Cómo 2 talentosas conversas llegaron a ser las primeras miembros negras del Coro del Tabernáculo

Wynetta Martin Clark y Marilyn Yuille fueron las primeras miembros negras del Coro del Tabernáculo Mormón.

Los medios de comunicación en 1970 nombraron a Wynetta como la primera mujer negra en cantar en el Coro. Marilyn Yuille poco tiempo después, quien cantó con el Coro de 1969 a 1991.

The Associated Press informó lo siguiente en febrero de 1970:

“La primera, la Sra. Wynetta Martin, cantó con el coro por primera vez el 22 de enero en el servicio fúnebre del presidente de la Iglesia, David O. McKay, de 96 años.

La segunda, Marilyn Yuille, audicionó para el director del coro Richard P. Condie en diciembre y cantó en su primera presentación dos días después”.

Conociendo a Wynetta Martin

Wynetta Willis Martin Clark. Fuente: LdsLiving

Wynetta Willis Martin Clark sentía que faltaba algo en su vida, algo tan importante como el aire que respiraba.

Ese algo era un Dios que la amara y en quien pudiera confiar, un Dios que se preocupaba de Sus hijos e hijas, de sus anhelos y sentimientos.

Aunque los padres de Wynetta leían la Biblia y asistían a la iglesia, Wynetta solo conocía a un Dios que era malo y cruel. Con eso en mente, pensó que si esa representación de Dios reflejaba Su verdadera naturaleza, entonces no podía amarlo.

Wynetta no encontró paz en la religión, pero descubrió que la música la ayudaba a expresar todo lo que tenía en el corazón. La letra y la melodía de las canciones se convirtieron en su forma de orar.

A medida que crecía, Wynetta tuvo dificultades para unirse a una religión específica. Se describió a sí misma como una “turista” porque visitaba diferentes iglesias y nunca se quedaba en una por mucho tiempo.

Tenía el vacío que nada parecía llenar.

Una ferviente oración 

escuchar a Dios

“Querido Dios… Por favor, ayúdame en mi hora de mayor necesidad”. Imagen: Canva

Una noche, cuando estaba en su cama, Wynetta sintió que una terrible oscuridad se apoderaba de ella.

Un poder indescriptible hizo que se sintiera paralizada y llena de temor. En su desesperación, Wynetta hizo la oración más sincera de su vida: 

“Querido Dios… Por favor, ayúdame en mi hora de mayor necesidad”.

De repente, un sentimiento de paz penetró el alma de Wynetta. Creyó sentir que algo tocaba su frente, y escuchó una voz que decía suavemente: 

“Quédaos tranquila, y sabed que yo soy Dios”.

Wynetta finalmente encontró al Dios que había esperado conocer desde que era una niña. Ella sabía que existía y que era bondadoso. Lo único que quedaba por hacer era encontrar una religión que compartiera el testimonio que tenía de Él.

Una visita al hospital

milagros

Una miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que compartió brevemente con ella sus creencias. Imagen: Canva

Todo cambió después de que Wynetta tuvo una cirugía leve en su pierna, cuando tuvo que quedarse en la unidad de cuidados postoperatorios. 

Al principio, se sintió nerviosa; le preocupaba que la paciente con la que compartiría la habitación tuviera problemas con el color de su piel.

Esa paciente sería Barbara Weston, una mujer amable y sin prejuicios raciales, una miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que compartió brevemente con ella sus creencias.

Intrigada, Wynetta le pidió a Bárbara que le contara más sobre su Iglesia y, durante los siguientes cinco días, hablaron sin cesar sobre esta religión.

Wynetta se sintió verdaderamente convertida al Evangelio cuando leyó el relato de José Smith. 

Al leer sobre su experiencia con el adversario en la Arboleda Sagrada, inmediatamente pensó en su propia experiencia.

En 1966, dos meses después de salir del hospital, Wynetta se bautizó y aprendió más sobre el Dios que había estado buscando.

El deseo de cantar

“Espero que con frecuencia agradezcas a Dios por tu maravillosa voz”. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Wynetta aspiraba a unirse al Coro del Tabernáculo y se preparó para las audiciones. 

Obtuvo recomendaciones tanto de su obispo como del presidente de estaca, pero tuvo dificultades para programar una fecha para la audición con el hermano Richard Condie, el director del coro.

Cuando finalmente llegó el momento, estaba terriblemente nerviosa. El hermano Condie le brindó una sonrisa sincera que la ayudó a relajarse.

Después de cuarenta y cinco minutos de ejercicios vocales, el hermano Condie le dijo: “Bien, lo lograste… Espero que con frecuencia agradezcas a Dios por tu maravillosa voz”.

Wynetta y otra joven llamada Marilyn Yuille Norris fueron las primeras miembros negras del Coro del Tabernáculo.

coro del tabernáculo

“Al cantar, lo hago con todo mi ser a fin de mostrar la gran alegría que siento en mi vida”. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Junto a los otros miembros del coro, realizaron una gira por todo el país. Wynetta quedó asombrada por la oportunidad de cantar para el presidente de los Estados Unidos en Washington, DC.

Recorrió la Casa Blanca, visitó muchos sitios históricos e incluso pudo ver al presidente encender las luces del árbol de Navidad en Washington Square Park. Wynetta compartió que fue “[su] sueño hecho realidad”.

Wynetta fue invitada a cantar y discursar en diferentes ocasiones. Ella compartió su historia y cómo el Evangelio la había guiado a Dios.

Le brindó un nuevo propósito, la ayudó a descubrir su valor y la impulsó a tener más compasión. Ella escribió:

“Al cantar, lo hago con todo mi ser a fin de mostrar la gran alegría que siento en mi vida”.

Fuente: LdsLiving

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