Su testimonio personal es a menudo la única manera en que el Espíritu de Dios puede alcanzar ciertos corazones.  ¡Su testimonio es importante!  Permítame explicarle:  El primer domingo de cada mes es el día en que las congregaciones SUD ayunan.  Ayunamos para una variedad de razones, y luego nos reunimos para realizar una ceremonia especial de testimonios.  Es muy parecido a una noche de micrófono abierto, y cualquiera que se sienta impulsado por el Espíritu es bienvenido a levantarse y dar su testimonio de Cristo.  Ayer fue uno de esos domingos.  A mi hijo le encanta pararse y dar su testimonio.  Es valiente, y libre, con su amor por el Salvador.  Es inspirador.

tu mensaje importa

Oí a Jerry Seinfeld bromear una vez que las personas tienen más miedo de hablar en público que a la muerte. Así que en un funeral, la mayoría de personas prefiere ser el hombre en el ataúd que el que da el elogio.  Me encanta esa broma.  Pero la triste verdad es que muchos, muchos de nosotros realmente tenemos miedo de pararnos frente a los demás.  Aun cuando es para compartir un mensaje muy importante, como nuestro testimonio personal del Salvador, sentimos una gran cantidad de ansiedad.

Durante muchos años yo estaba feliz de sentarme en la congregación y escuchar a los demás.  Me decía a mí misma que yo no era una oradora pública, que lo que yo tenía que decir no era importante y no sería elocuente.  Entonces, un domingo de ayuno en particular sentí una fuerte insistencia del Espíritu de levantarme y compartir mi testimonio.  Sabía el tema sobre el cual debía hablar, y ese impulso se dio varias veces.  Seguí resistiéndome.  Yo tenía un montón de excusas, y se las di todas al Señor. Antes de darme cuenta otra joven se levantó y compartió su testimonio acerca del mensaje exacto que yo había sido inspirada a compartir.  ¡Me quedé muy sorprendida!  Y la impresión que recibí del Señor fue que Él sabía que alguien necesitaba ese mensaje ese día,  Y que Él podía hacer Su obra.  Y él iba a encontrar a alguien más para compartir Su mensaje si yo no iba a hacerlo.  Fue una sensación horrible.  Yo quería ser alguien en quien el Señor pudiera confiar, y yo Lo había decepcionado. Fue en ese momento que aprendí que mi testimonio era importante.

La reunión anterior del domingo de testimonios estuvo llena de hermosos testimonios de los niños pequeños. Mientras seguía a mi hijo pequeño al frente, sentí la necesidad de escuchar el testimonio de un adulto experimentado. Era un deseo en mi alma.  Así que me arriesgué al desagrado de la congregación, e invité a los miembros de más edad que salieran a compartir.  A medida que la reunión avanzaba un caballero de edad avanzada se levantó.  Caminaba con dos bastones, del tipo que los puños envuelven todo el antebrazo.  Luchó para llegar a la parte delantera de la sala, y me sentí tan culpable de saber que yo pude haberlo impulsado, poniendo en riesgo su salud.  ¡Pero el testimonio que compartió fue tan hermoso!  El Espíritu era muy fuerte y las lágrimas corrían por mi cara.  Fue el mensaje que mi alma tanto necesitaba, y me sentí muy agradecida por ese hombre.  Nunca he sentido más fuertemente que cada testimonio es importante.  Este hombre maravilloso tenía todas las excusas del mundo para quedarse en su asiento.  Era obvio que tenía limitaciones físicas.  Y sería fácil justificar el quedarse sentado porque él también tenía una larga vida de servicio a sus espaldas.  Pero él siguió los impulsos del Espíritu y bendijo mi alma a causa de ello.

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Hay una canción que me encanta de Julie De Azevedo llamada “Una ventana a Su amor” (A Window to His Love”). Una parte de la letra dice: “Yo quiero ser una ventana a su amor, para que cuando me vean, lo vean a Él.  Quiero ser tan pura y clara que ni siquiera se den cuenta de que estoy aquí, porque Su amor ilumina muy brillante a través de mí.  Una ventana a Su amor, una puerta a la verdad.  Un portador de la bendición que Él quiere que yo les entregue.  Y con cada día que pasa me quiero desvanecer, hasta que sólo se le pueda ver a Él y me haya convertido en una ventana para Su amor”.  ¡Qué manera tan poética para ilustrar lo que hacen nuestros testimonios para la familia humana!  El Salvador es el foco y nosotros somos simplemente la lupa para ayudarnos unos a otros a iluminarnos en Él.

Estoy tan agradecida por las veces que en mi vida he tenido la suerte de escuchar los testimonios

del Salvador de los que me rodean.  Nunca podremos ser recordados demasiado a menudo del gran sacrificio que Él proporcionó con el don de la Expiación.  Somos más fuertes cada vez que compartimos el amor que tenemos por Él cuando compartimos nuestro testimonio del Salvador y de todo lo que Él ha hecho por nosotros.  Estamos aquí en la tierra para crecer en fortaleza y fe.  Y no hay mejor manera de ayudar a otros en su viaje de regreso.  Seamos todos un poco más audaces y levantémonos un poco más alto.  Seamos todos más libres, con nuestro testimonio para que otros puedan fortalecer el suyo.  Entonces seremos capaces de saber con seguridad que siempre estaremos allí cuando nos Él necesite para hacer Su obra.

Autor

Patty Sampson

Descripción

¿Quién necesita escuchar su testimonio de Dios, el Salvador, o un principio del Evangelio importante hoy?Sea la persona en quien Dios puede confiar para entregarlo.

Patty Sampson