Desde hace muchos años, hemos recolectado miles de historias personales de los adultos solteros de la iglesia que nos contaban como les enseñaron sobre la sexualidad. Especialmente, nos sentimos intrigados por cómo los jóvenes adultos nos contaban frecuentemente que sus padres y líderes de la iglesia utilizaban ejemplos prácticos para enseñarles sobre la ley de castidad. Se puede aprender mucho al entender las metáforas y mensajes que se expresan intencional o involuntariamente en este tipo de lecciones.

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Las metáforas basadas en el temor

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La etiqueta “metáfora basada en el miedo” no implica que los padres, los líderes de los jóvenes o los maestros de seminario que han utilizado estos ejemplos prácticos estuvieran intentando asustar a sus alumnos jóvenes. De hecho, confiamos en que las personas que utilizaron este tipo de ejemplos prácticos tenían buenas intenciones y solo trataban de recalcar un concepto importante en las mentes de sus hijos o miembros de clase. No obstante, y a pesar de las buenas intenciones de los maestros, se nos ha dicho una y otra vez que dichos ejemplos prácticos provocaron que la mayoría de los oyentes tuvieran sentimientos de temor y ansiedad además de recibir otros mensajes negativos e involuntarios sobre la sexualidad. Esto es inapropiado porque el Señor enseñó que “si estáis preparados, no temeréis” (DyC 38:30). Él no dijo: “Si teméis, estaréis preparados.”

Usualmente, las metáforas basadas en el miedo comparan las relaciones sexuales con algo que se daña o se ensucia. Por ejemplo, un maestro de seminario una vez mostró a una clase un delicioso pastelillo envuelto y preguntó si a alguno de ellos le gustaría comerlo. Después de que muchos alumnos dijeron entusiastamente que deseaban el dulce, el profesor desenvolvió el pastelillo y lo pasó alrededor. Luego de que cada persona lo tocó, el maestro de seminario preguntó: “¿Les gustaría comer el pastelillo ahora?” Por supuesto, el objetivo de la lección era evidente: el pastelillo se había vuelto “sucio” y, por eso, indeseable. Entonces, el instructor comparó el “tocar el pastelillo” con la impureza de participar de las relaciones sexuales antes del matrimonio.

Otra lección de este tipo de ejemplo práctico utiliza una goma de mascar como metáfora. En otro, se utilizaron flores: después de que todos los miembros de la clase tocaron los pétalos delicados, pronto se marchitaron y se pusieron marrones. Una vez más, se estableció el ejemplo de que tal “contacto” inapropiado echa a perder algo hermoso, dejándolo marchito y dañado. Otra mujer joven nos contó sobre un ejemplo práctico que utilizaron en un campamento. A medida de que los líderes y las mujeres jóvenes se reunían alrededor del fuego (una fogata real), se sacó un hermoso vestido de novia blanco y se sostenía en alto como símbolo de estar limpio y puro el día de la boda. Sin embargo, durante la lección, se discutieron ejemplos de comportamientos inmodestos e indignos, se cortaron partes del vestido y se arrojaron a la fogata.

Representación negativa de la intimidad sexual

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Una de las principales consecuencias de los ejemplos prácticos y las metáforas basados en el temor sobre la sexualidad es una representación negativa de la intimidad sexual, a menudo se comunica involuntariamente a las mentes de los jóvenes que las relaciones sexuales son algo malo y nos perjudican. Si bien el pecado sexual claramente tiene efectos negativos en nuestras vidas, los ejemplos prácticos basados en el temor generalmente no incluyen una conversación equilibrada sobre las consecuencias positivas relacionadas con la sexualidad sana.

Es bastante evidente que a muchos padres y líderes les gusta utilizar ejemplos prácticos porque les permite hablar sobre las relaciones sexuales sin hablar sobre las relaciones sexuales. Si los jóvenes internalizan estas emociones inquietantes, ese condicionamiento negativo podría tener consecuencias a largo plazo en matrimonios posteriores cuando las parejas intenten “reprogramar” sus actitudes sobre la modestia, la sexualidad y la intimidad en su relación.

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Las metáforas basadas en el temor también tienden a desalentar un diálogo abierto entre los jóvenes y sus padres sobre la sexualidad. Frecuentemente en este contexto, los jóvenes sienten que si preguntan o muestran algún tipo de interés en el tema, podrían ser considerados como “malos” o “sucios.” Por lo tanto, no nos debemos sorprender cuando los jóvenes acudan a sus amigos, los medios de comunicación u otras fuentes externas para aprender sobre temas de sexualidad – fuentes que a menudo no van de acuerdo con los valores del evangelio. Sus experiencias personales al aprender sobre temas sexuales se vuelven prácticamente reservados y los jóvenes recuerdan haber leído libros de anatomía; haber visto programas de televisión o haber investigado en Internet bajo el manto de la discreción, la vergüenza y el remordimiento. Esto, por supuesto, es lo opuesto a lo que deberíamos esforzarnos como padres.

Muchos jóvenes también nos comentaron que las metáforas basadas en el temor les hicieron sentir que no había forma de que se pudieran arrepentir o reparar cualquier tropiezo sexual que pudieran haber cometido. Por lo tanto, algunos tienen la sensación de que son los bienes dañados que nadie, incluido el Padre Celestial, deseará jamás. Estos mensajes son especialmente de poca ayuda para los jóvenes que sufrieron abuso o trauma sexual y podrían creer equivocadamente que estas metáforas los describen. Debemos enseñarles sinceramente a nuestros hijos “que Jesucristo es el Gran Sanador de nuestras almas… No existe pecado o transgresión, dolor o pena, que esté fuera del poder sanador de su expiación” (C. Scott Grow, “The Miracle of the Atonement,” Ensign, mayo de 2011).

Las metáforas basadas en la abstinencia

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Las metáforas “basadas en la abstinencia” transmiten un mensaje de que “vale la pena esperar” para los jóvenes,  que las relaciones sexuales se presentan como un espacio positivo en la vida cuando se vive en el contexto del matrimonio. Por alguna razón, muchas metáforas basadas en la abstinencia involucran comida apetecible.

Por ejemplo, un consejero del obispado una vez trajo galletas de chispas de chocolate recién horneadas a una clase combinada de jóvenes sobre la castidad, en un domingo de ayuno. A medida que el aroma de las galletas se expandía por toda la habitación, les preguntó a los jóvenes si les gustaría comer una. Después de que indicaron ansiosamente que les encantaría comer una de las galletas, el consejero le recordó al grupo de jóvenes que era domingo de ayuno. Después de que sus quejas disminuyeron, el consejero comparó el acto de esperar a comer las galletas en el momento indicado con esperar hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales.

Otro hombre joven nos contó que su consejero del quórum de diáconos, dio a cada joven dos chocolates y les dijo: “Si traen estos chocolates la próxima semana, les daré diez chocolates.” Así que la semana siguiente, los jóvenes que llevaron sus chocolates fueron recompensados con los diez chocolates prometidos. ¿Pueden darse cuenta de cuál era objetivo del consejero, verdad? Al final de la semana, el consejero utilizó el ejemplo para enseñar a los jóvenes que la gratificación no inmediata trae mayores recompensas y satisfacciones en comparación con la gratificación inmediata y los alentó a esperar el “don más grande” que les espera en el matrimonio.

Ahora, te estarás preguntando qué hay de malo con tales metáforas basadas en la abstinencia. A pesar de sus imágenes atractivas, el error con estos ejemplos prácticos radica en lo que no se enseña en lugar de lo que se enseña. Solo son parcialmente correctas porque son metáforas incompletas.

La castidad es vista simplemente como un asunto físico

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Una de las principales dificultades de las lecciones basadas en la abstinencia es que implican de manera involuntaria que la castidad es simplemente un asunto físico. La atención se centra únicamente en los comportamientos sexuales y el momento de dichos comportamientos. Si bien el comportamiento es una parte importante de la ley de castidad, no es el centro de la ley. La castidad y la virtud se encuentran en el centro de la ley, por lo que se trata más de un tema espiritual que primero se debe aceptar en nuestro corazón y mente antes de ser expresado en nuestro comportamiento.

Lamentablemente, los ejemplos prácticos basados en la abstinencia tienden a suponer que todas las expresiones sexuales después del matrimonio son inherentemente amorosas, simplemente porque tienen lugar después de una boda. Lo que tampoco se enseña es que las actitudes y los motivos con respecto a por qué los cónyuges buscan la unión sexual mutua pueden cambiar y por eso, estos se convierten en el verdadero indicador de si los comportamientos sexuales son puros o no. Podemos ser castos antes y después de casados, también podemos ser impuros antes y después del matrimonio y las acciones por sí solas no determinan la diferencia.

En pocas palabras, los por qué de las relaciones sexuales en el matrimonio importan más que lo que son las relaciones sexuales. La castidad no solo se trata de cuando suceden las relaciones sexuales, se trata de por qué sucede. Esperamos que en el matrimonio, las relaciones sexuales se compartan por las razones correctas, pero eso requiere una comprensión más profunda y completa de la sexualidad sana, una relación en la que los cónyuges nunca sean comparados con una galleta.

La castidad es vista simplemente como un asunto personal

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Las perspectivas basadas en la abstinencia también tienden a retratar la castidad como un rastro del carácter que uno obtiene como resultado de sabias decisiones personales y dignidad. Pero, una apreciación más profunda de la castidad se encuentra en la relación de dos personas. La castidad es relacional en naturaleza porque las relaciones sexuales se crearon para ser una experiencia que involucre a otra persona y pueden transmitir el amor centrado en el otro o el deseo egocéntrico. Cuando se comparan las relaciones sexuales con una persona ingiriendo algo como comida o dulces, implica que la verdadera satisfacción sexual proviene de recibir, no de dar. Por lo tanto, los aspectos de la sexualidad compartidos y centrados en el otro se pierden, y éstos son los componentes clave que son vitales para construir un matrimonio sano e íntimo.

Necesitamos ayudar a nuestros hijos a comprender que el propósito divino de la intimidad sexual es unificar a los cónyuges y fortalecer los lazos del matrimonio. No debemos ser simplemente castos por el simple hecho de ser castos. La intimidad se relaciona con la “vulnerabilidad compartida,” en la cual las personas se revelan mutuamente y se sienten nutridas y cuidadas en sus interacciones. Este tipo de revelación sucede en una relación en la que la pareja pueda conversar, compartir y revelarse entre sí, además de estar cerca físicamente uno del otro. Entonces, cuando hablemos sobre la intimidad sexual y la castidad, deberíamos pensar en los comportamientos de relación en términos generales, no solo en los comportamientos físicos que se definen generalmente como reglas o normas personales.

Una metáfora nueva

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Podrías estar pensando: entonces, ¿qué ejemplo práctico y apropiado usar? ¿Cuál sería la mejor metáfora para enseñar apropiadamente sobre la sexualidad? Nuestra respuesta es que el mejor ejemplo práctico es que no hay ejemplo práctico. Incluso, si a alguien se le ocurre un ingenioso ejemplo práctico que parece superar los peligros de las metáforas basadas en la abstinencia y el temor, el uso de cualquier ejemplo práctico aun transmite que como padre o maestro de jóvenes, te sientes incómodo al abordar directamente el tema de la sexualidad.

Los jóvenes nos dicen en repetidas ocasiones que su gran deseo es que sus padres y líderes les hablen simple, abierta y plenamente sobre las relaciones sexuales. En pocas palabras, ¡no existe una metáfora adecuada con la que se pueda comparar las relaciones sexuales porque las relaciones sexuales son la metáfora! Entonces, en lugar de preguntar, “¿Qué partes de la vida se pueden comparar con las relaciones sexuales?” Debemos preguntar, “¿Cómo las relaciones sexuales nos ayudan a comprender mejor otras partes de la vida?” – especialmente en nuestro discipulado y progreso fiel como personas, parejas y padres.

Artículo originalmente escrito por Laura M. Padilla-Walker, Dean M. Busby, Chelom E. Leavitt, y Jason S. Carroll, adaptación del libro “A Better Way to Teach Kids About Sex,” y publicado en ldsliving.com con el título “The Dangers of Using Metaphors When Teaching Youth About Sexuality (+ What We Can Do Instead).”