primera Presidencia y el Quórum de los Apóstoles los descartará. Suponiendo que el Señor te dijo que tienes razón sobre un tema que va en contra de lo que dice un líder de la Iglesia, debes tener en cuenta los estándares de Doctrina y Convenios, sección 28; sólo el Presidente de la Iglesia recibe revelación para la Iglesia como un todo. ¡Si él recibe revelación, esto todavía no significa que sea parte la doctrina de la Iglesia!

La revelación debe pasar la prueba del “consentimiento común”, lo que significa que la Primera Presidencia, el Quórum de los Doce y el Quórum de los Setenta deben estar de acuerdo en que esto sea revelación y doctrina. Luego, en la conferencia general se vota sobre el tema, y si es positivo, la nueva revelación se agregará en los estándares y se convertirá en la doctrina oficial y vinculante de la Iglesia.

La Sala de Prensa de la Iglesia recientemente aclaró:

“No todas las declaraciones hechas por un líder de la Iglesia, pasado o presente, necesariamente constituyen la doctrina. . . . Se alienta a los miembros de manera individual a esforzarse para recibir su propia confirmación espiritual sobre la veracidad de la doctrina de la Iglesia”

Doctrina y Convenios Sección 50 enseña el mismo principio:

“Por tanto, ¿cómo es que no podéis comprender y saber que el que recibe la palabra por el Espíritu de verdad, la recibe como la predica el Espíritu de verdad? De manera que, el que la predica y el que la recibe se comprenden el uno al otro, y ambos son edificados y se regocijan juntamente.”

Si por alguna razón la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles se alejan del camino y comienzan a cambiar los convenios, o nos enseñan a adorar dioses falsos, o se comportan en oposición directa a la rectitud moral (piensen en los sacerdotes del Rey Noé), entonces y sólo entonces podría ser apropiado que hablemos, con la condición de que Dios nos indique que lo hagamos.

Sobre este tema Brigham Young dijo:

“Si alguno de ustedes recibiese una visión o revelación del Todopoderoso… pero que no debe declararla por no ser la persona designada para ello… deberías…  conservarla en secreto como en la tumba. El Señor no confía en aquellos que revelan lo que es secreto, porque no puede con seguridad revelarse a Sí mismo ante tales personas.”

Cuando debamos hablar; podemos utilizar la reacción de Nefi como nuestro ejemplo, cuando Lehi se quejaba de su arco roto Nefi no reprendió a su padre, sino que lo sostuvo como el líder al preguntarle a dónde debería de ir para buscar carne. Nefi sostuvo el rol de Lehi no oponiéndose a él sino sometiéndose a él. En tales circunstancias, es apropiado hacer lo mismo.

Nefi

¿Cómo Me Pongo en Desacuerdo Sin Llegar a La Apostasía?

Hace muchos años, el Elder George Q. Cannon enseñó: “Mientras que un hombre puede honestamente diferir de la opinión de las autoridades. . . él debe ser extremadamente cuidadoso de cómo actúa con relación con tales diferencias.”

Si tienes sentimientos de aceptación con respecto a algunos temas que se oponen públicamente a la Iglesia, pregúntate si activamente te unes a ellos.

¿Buscas promover esa causa y disminuir la influencia de nuestros líderes? Si lo haces, entonces puedes estar en una posición de peligro. Si no, y si simplemente lo tienes en tu mente, entonces debes estar aliviado porque que estás en un terreno más seguro.

La apostasía es una oposición activa y abierta en contra de la Iglesia donde busca debilitarla junto con nuestros líderes. En cambio, el desacuerdo en privado, cuando se reserva a la influencia personal y las oraciones fervientes, es una forma de sostener a nuestros líderes y es un acto de lealtad.

La diversidad de opinión y pensamiento es saludable para una Iglesia que cree en la revelación constante, sin embargo esa diversidad debe ser acomodada dentro del marco que el Señor ha establecido.

A veces, confiamos rápidamente en nuestras propias ideas, especialmente cuando las influencias culturales parecen tan convincentes, olvidamos que los profetas están llamados a “ver a lo lejos” aquellas cosas que sólo pueden darse por revelación a alguien con la debida autoridad.

Los seguidores no lideran, los líderes lideran. Ellos son los que dicen “esta es la dirección que debemos seguir” cuando el mundo que los rodea apunta en otra dirección.

Ellos están en el lugar no para ratificar la decisión de la multitud, sino para oponerse a ella cuando la multitud se extravía. El trabajo de los líderes es corregirnos, no ser corregidos por nosotros.

Si finalmente fracasan, ellos responderán sobre cómo trabajaron en su rol de líderes, al igual que responderemos nosotros sobre nuestra función como seguidores.

No deberíamos tener problemas en seguir a un líder imperfecto, siempre que seamos los mejores seguidores que podamos ser. Al final, podemos confiar en que el Señor corregirá todo lo que nosotros como humanos hemos hecho mal si hemos hecho lo mejor que pudimos con los principios dados.

Incluso a Adán y Eva les fueron dados los principios a seguir aparentemente opuestos, tomaron las mejores decisiones que pudieron y Dios proporcionó un Salvador para compensar la diferencia. Podemos confiar en que Él hará lo mismo con nosotros.

Este artículo fue escrito originalmente por Mormon Hub Staff y fue publicado por mormonhub.com con el título: “What if I Disagree with the Prophet?