El día después de recibir las planchas, José fue a trabajar en la reparación de un pozo en una aldea cercana a fin de ganar dinero para comprar una caja fuerte. Esa misma mañana, José, padre, iba a atender un asunto cuando, justo al pasar la colina después de su casa, escuchó a un grupo de hombres que tramaban robar las planchas de oro. “Tendremos las planchas —afirmó uno de ellos—, a pesar de Joe Smith y de todos los demonios del infierno”.

José, padre, volvió a casa alarmado y se lo contó a Emma. Ella le dijo que no sabía dónde estaban las planchas, pero estaba segura de que José las había resguardado.

—Sí —contestó José, padre,—, pero recuerda que por algo pequeño, Esaú perdió su bendición y primogenitura; lo mismo podría sucederle a José.

Para asegurarse de que las planchas estuvieran a salvo, Emma cabalgó por más de una hora hasta la granja donde José se encontraba trabajando. Lo encontró junto al pozo, empapado en sudor y barro por la jornada de trabajo. Cuando supo del peligro, José miró en el Urim y Tumim y vio que las planchas estaban a salvo.

En casa de los Smith, José, padre, caminaba de un lado a otro por fuera de la casa, echando un vistazo hacia el camino a cada minuto hasta que vio a José y a Emma.

—Padre —le dijo José cuando llegaron—, todo está perfectamente a salvo; no hay razón para alarmarse.

Pero era hora de actuar.

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José fue rápidamente al cerro, encontró el tronco donde se hallaban escondidas las planchas y las envolvió con cuidado en una camisa. Manteniéndose bien alerta ante cualquier peligro, se adentró en la profundidad del bosque en dirección a su casa. El bosque le permitía ocultarse de la gente que transitaba el camino principal, pero representaba un escondite perfecto para los ladrones.

Esforzándose al límite debido al peso del registro, José atravesó el bosque tan rápido como pudo. Un árbol caído bloqueaba el camino delante de él, y al saltarlo por encima, sintió que algo duro lo golpeó por detrás. Al darse vuelta vio a un hombre que venía hacia él empuñando un arma como un garrote.

Apretando firmemente las planchas con un brazo, José tiró al hombre al suelo de un golpe y se escabulló entre la maleza. Había corrido alrededor de un kilómetro, cuando otro hombre lo sorprendió desde atrás de un árbol y lo golpeó con la culata de su arma.

José luchó contra aquel hombre y se alejó a toda velocidad, desesperado por salir del bosque. Pero no había avanzado mucho cuando lo atacó un tercer hombre, quien le propinó un fuerte golpe que lo hizo tambalearse. Recobrando la fuerza, José lo golpeó duramente y corrió a casa.

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Al llegar, José irrumpió por la puerta con el pesado bulto debajo del brazo. “Padre —exclamó, tengo las planchas”.

Katherine, su hermana de 14 años, le ayudó a colocar el bulto sobre la mesa mientras el resto de la familia se juntaba alrededor de él. José se dio cuenta de que su padre y su hermano menor, William, deseaban desenvolver las planchas, pero él los contuvo.

—¿No podemos verlas? —preguntó José, padre.

—No —respondió José—. Fui desobediente la primera vez, pero tengo la intención de ser fiel esta vez.

Les dijo que podían palpar las planchas a través de la tela, y su hermano William tomó el bulto en sus manos. Era más pesado que una roca, y el joven se dio cuenta de que tenía hojas que se movían como las páginas de un libro.

José entonces envió a su hermano menor, Don Carlos, a buscar una caja fuerte que tenía Hyrum, quien vivía a poca distancia con su esposa, Jerusha, y su bebé recién nacida.

Hyrum llegó poco tiempo después, y una vez que las planchas estuvieron seguras en la caja, José se dejó caer en una cama y comenzó a contarle a su familia acerca de los hombres que lo atacaron en el bosque.

Mientras hablaba, advirtió que le dolía la mano; en algún momento durante los ataques se había dislocado el pulgar.

—Debo dejar de hablar, padre —dijo de repente—, y pedirte que me vuelvas a colocar el pulgar en su sitio.

Este fue un extracto del Libro “Santos” y fue publicado en ldsliving.com con el título “The Night Joseph Smith Was Attacked by 3 Men Attempting to Steal the Gold Plates.”