5 lecciones que aprendimos cuando perdimos a nuestra bebé

perder a un bebé

Estuvimos emocionados cuando la prueba salió positiva.

Nuestra primera bebé solo tenía 8 meses de edad y estaba tan emocionado de que nuestra bebé no recordara haber sido hija única y que se convirtiera en la hermana mayor.

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Llamamos al doctor y concertamos una cita para las 10 semanas de embarazo.

Mi esposa, Annie, pasaba un tiempo relativamente “fácil” (su palabra no la mía) con el primer embarazo, que no me preocupé demasiado. Annie incluso me dijo que no fuera a esta cita porque no era un asunto importante.

Estaba en una llamada con mi socio de negocios desde la oficina de mi casa cuando recordé que la cita había comenzado una hora antes. Le dije que le devolvería la llamada en un par de minutos porque necesitaba verificar cómo estaban mi esposa y mi bebé. Terminó siendo tres horas.

Annie había dejado su teléfono en casa, como de costumbre, pero justo en ese momento, se detuvo en el camino de la entrada.

Abrí la puerta para saludarla.

“¡Hola Annie! ¿Cómo te fue?”

“Zack,” bajó su cabeza. “… la bebé…está muerta.”

Mi cerebro se detuvo. Mi corazón se afligió.

Entró, nos abrazamos, lloramos y besamos a nuestra pequeña niña de 8 meses. Observamos el ultrasonido de nuestra hija sin vida del tamaño de un maní y lloramos un poco más.

Un par de horas más tarde, mi esposa se fue a hacer un recado y yo intenté volver a trabajar. En lugar de eso, terminé abriendo mi alacena, tomé cinco tipos diferentes de comida chatarra y comí. Me sentía tan, no lo sé, ¿Triste? ¿Confundido? ¿Hambriento?

A pesar de no haber procesado completamente mis sentimientos de haber perdido a alguien que nunca conocí, tenía reuniones al otro lado de la ciudad a las que tenía que conducir. Pero, todavía estaba tan distraído por la noticia que choqué el auto.

¡Qué día!

Ese día vinieron personas con flores y galletas. Esa noche, fui a dormir sintiendo… ¿todavía era hambre? Probablemente no después de toda esa comida, pero de hecho era algo de vacío. Solo deseaba llenarlo.

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Si bien no me sentía traicionado, me sentía confundido. Me refiero a que oramos por la salud de la bebé casi en todas las oraciones y mi bendición patriarcal nos prometió hijos. Sabía que no era el final de tener hijos, pero aun así se sentía difícil.

Esa noche acudimos a la oración y al mensaje del Presidente Russell M. Nelson citado muy pocas veces: “Reverence for Life” (Reverencia por la vida). En éste, el Presidente declara: “El inicio de una vida no es un tema cuestionable, sino un hecho de la ciencia. Aproximadamente, veintidós días después de que las dos células se hayan unido, un pequeño corazón comienza a latir. A los veintiséis días comienza la circulación de la sangre. Las escrituras declaran que “la vida de la carne en la sangre está” (Levítico 17:11).” (“Reverence for life,” Conferencia General, abril 1985).

A pesar de todas las preguntas que todavía tuvimos después de leer este mensaje, se sintió reconfortante saber que un niño que nunca nació era una vida.

Para todos aquellos que han experimentado una pérdida de este tipo, este es un tiempo de prueba, búsqueda espiritual y aprendizaje. Y, para mí, hubo algunas cosas que aprendí que podrían ayudar a otros que estén pasando o soportando una situación similar.

  1. “Perdimos al bebé”

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Durante el embarazo, siempre intentaba decir: “Annie está embarazada,” porque, ya sabes, estaba cargando al bebé. Creo que mi esposa merece ese reconocimiento. Pero, con la pérdida de un bebé, es diferente. Es una pérdida compartida, un dolor compartido y una carga compartida. Ambos perdimos algo y atribuirlo solo a uno de nosotros se puede sentir como que se está culpando a esa persona y solo provocará que ese momento doloroso sea más amargo.

  1. Conocer las estadísticas no es reconfortante

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Me sentí tan agradecido de que nadie intentara consolarnos con información después de que nos enteramos que perdimos a nuestra bebé.

Cuando estás sufriendo por esa pérdida, saber que un gran número de embarazos termina en un aborto natural no te hace sentir mejor. El reconocimiento de que duele perder un hijo en cualquier etapa si lo hace. Minimizar el trauma con información es como decir que “100% de las personas pierden a sus padres, así que no es un asunto importante.” Las personas no necesitan estadísticas en estos momentos sino una persona que escuche, sienta empatía y dé amor.

  1. Usa todos los sistemas de apoyo a tu alrededor

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Si bien saber que muchas personas han atravesado un dolor similar no disminuye el tuyo, significa que existen muchos que entienden los sentimientos comunes que tienes. Encontrar a un grupo de apoyo en Internet. Contarles a tus amigos y familia lo que sientes y después (esto va a ser difícil para muchos de nosotros…) aceptar el amor y el apoyo de todos a tu alrededor. Existe poder en la oración, deja que otros usen ese poder en tu nombre. Pide una bendición del sacerdocio. Busca el apoyo de tu Padre Celestial. Incluso, puedes hablar con un consejero si es necesario. No puedes lidiar con esto solo.

  1. No sabrás cómo te sientes y eso está bien

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Es un sentimiento tan extraño perder a alguien que nunca tuviste, viste, tocaste o sostuviste.

A veces, me sentía mal de que no me sintiera peor. Otras veces, me sentía tonto por sentirme tan devastado. Dependiendo del minuto en que alguien llamaba o enviaba un mensaje de texto, sentía que no les importaba lo suficiente o que estaba haciendo un gran problema al respecto. Me incomodaba cuando alguien lo mencionaba, pero tenía un deseo insaciable de hablar sobre eso.

En lugar de intentar precisar el sentimiento, Annie y yo decidimos hablar sobre lo que pasó, ser receptivos con nuestras reacciones y mecanismos de afrontamiento además de aceptar los sentimientos por lo que eran, tal como eran y todavía son. Nos dimos cuenta de que Dios nos dio esas emociones y no tuvimos que moldearlas para adaptarnos como pensamos que deberíamos reaccionar o sentir.

  1. No te preocupes por el significado

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La naturaleza humana busca el significado y el propósito en todo. Pensamos erróneamente que un vacío se debe llenar y entender o sin duda, conducirá a una catástrofe.

Pero, en lugar de intentar descubrir la razón por la que nuestra bebé no vivió lo suficiente para que la sostengamos y amemos, encontré consuelo en la aceptación.

No sé si veré a la bebé en la siguiente vida. No sé por qué la bebé murió y no sé qué o si esa muerte significa algo. Pero, si sé que tenemos una niña sana además con la ayuda y la guía de Dios, seguiremos haciendo crecer nuestra familia.

Siempre intenté manejar cada situación mala en la vida con el lema de que si un problema puede solucionarse con el tiempo o el dinero, no es tan importante y si no puede serlo. Entonces, de todos modos, probablemente no haya mucho que puedas hacer al respecto, así que no te preocupes.

En este caso, creo que con el tiempo se curarán nuestros corazones.

Y, en lugar de intentar ver lo que esta situación se llevó también estoy intentando encontrar lo que me está dando: más gratitud por la vida, una relación más cercana con mi esposa, una empatía más profunda por aquellos que han sufrido pérdidas y lo más importante para mí, una mayor perspectiva del plan del evangelio para ayudarme con lo que pueda surgir.

Artículo originalmente escrito por Zack Oates y publicado en ldsliving.com con el título “5 Lessons from Losing Our Baby.”

| Para meditar
Publicado por: Nicole Córdova Loayza
Traductora de español, inglés y portugués. Me encantan los idiomas y conocer sobre diferentes culturas. También me gusta el arte y amo la naturaleza.
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