Gana mundial de fisicoculturismo en silla de ruedas donada por la Iglesia de Jesucristo

Un día, Macethandile “Max” Kulati se despertó y descubrió que no podía caminar. Una mala operación de espalda lo dejó paralizado.

Max, que nació en Sudáfrica y gozaba de una muy buena salud, dijo que pensó que su vida había terminado.

“Poco sabía que Dios me estaba preparando para una vida y un viaje mejores”, dijo.

Max dijo que estaba “atrapado en la oscuridad después de la operación”.

“Solo deseaba que me dejaran en paz y morir. Sin embargo, Dios tenía otros planes para mí”, expresó.

A través de lo que él ve como una intervención divina, conoció a un terapeuta ocupacional que lo ayudó a encontrar una silla de ruedas.

Una gran bendición

Foto: Newsroom

Las sillas de ruedas para personas de estatura más alta que el promedio son difíciles de conseguir.

No obstante, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días estableció un programa en la clínica local de Max, el Hospital Provincial de Uitenhage.

La Iglesia proporcionó sillas de ruedas gratuitas a los necesitados y capacitó a los terapeutas para adaptarlas correctamente a los usuarios.

“Lo que realmente puedo decir es que Dios me envió la silla de ruedas de la Iglesia de Jesucristo mientras luchaba por conseguir una silla de ruedas para alguien de mi estatura después de la cirugía”, dijo Max.

Ganador de una competencia mundial

Foto: News 24

Han pasado ocho años desde que Max quedó discapacitado. Sin embargo, no se dejó vencer, recientemente fue coronado como el ganador del Campeonato Mundial de la Federación Internacional de Fisicoculturismo y Fitness en Eslovenia.

Max, que representó a Sudáfrica en los campeonatos, es el primer fisicoculturista en silla de ruedas de África en ganar el título. Antes de ir a competir a Eslovenia, ganó muchos otros títulos en Sudáfrica.

Para Max, este viaje ha sido milagroso.

Un viaje inesperado y milagroso

Foto: Herald Live

“Antes de la cirugía era alcohólico. Yo no creía en Dios. Mi madre solía sobornarme con dinero para comprar alcohol con tal de ir a la iglesia, aunque fuera por unas pocas horas”, dijo.

Si no fuera por su operación fallida, Max dijo: “Ya estaría muerto”.

Agregó:

“Cuando Dios cambió mi vida, primero me alejó de las amistades y relaciones tóxicas que tenía y Él [Dios] me presentó a hombres temerosos de Dios que oraron conmigo y por mí, y me ayudaron a salir del lugar oscuro en el que me encontraba”.

Tener acceso a una silla de ruedas que se ajustaba bien a él le dio la movilidad que necesitaba para comenzar a entrenar como fisicoculturista.

La silla de ruedas que esperaba

Foto: RSG

“Cuando recibí la silla de ruedas, yo encajaba perfectamente en ella, era cómoda, ¡era excelente! Era linda y pequeña. Incluso, puedo usar el transporte público sin problemas.

La llamo mi silla de ruedas de Jesucristo por la calcomanía en la parte posterior y porque me permitió comenzar a levantar pesas.

Hoy, soy un campeón de fisicoculturismo. Dios me bendijo y me sigue bendiciendo porque trajo [la Iglesia] a mi vida”, dijo Max.

La Iglesia trabaja para mejorar las oportunidades educativas y económicas, la movilidad y la salud de las personas con discapacidades físicas.

Una Iglesia que da esperanza y amor

Foto: Newsroom

El programa también organiza voluntarios para capacitar a organizaciones locales para evaluar las necesidades individuales, seleccionar y ajustar las sillas de ruedas apropiadas para sus beneficiarios. Asimismo, la Iglesia brinda capacitación sobre la reparación y el mantenimiento de las sillas de ruedas

“Me gustaría agradecer a todos aquellos que formaron parte de mi vida. Especialmente, a la Iglesia por la silla de ruedas que me donó. Me siento muy agradecido con la Iglesia por dar esperanza y amor a las personas con discapacidades”, dijo.

Fuente: Newsroom

Si la vida te da una segunda oportunidad, no te des por vencido:

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