Lo que el ejemplo de María nos enseña sobre alinear nuestra voluntad a la de Dios

“Hágase conmigo conforme a tu palabra”.

Esa fue la respuesta de María al ángel Gabriel después de que él le dijera que ella sería la madre del Hijo de Dios.

“Y entrando el ángel a donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres…

Y he aquí, concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús”. (Lucas 1: 28, 31)

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Cualquier mujer se hubiera sorprendido e incluso se hubiera asustado ante tal pronunciamiento. Tal vez, incluso se hubiera desmayado. ¡Pero no, María no! A pesar de sus temores, aceptó ese llamado con gracia.

¡Qué gran fe! Su confianza en Dios hizo que su voluntad se sometiera al plan divino del Padre Celestial. Desde joven ya confiaba en la grandeza del Plan de Salvación. Ella sabía lo que tenía que hacer y obedeció fielmente a su Padre.

¿Qué aprendemos de esa sencilla respuesta? y ¿cómo podemos seguir mejor el ejemplo de María?

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¿Te imaginas tener ese tipo de fe? ¿Ser capaz de someterte de inmediato y por completo a un plan muy diferente a cualquier otro que hubieras imaginado para ti mismo?

El Salvador imitó el sentimiento de Su madre en el huerto de Getsemaní cuando se sometió a la voluntad del Padre.

Solo puedo imaginar que la fe de María dejó esa huella en la Suya.

No obstante, esta sumisión a la voluntad de Dios no siempre es lo más fácil de hacer.

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Si soy sincera, no me parezco mucho a María naturalmente. Tengo la horrible costumbre de tratar de gestionar al detalle a Dios en mi vida. Insisto en planificar todo y, luego, me cuesta mucho dejar ir mis planes para aceptar cualquier otra cosa.

Creo en Dios absolutamente, pero a menudo me cuesta confiar en Él.

Aunque a veces es difícil, me pregunto: “¿Me estoy alineando voluntariamente con la voluntad de Dios para mi vida?”

Reflexionar con respecto a la respuesta a esa pregunta me ha ayudado a ver las cosas desde una perspectiva eterna. Así que, si lo haces, te aseguro, que esta Navidad, encontrarás la verdadera paz.

María no fue una mujer común. Ella fue un modelo de fuerza y ​​obediencia, un modelo de cómo ser una verdadera madre.

Su fe fue incondicional y la ayudó a superar las dudas y las dificultades que la llevaron a esa primera Navidad. En su mente, entendió el Plan. En su corazón sabía que algún día, este bebé le daría luz. El Salvador del mundo, Jesucristo, nos ilumina a todos.

Fuente: LDS Living y Faith.ph

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