Justicia y misericordia: una antigua combinación que no siempre podemos conciliar. A menudo nos preguntamos si las dos pueden coexistir, especialmente cuando hablamos de Dios. 

Dios, ¿es él un Dios de justicia o de misericordia? ¿Castiga a Sus hijos por cualquier pecado cometido o los perdona indiscriminadamente a todos?

Al estudiar a fondo las Escrituras, entendemos que en realidad hay un término medio que puede resolver lo que parece ser una gran paradoja.

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días creen en un Dios que es perfectamente justo y misericordioso al mismo tiempo. ¿Cómo es esto posible y qué significa?

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Las leyes del hombre y leyes de Dios

En primer lugar, necesitamos hablar sobre leyes. Las leyes que pueden ser observadas o quebrantadas. Hay dos tipos de leyes: Las leyes terrenales, establecidas por hombres y gobernantes, sujetas a cambios y a las leyes de Dios, inmutables y eternas. Cada ley implica ciertos derechos y deberes.

Cuando rompemos una ley terrenal pagamos las consecuencias. El robo de un automóvil resultará en un período de encarcelamiento o una sanción económica, del mismo modo, observar o quebrantar las leyes espirituales de Dios traen consecuencias. 

La Biblia nos enseña que Dios recompensa a Sus hijos en función de Sus elecciones:

“Y aconteció que, cumplidos los días de su servicio, regresó a su casa”. -Lucas 23:41

Este es el resultado de una ley inmutable que los Santos de los Últimos Días llaman “justicia”, que determina las consecuencias de nuestras acciones. Siguiendo una línea de causa y efecto, cada elección espiritual tiene resultados espirituales.

Los resultados positivos derivados de la obediencia a las leyes de Dios se llaman “bendiciones”; Los resultados negativos de la desobediencia o del pecado se llaman “castigos”.

La ley de la justicia es una ley que ni Dios mismo puede escapar o escapará, y es muy importante que esto sea así. Podemos sentir la tentación de preguntarnos: “¿Pero por qué Dios no simplemente evita reprender a Sus hijos?”. La respuesta es muy simple.

El Padre Celestial es un Dios de orden. Si no fuera perfectamente justo y no actuara de acuerdo con las leyes espirituales que estableció, Dios dejaría de ser Dios.

Así como las leyes terrenales y las consecuencias que derivan de ellas favorecen el orden y la estabilidad dentro de una sociedad, las leyes espirituales y los mandamientos de Dios (con sus consecuencias) nos brindan una base sólida y estable que nos permite tener fe en Él.

Si, por ejemplo, no hubiera leyes de tránsito, sería imposible regular el tráfico y el caos reinaría en las calles. Lo mismo se aplica a los mandamientos, que nos permiten tener orden en nuestras vidas. Los hijos de Dios deben poder confiar y saber que Sus juicios son perfectos.

arte en los centros de reuniones de la Iglesia de Jesucristo

“Worth of a Soul”, de Liz Lemon Swindle

Debido a que Él es santo, puro y sin pecado, los Santos de los Últimos Días creen que ninguna cosa impía o impura puede habitar en Su presencia. La desobediencia a los mandamientos de Dios en realidad hace que Sus hijos no puedan volver a vivir con Él.

Esto significa que si una persona no lleva una vida perfecta e inmaculada, simplemente no pueda volver a vivir con Dios. Esto es lo que demanda la justicia, pero esto plantea otro problema. Todos cometemos errores. Todos hemos pecado o desobedecido.

¿Significa esto que todos los hombres, mujeres y niños están condenados a ser eternamente excluidos de su presencia?

Justicia y misericordia: un camino intermedio

Es precisamente aquí donde entran en juego la misericordia y el plan de felicidad de Dios, la misericordia es esa ley inmutable y eterna que nos permite regresar a la presencia del Padre Celestial. Sin embargo, para poder aplicarse, todavía son necesarias ciertas condiciones.

El Padre Celestial sabía que Sus hijos cometerían errores y que deben salvarse de su condición pecaminosa.

Él ama a Sus hijos, y debido a esto, ha proporcionado una manera de vencer el pecado, quedar limpios y regresar a Su presencia. Se llama el evangelio de Jesucristo. Esa es la manera. En la Biblia, Jesús dijo:

“In His Keeping” por Yongsung Kim

“Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” -Juan 14: 6

Jesús vivió una vida perfecta, sin pecado. Sufrió en el Jardín de Getsemaní y en la cruz asumiendo los errores cometidos por toda la humanidad. Este acontecimiento es conocido como la “expiación de Jesucristo”. Jesús declaró:

“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis las cosas que yo os mando”. -Juan 15: 13-14

escuchar al Salvador

Al dar Su vida, Cristo cumplió con las demandas de la justicia de Dios, permitiendo que la misericordia reclame sus derechos sobre cada uno de nosotros. Él, “el gran Mediador de todos los hombres”, pudo conciliar la justicia y la misericordia.

El Suyo fue un sacrificio perfecto, que incluye a todos los hijos de Dios, y fue parte de Su plan desde el principio. Sin embargo, para tener acceso a la misericordia, todos aquellos que deseen volver a vivir con Él deben hacer Su parte.

Esto incluye tener fe en Jesucristo, seguir Sus mandamientos, arrepentirnos de nuestros pecados y aceptar el sacrificio que atravesó.

En resumen

Predicar como Jesucristo

Dios es perfecto y ama a Sus hijos. Creó un plan perfecto para ellos, que incluía la capacidad de crecer aprendiendo Sus mandamientos y tomando decisiones justas. Nos proporcionó el Salvador que nos mostraría el camino para volver a vivir con Él para siempre.

El plan perfecto de Dios para la felicidad incluye justicia y misericordia.

Su justicia es la ley inmutable que tiene consecuencias para las acciones cometidas de las cuales aprendemos. Su misericordia es la ley que le da a Sus hijos la oportunidad de aceptar la expiación de Jesucristo y seguirlo.

Justicia y misericordia. He ahí la verdad.

Este artículo fue escrito originalmente por Ginevra Palumbo y fue publicado originalmente por lachiesarestaurata.it bajo el título “Giustizia e misericordia: che ruolo hanno nel piano di Dio?