“Nuestros actos y las ordenanzas no podrán darte la felicidad que buscas sin la perspectiva e intenciones correctas.”

Hay miles y miles de miembros fieles de la Iglesia que viven en un constante estado de infelicidad. Han hecho “todo de manera correcta”, por así decirlo.

Pagan su diezmo, oran y leen sus Escrituras. Guardan los mandamientos y asisten a todas sus reuniones. Sirven una misión, prestan servicio a los demás y hacen sacrificios que han asociado con las “bendiciones prometidas”.

Participan de la Santa Cena, viven rectamente y no cometen ningún pecado grave. Son buenas personas, viven buenas vidas y hacen cosas buenas… y aún así, no parecen haber encontrado la felicidad.

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Durante años, usé el concepto de felicidad como la razón principal para invitar a alguien a asistir a la Iglesia. Decía algo como: “Si vienes a la Iglesia y adoras con nosotros, encontrarás felicidad”.

Una buena idea, pero… bueno… he llegado a aprender que es una idea completamente incorrecta.

Lo que debí haber dicho es:

“Si vienes a la Iglesia, aprenderás sobre Cristo y la maravillosa restauración de su evangelio. Aprenderás sobre las familias eternas y se te darán muchas oportunidades para servir a los demás. Estas cosas te ayudarán a crear un entorno en el que la felicidad duradera pueda nutrirse y florecer dentro de tu alma.”

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Debido a que muchas personas se unen a la Iglesia para “encontrar” felicidad, puede que haya ocasiones donde se sientan desalentados cuando se encuentren yendo a la Iglesia porque que aún siguen siendo infelices.

Con el tiempo, he aprendido estas dos importantes lecciones de vida:

  1. La felicidad no es algo que puedas encontrar.
  1. No hay Iglesia en la faz de este planeta que pueda hacerte feliz. Incluso si esa Iglesia es verdadera.

Verás, puede que haya dos personas igualmente justas, que viven de la misma manera, haciendo los mismos sacrificios y asistiendo a la misma Iglesia. Puede que uno de ellos sea completamente feliz y contento y que la otra persona se sienta infeliz hasta los huesos.

La clave para ser feliz no se puede encontrar en una teología o una ideología.

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La persona con la que te cases no va a “hacerte feliz”. Los hijos que tengas no te darán una satisfacción duradera. La carrera que tienes, el auto que conduces o la casa que construyas… nada de eso será capaz de hacerte feliz. Incluso servir a los demás, ya que a menudo asociamos el servicio con la verdadera felicidad, no te hará feliz.

Naturalmente buscamos cosas, experiencias, relaciones y cualquier cosa que creemos pueden traernos esa felicidad y paz.

Decimos que si ganamos una cantidad x de dinero, entonces es seguro de que seremos felices… porque entonces podremos servir a más personas. Luego, pasamos la mitad de nuestras vidas buscando “esa cantidad” que nos permitirá enfocarnos en los demás de una manera más completa.

Como resultado, muchos de nuestros mejores años se van hacia nuestra fijación en la lista de verificación externa de una vida feliz:

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“Si voy a la Iglesia, encontraré la felicidad.”

“Si pudiera casarme, sería feliz.”

“Si obtengo este trabajo o tengo éxito en este negocio, seré la persona más feliz del mundo.”

“Si tan solo tuviera…”

Y la lista continúa.

Las cosas que hacemos, las cosas que compramos, la Iglesia a la que asistimos, los llamamientos que tenemos, las organizaciones a las que donamos, los logros que obtenemos… todo esto puede impedir nuestro crecimiento si nuestra actitud y perspectiva sobre esas cosas no se reajustan.

¿Recuerdas cuando Cristo dio esa frase a menudo citada pero ambigua sobre como el Reino de Dios está “entre vosotros”?

Él no nos dijo que fuéramos a lavarnos en las aguas de Betesda o que subiéramos al Monte Hermón. No nos dijo que fuéramos a buscarla por todo el mundo ni a completar una lista predeterminada para nuestra felicidad.

Lo único que nos dijo es que miráramos dentro de nosotros mismos.

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¿Recuerdas la carta de Pablo a los corintios en la que habla de dar con tristeza? ¡Estamos haciendo algo bueno que tiene el potencial de contribuir a nuestra felicidad interior! Y, sin embargo, nuestra perspectiva e intención tienen la capacidad de hacer que esos esfuerzos sean contraproducentes.

La Iglesia, el evangelio, incluso Jesucristo mismo, no pueden hacerte feliz. Estas son herramientas, medios y ejemplos que, si se implementan, siguen y utilizan, pueden llevarnos al camino que nos hará ser felices. 

Hay muchas personas que han aceptado a Cristo, pero que todavía son infelices, y al mismo tiempo existen muchas personas que han aceptado a Cristo y que son extremadamente felices.

Ya sea que sirvas en la Iglesia o trabajes en el almacén del obispo no te hará feliz si te quejas con cada cosa que haces. Un cambio de perspectiva puede cambiarlo todo.

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Ir al templo no va a hacer nada por ti si sólo vas para que otros piensen que eres “bueno”. Un cambio de intención puede cambiarlo todo.

Nuestros actos y las ordenanzas no podrán darte la felicidad que buscas sin la perspectiva e intenciones correctas.

La Iglesia y toda su bondad no pueden hacerme feliz, y la Iglesia con todo su margen de mejora no puede hacerme infeliz.

Es mi perspectiva y mi actitud sobre todas estas cosas lo que marca la diferencia.

Esta es la parte del “albedrío” que es muy importante para Dios.

En efecto, “aquí están las herramientas para crear una felicidad duradera. El resto depende de ti. El Reino de Dios está dentro de ti. Ahora construye tu propia mansión de felicidad en tu interior.”

Tu intención y la condición de tu alma lo son todo.

Tienes que nutrir activamente ese entorno desde adentro hacia afuera.

No puedes encontrar felicidad. Tienes que crearla.

Este artículo fue escrito originalmente por Greg Trimble y fue publicado originalmente por gregtrimble.com bajo el título “Just Going To Church Isn’t What Makes A Person Happy