Cómo las Escrituras me han ayudado a entender y enfrentar la depresión

“Y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos”. (Éter 12: 27)

No es ningún secreto que las debilidades están mal vistas en nuestra sociedad. De hecho, la sociedad hace básicamente todo lo posible para encubrir las debilidades y los defectos.

Estamos rodeados de fotos editadas, música con auto tune y vidas “perfectas”.

Incluso en las redes sociales se ha adoptado una mentalidad perfeccionista. Rara vez, las personas publican algo en Facebook o Instagram que no haya sido editado para enmascarar algo que se considere menos que perfecto.

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Es difícil vivir en un mundo como este. Es difícil ser bombardeado constantemente con la perfección y asumir que todo aquello que no sea perfecto es inaceptable.

Algo que por lo general se considera una “debilidad” en la sociedad son las enfermedades mentales. No puedo contar la cantidad de cosas negativas que escuché en una conversación sobre las enfermedades mentales.

“Si dejara de pensar en sí misma, tal vez podría ser más feliz. No es depresión, es egoísmo”.

“Ese chico de allí debe estar loco. No quiero ir por ahí”.

“Yo nunca contrataría a ese hombre. Está loco. Escuché que es bipolar”.

depresión

En cierto modo, la sociedad tiene razón. Las enfermedades mentales son una debilidad, como cualquier otra enfermedad.

Los problemas cardíacos son una debilidad. Una pierna rota es una debilidad. La diabetes es una debilidad. Sin embargo, aquí está la diferencia: no se escucha a las personas condenar a alguien por tener un problema cardíaco.

Es hora de que se ponga fin a la negatividad y los malentendidos con respecto a las enfermedades mentales.

El hecho de que luche con la depresión no significa que sea menos persona que alguien que camina por la calle. Tengo mis desafíos y debilidades, y esa persona también.

Una de las mayores bendiciones del evangelio de Jesucristo es la promesa de la perfección. Un día, estaremos ante Dios, perfeccionados, gracias a nuestro Salvador, Jesucristo. No somos perfectos ahora y no sirve de nada fingir que lo somos.

Todos tenemos pruebas, desafíos y debilidades que superar. Se nos dan estos desafíos para que “seamos humildes”, nos acerquemos a Dios y le pidamos Su ayuda suprema.

Esperar la perfección ahora o fingir ser perfectos es negarnos a nosotros mismos las bendiciones de acudir a Dios con humildad en busca de Su ayuda.

Es a través de los desafíos que Dios nos hace más fuertes y nos convierte en las personas que debemos ser.

A veces mi depresión me hace sentir muy débil. Hay días en los que lo único que puedo hacer es salir de la cama y recoger mi cabello en una cola de caballo. He pasado por noches oscuras en las que me he puesto de rodillas y le he rogado a Dios que hubiera luz.

He pasado momento muy difíciles. Sin embargo, también sé que mis desafíos no son tan malos como los de otras personas que enfrentan enfermedades mentales.

Mis pensamientos sobre la depresión y las enfermedades mentales cambiaron recientemente. Mientras hablaba con mi obispo, él mencionó la escritura de Éter 12:27.

“Y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos”.

De repente, simplemente lo entendí. Una de mis debilidades mortales es la depresión.

Al acercarme al Señor constantemente con humildad, Él hará de esta debilidad una fortaleza. Las enfermedades mentales son algo que puedo superar. Esto no significa que seguramente mejoraré por completo. De hecho, creo que es algo que enfrentaré toda mi vida. Sin embargo, puedo superarlo y convertirlo en una fortaleza mientras acudo al Señor.

Las debilidades no deben ser mal vistas. Son parte de esta experiencia mortal. Mis debilidades y desafíos me hacen humana. Pero, también soy hija de un Ser Divino. Él me ama a mí, a ti y a todos.

Somos muy valiosos para Él y Él está esperando ayudarnos. Todo lo que tenemos que hacer es venir a Él.

¿Cómo el evangelio te ayuda a lidiar con tus debilidades?

Fuente: Mormon Buzz

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