Preguntas y respuestas: Estoy en edad misional y no tengo un testimonio del Libro de Mormón, ¿qué puedo hacer?

Pregunta

Crecí en la Iglesia y siempre quise tener una experiencia espiritual que pudiera recordar y fuera mi apoyo.

Leí el Libro de Mormón de tapa a tapa en preparación para servir en una misión. Lo terminé y oré con verdadera intención a fin de saber si era verdadero. Pero, no sentí nada, incluso leí las escrituras Santiago 1: 5 y Moroni 10: 4,5.

¿Cómo puedo obtener un testimonio? No puedo salir a la misión y dar un testimonio que no tengo.

Mateo

Respuesta

Mateo,

Gracias por tomarte un tiempo para hacer esta pregunta. Es reconfortante para mí saber que un joven desea ser lo más transparente posible al declarar una verdad a los demás.

En mi juventud, estuve en una situación similar a la tuya. Antes de hablar al respecto, veamos algunas preguntas sobre las Escrituras que pueden aplicarse o no a ti en este momento:

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1. Dios nos revelará más de lo que ya sabemos, pero ¿existe alguna razón que te niegue dicha revelación?

2. ¿Hay algo en tu vida que pueda estar impidiendo que obtengas un testimonio?

3. ¿Tu deseo de conocer la verdad es real, o simplemente intentas hacer lo que los demás dicen?

4. ¿Le estás pidiendo a Dios una experiencia específica para recibir un testimonio?

5. ¿Cómo revela Dios la verdad? ¿Qué es lo que ya te ha revelado?

6. ¿Has sido testigo de la mano de Dios en tu familia?

7. Con respecto al tiempo del Señor. ¿Has permitido que el Señor te responda en Su tiempo o en el tuyo? Se promete una respuesta, pero no una respuesta inmediata.

Cuando comencé a servir en una misión, leí el siguiente versículo de las Escrituras en Doctrina y Convenios 9: 8-9 que se refiere a un “ardor en el pecho”.

Se enseñaba que el Señor revelaba la verdad a través de ese sentimiento. Sin embargo, yo no lo sentí. Estuve en una situación similar a la tuya, me preguntaba: “¿Cómo enseño el Evangelio cuando no he recibido un testimonio?”

Comencé a orar, leer y ayunar para obtener un testimonio. Quería sentir ese “ardor en mi pecho”. Nunca recibí ese testimonio. Hasta el día de hoy no sé cómo se siente un “ardor en el pecho”.

Lo que sí descubrí es que cuando dejé de buscar un testimonio específico, el Señor habló a mi mente y a mi corazón a través de Su Espíritu (DyC 8: 2-3). Así se sembró la semilla de mi testimonio.

ardor en el pecho

El Espíritu del Señor me exhortó a edificar sobre lo que recibí. Más adelante, leí las siguientes palabras del presidente Joseph F. Smith, que describen mi testimonio y conocimiento del Evangelio:

“En los años de mi juventud, cuando me inicié en el ministerio”, explicó el presidente Smith, “con frecuencia iba y le pedía al Señor que me manifestara alguna cosa maravillosa, a fin de recibir un testimonio”.

“Sin embargo, el Señor no me concedió milagros sino que me mostró la verdad, línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí [2 Nefi 28:30], hasta que me hizo saber la verdad desde el tope de la cabeza hasta la planta de los pies, y hasta que se borraron completamente de mí las dudas y el temor”.

“No fue necesario que enviara a un ángel de los cielos para hacerlo, ni tuvo que hablar con la trompeta de un arcángel; sino que, mediante el susurro de la voz apacible y delicada del Espíritu del Dios viviente, me dio el testimonio que poseo”.

“Es por medio de ese principio y de ese poder que dará a todos los hijos de los hombres un conocimiento de la verdad que permanecerá con ellos y los hará conocer la verdad como Dios la conoce y cumplir con la voluntad del Padre como lo hace Cristo”.

Este parece ser un verdadero camino mediante el cual el Señor revela Su verdad a Sus hijos. Obviamente, también hay otros caminos.

Al principio de mi misión, no había ningún pecado en mi vida del que no me hubiera arrepentido. Si necesitaba resolver algo con el obispo, estaba resuelto.

Cuando fui maestro en el CCM, tuve el privilegio de enseñar a un joven de mi barrio que también tenía dificultades con su testimonio. Este joven deseaba recibir un testimonio que le hiciera saber si debía permanecer en la misión o regresar a casa para casarse con su novia.

Conocía a este joven y sabía qué decisiones había tomado, que le habrían impedido servir en una misión tan pronto como lo hizo.

Tenía pecados de los que no se había arrepentido, que le impedían recibir el testimonio que deseaba. Al igual que el rey Lamán, estaba dispuesto a renunciar a la mitad de su reino (es decir, estaba dispuesto a dejar su casa, pero no la otra mitad: su novia).

Si no estamos dispuestos a renunciar a todos nuestros pecados, especialmente cuando estamos a punto de servir en una misión o estamos en la misión, será difícil recibir una respuesta del Señor ya que nuestra mente no estará preparada para ello.

En mi misión, le enseñé a una joven que dijo las siguientes palabras: “Ya sé que José Smith no es un profeta de Dios, pero oraré de todos modos”.

Cuando mi compañero y yo le preguntamos si oró, dijo que sí y que no recibió respuesta.

misioneros

Cuando le preguntamos cómo oró, dijo lo siguiente: “Oré y le pregunté al Señor diciendo: ‘Señor, ya sé que José Smith no es un profeta, pero los misioneros me pidieron que te lo volviera a preguntar. Por eso, estoy orando para saberlo’, y no recibí ninguna respuesta”.

Mi compañero y yo nos miramos y no nos sorprendió que no hubiera recibido una respuesta. A veces, podemos ser reacios y seguir actuando, pero sin una verdadera intención. O, nuestras acciones son simplemente para decir: “Bueno, hice lo que me pidieron, y todavía no recibo nada”.

A continuación, compartiré contigo una historia del presidente Joseph F. Smith sobre la importancia de acompañar las oraciones con fe, verdadera intención y acción:

Señor oración

“En esa lamentable y difícil circunstancia, yo fui el primero en llegar al campamento de carromatos y, al acercarme, vi a mi madre arrodillada, orando”.

“Me detuve un momento y luego me acerqué con discreción hasta una distancia desde la que pude oír sus súplicas al Señor de que no permitiera que nos quedáramos desamparados en esa situación tan difícil, que nos guiara para que recobráramos nuestros animales a fin de poder continuar nuestro viaje”.

“Cuando se levantó, me encontraba de pie cerca de ella. La primera expresión que capté en su bello rostro fue una radiante sonrisa; hallándome tan descorazonado, aquella expresión me infundió renovada esperanza y una seguridad que no había sentido hasta ese momento”.

Contenta, los animó a él y a su tío a que se sirvieran lo que les había preparado y les dijo: “Saldré a caminar por los alrededores a ver si encuentro los bueyes”.

Pese a las protestas de su hermano de que seguir buscándolos sería en vano, Mary partió y los dejó sentados a la mesa. Entonces, se encontró con uno de los hombres que pastoreaban una manada, el cual le dijo que había visto a los bueyes perdidos que iban en cierta dirección y, al hacerlo, apuntó en la dirección contraria a la que ella se dirigía.

Joseph F. dijo: “Oímos claramente lo que el hombre le dijo, pero mamá continuó su camino en el rumbo que llevaba sin siquiera volver la cabeza para mirarlo”.

sufrir

Al poco rato, hizo señas a Joseph F. y al tío, quienes corrieron hasta donde ella se encontraba. Allí vieron los bueyes atados a unos sauces.

Posteriormente, el presidente Joseph F. Smith dijo: “Aquella fue una de las primeras prácticas y positivas demostraciones de la eficacia de la oración que he presenciado. Dejó una impresión indeleble en mi memoria y ha sido una fuente de consuelo, de convicción y de guía para mí a lo largo de toda mi vida”.

¿Tienes alguna experiencia o sabes de alguna experiencia de un familiar o un amigo a la que puedas recurrir cuando le pidas al Señor un testimonio?

libro de mormon

En el Libro de Mormón se expresa eso de la siguiente manera:

“He aquí, quisiera exhortaros a que, cuando leáis estas cosas, si Dios juzga prudente que las leáis, recordéis cuán misericordioso ha sido el Señor con los hijos de los hombres, desde la creación de Adán hasta el tiempo en que recibáis estas cosas, y que lo meditéis en vuestros corazones”. (Moroni 10: 3)

Cuando oraste, ¿recordaste el amor del Señor por ti, Su muerte y sacrificio? ¿Recordaste algún testimonio espiritual de que el Señor (como con Joseph F. Smith y su madre) escuchó y respondió oraciones? ¿Reflexionaste sobre el amor que sientes por los demás y por aquellos a quienes servirás? ¿Reflexionaste sobre las tiernas misericordias que el Señor muestra en las Escrituras?

Quiero agradecerte nuevamente, Mateo, por tomarte el tiempo para hacer esta pregunta y por tu deseo de compartir un testimonio sincero. Espero que el Señor te bendiga con un corazón y una mente en calma para escuchar Su voz, sentir Su amor y Su misericordia por ti como Su hijo.

Fuente: Ask Gramps

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