5 maneras de experimentar paz a través de la Palabra de Dios

La paz a veces puede parecer un concepto difícil de alcanzar. Es fácil quedarnos atrapados en los quehaceres de nuestra vida cotidiana y sentirnos abrumados por todas las demandas de nuestro tiempo. Entre el trabajo, la escuela, los llamamientos de la iglesia, nuestra familia y amigos, puede ser difícil encontrar un buen equilibrio y mantenernos espiritualmente centrados. A veces podríamos sentir que nuestras vidas están llenas de todo menos de paz.

Muchas personas también enfrentan desafíos diariamente como soledad o ansiedad, problemas crónicos de salud, deudas, luchas con debilidades personales o adicciones, sufrimiento por la muerte de un ser querido, o incluso se encuentran en una crisis espiritual.

Todos llevamos cargas que las personas a nuestro alrededor no pueden ver. Nuestras almas anhelan la paz, pero muchas veces no podemos encontrar donde refugiarnos de nuestras pruebas. La verdad es que quizás no estamos buscando en los lugares correctos, o de la manera más efectiva.

Una de las maneras más duraderas y poderosas de experimentar la paz es a través de la palabra de Dios, la cual incluye mucho más que nuestra triple combinación.

Con esto en mente, considera las siguientes cinco maneras de experimentar la paz a través de la palabra de Dios:

1. Haz espacio en tu vida para las experiencias personales y espirituales.

Mientras buscas la paz personal, es importante dar un paso atrás y reflexionar sobre tu vida y tus prioridades. Hay tantas cosas buenas con la que podemos llenar nuestro tiempo, pero tenemos que tener cuidado de no sobre llenar nuestras vidas hasta el punto descuidar las cosas más importantes, cosas que nos traerán mayor felicidad y paz. Parte de encontrar el equilibrio que buscamos se encuentra en hacer espacio en nuestras vidas para experiencias personales y espirituales, tiempo para “quedaos tranquilos, y sabed que yo soy Dios”. (Salmo 46:10).

Tómate tiempo para leer, estudiar y reflexionar tus escrituras y lo que significan en tu vida. Lleva tus preocupaciones y ansiedades a Dios en oración y ora fervientemente con todo tu corazón. Escucha las respuestas de Dios a tus oraciones y sé paciente si la respuesta demora en venir. Presta servicio a otros voluntariamente y con amor genuino. Vuelve a leer tu bendición patriarcal. Sal a la naturaleza y experimente la majestad y la belleza de las creaciones de Dios. Asiste al templo y a las reuniones de tu iglesia y escucha realmente las oraciones sacramentales cada semana. Vive espiritualmente e intencionalmente.

Estas cosas pequeñas y simples requieren esfuerzo, y es probable que no tengas una experiencia impactante cada vez que las hagas. Pero esas cosas pequeñas invitarán al Espíritu en tu vida. Mientras más espacio hagas para experiencias personales y espirituales a través del estudio de las Escrituras, los himnos o de tu bendición patriarcal, más paz invitarás en tu vida. Y poco a poco, esas experiencias sagradas fortalecerán tu testimonio y pueden ayudarte a una vida de devoción.

2. Enfócate en tus relaciones personales con nuestro Padre Celestial y Jesucristo.

El Élder M. Russell Ballard dijo una vez: “todos somos hijos e hijas espirituales de un Dios amoroso que es nuestro Padre; somos parte de Su familia; Él no es un padre en un sentido simbólico o poético; Él es literalmente el Padre de nuestro espíritu; Él se ocupa de cada uno de nosotros”. (“La Expiación y el Valor de un alma”, Conferencia General, abril de 2004). Nuestro Padre Celestial y Jesucristo nos aman perfectamente a cada uno de nosotros y quieren participar activamente en nuestras vidas, pero debemos ser nosotros quienes los invitamos. Podemos encontrar paz cuando construimos nuestras relaciones personales con Dios y Jesucristo sumergiéndonos en la palabra de Dios. Empieza considerando el estudio de las Escrituras como una manera de llegar a conocer mejor a Dios y aprender cómo puedes llegar a ser como Él. Lee acerca de la vida de Jesucristo, sus atributos divinos y su carácter, y busca formas de seguirlo en su vida diaria. Ora para tener una conversación con Dios, para escuchar y para pedir, y para humildemente conocer la voluntad de Dios para ti y tu vida.

Confía en que Él te guiará para que seas la persona que debes ser. Saber esto y ver a Cristo no solo como tu Salvador y Redentor, sino también como un Hermano Mayor divino, te dará un punto de partida para conocer mejor y entender cómo y dónde encajas en el plan de Dios, tu propósito en la tierra y el amor que tanto Dios como Cristo tienen para ti. A medida que los conozcas a través del estudio de sus palabras y sincera comunicación con ellos, tu fe y amor por ellos aumentará y tu relación con ellos se volverá mucho más personal.

Dios no es sólo un ser divino supremo sino tu amoroso Padre Celestial. Cristo es un salvador para todos, es tu Salvador también. A medida que desarrolles esta perspectiva divina y a medida que los involucres en tu vida, podrás desarrollar confianza en tu identidad eterna y experimentar la paz.

3. Busca recordatorios de las promesas de Dios y confía en que Él las cumplirá.

Las Escrituras están llenas de las promesas que Dios ha hecho con Su pueblo y con individuos particulares, desde Adán y Eva hasta los israelitas, hasta hoy. Una manera de experimentar la paz es buscando recordatorios de las promesas de Dios en las Escrituras, en las vidas de aquellos que están a tu alrededor y en tu propia vida. Reflexiona en la promesa hecha en las oraciones sacramentales “para que puedan tener el  Espíritu consigo” (Moroni 4: 3, Véase también Moroni 5: 2). Cuando leas tu bendición patriarcal, recibas una bendición del sacerdocio, o recibas revelación personal, busca las promesas que Él te está haciendo específicamente. Por lo general, la promesa o el pacto vendrá con una bendición de alegría y paz para los que son fieles. Aférrate a las promesas que Dios te ha hecho. Confía en Él y no pierdas la fe, porque Dios cumplirá todas Sus promesas.

4. Utiliza las palabras y las promesas de Dios para enfrentar las dificultades de la vida con paciencia y fe.

A veces las dificultades que enfrentamos en esta vida prueban nuestra fe. Puede ser difícil permanecer cerca al Espíritu cuando nos enfocamos en las cosas que no se dieron como las esperábamos, y cuando estamos lidiando con algo que es particularmente desafiante, podemos preguntarnos qué hicimos mal o por qué Dios no está contestando nuestras oraciones.

Tenemos que aceptar que los desafíos grandes o pequeños son parte de la vida. Algunos desafíos son el resultado del pecado o el resultado de decisiones que nosotros u otros hemos tomado, algunos son enviados por Dios para probarnos, y algunos son parte natural de la mortalidad. Algunos desafíos pueden durar mucho tiempo, y algunos nunca pueden ser resueltos en esta vida.

La verdad es que la paz no depende de nuestras circunstancias, sino que viene como resultado de nuestro discipulado. Cuanto más dependamos de la palabra de Dios y de las promesas que Dios nos ha hecho, más paz y tranquilidad podremos sentir. A medida que enfrentamos a nuestras dificultades con fe y paciencia, estaremos confiando en Dios y Su amor por nosotros, incluso en los tiempos más oscuros de la vida. Podemos ver ejemplos de esto en las escrituras y en los últimos días. Piensa en José Smith, Nephi o Gordon B. Hinckley. Al estudiar sus palabras y las palabras de Cristo dichas por medio de ellos en tiempos de prueba, nosotros también podemos conocer la verdad de lo que Cristo ha dicho: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo”. (Juan 16:33).

5. Ten esperanza de que “todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien”.

En Doctrina y Convenios leemos: “Escudriñad diligentemente, orad siempre, sed creyentes, y todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien, si andáis en la rectitud” (D. y C. 90:24). A veces no sentimos paz porque sentimos que no estamos donde deberíamos estar o donde quisiéramos estar. Pero podemos ser felices y encontrar la paz sin importar nuestras circunstancias. Recuerda que con Dios, cada experiencia en tu vida puede ser para tu bien y ser bueno para su salvación. Como dijo el Apóstol Orson F. Whitney,

“Ningún dolor que suframos, ninguna prueba que experimentemos estará perdida … Todo lo que sufrimos y todo lo que soportamos, especialmente cuando lo soportamos pacientemente, construye nuestro carácter, purifica nuestros corazones, expande nuestras almas y nos hace más tiernos y caritativos, más dignos de ser llamados hijos de Dios … y es a través de la tristeza y el sufrimiento, el esfuerzo y la tribulación, que obtenemos el conocimiento que venimos a adquirir aquí”

(Citado por Spencer W. Kimball en Faith Precedes the Miracle (1972), 98).

Encontrar la paz requiere fe, paciencia, esfuerzo y tener una perspectiva más divina de la vida, pero la promesa de ella está allí y está disponible para todos a través de la palabra de Dios. Él trabajará con nosotros donde nos encontremos. Y si le llevamos nuestros corazones rotos y las partes rotas de nuestras vidas y se las entregamos, Él puede curarlas, Él puede curarnos y ayudarnos a encontrar más felicidad, gozo y paz como nunca antes lo imaginamos posible. Recuerda el mensaje de Cristo para nosotros: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). En medio del caos del mundo, en nuestros días más oscuros y en nuestras más difíciles pruebas, podemos recordar que Dios es fiel y que el Señor está siempre a nuestro lado.

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por Angela D. Baxter y publicado en ldsliving.com, con el título “5 Ways to Experience Peace Through the Word of God”
Español ©2016 LDS Living, A Division of Deseret Book Company | English ©2016 LDS Living, A Division of Deseret Book Company
| Inspiración
Publicado por: Mariela V.
Traductora e intérprete. Le encanta la comida peruana, la música, el baile, escribir y jugar Pokémon Go mientras sale a pasear con su perro.
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