El Presidente Russell M. Nelson emitió el siguiente desafío a los jóvenes de la Iglesia en 2017:

“¿Cómo pueden desarrollar su discipulado? Tengo una invitación para ustedes que los ayudará – una asignación, en realidad– si deciden aceptarla. Comiencen [ahora] a consagrar una parte de su tiempo cada semana a estudiar todo lo que Jesús dijo e hizo como se registra en el Antiguo Testamento, porque Él es el Jehová del Antiguo Testamento. Estudien Sus leyes como se registra en el Nuevo Testamento, porque Él es su Cristo. Estudien Su doctrina como se registra en el Libro de Mormón, ya que no existe un libro de escritura en el que se revelen de manera más clara Su misión y Su ministerio. Además, estudien Sus palabras tal como se registran en Doctrina y Convenios, porque Él sigue enseñando a Su pueblo en esta dispensación”.

“Esta puede parecer una gran asignación. Pero, los animo a aceptarla. Si siguen aprendiendo lo más que puedan sobre Jesucristo, les prometo que su amor por Él y por las leyes de Dios, crecerán más allá de lo que imaginan actualmente. Les prometo también que su habilidad para alejarse del pecado aumentará. Su deseo de guardar los mandamientos se elevará. Serán más capaces de alejarse del entretenimiento y los enredos de aquellos que se burlan de los seguidores de Jesucristo”.

Si bien el desafío es de 2017, nunca es demasiado tarde para aprender más acerca de nuestro Salvador. Además, la invitación del Presidente Nelson no ha expirado. Para ayudarte a conocer mejor a Cristo, aquí compartiremos 10 títulos o nombres poco conocidos de nuestro Salvador, tal como se encuentran en las Escrituras, para ayudarte en tu estudio:

1. Obispo de vuestras almas

Jesucristo

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Escritura:

“Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas”. – 1 Pedro 2: 25

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con los obispos. Los vemos cada semana sentados en el estrado presidiendo la reunión sacramental.

Nuestros obispos son jueces de Israel, y Cristo es el obispo principal que preside sobre todos nosotros y sobre la Iglesia. Podemos acudir a Él en busca de consejos o consuelo.

El Diccionario de la Biblia declara:

“La palabra griega episkopos significa ‘guardián’, un oficio o puesto de responsabilidad. Por eso, Jesús es llamado el ‘obispo de vuestras almas’”.

Al igual que nuestros obispos de barrio, Cristo está ahí para ayudarnos y proporcionarnos guía mientras avancemos con dificultad por la mortalidad. Sin embargo, Él también es nuestro Salvador y Redentor, y solo por medio de Él podemos arrepentirnos y ser purificados.

2. Raíz de David

Jesucristo

Escritura:

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores; he aquí que el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos”. – Apocalipsis 5: 5

El manual de Doctrina y Convenios para el alumno declara:

“En ciertas escrituras se hace referencia a Cristo como ‘la Raíz de David’ (Apocalipsis 5:5; 22:16). Según el Élder Bruce R. McConkie, ‘Esta designación significa que Él que fue el hijo de David también estaba antes que David,  fue preeminente por encima de Él, y fue la raíz o fuente de la que el gran rey de Israel obtuvo su reino y poder’” (véase Mateo 22: 44–45).

El manual del Nuevo Testamento para el alumno da la siguiente explicación:

“A Jesús también se le llama ‘la Raíz de David’. Los escritores del Evangelio con frecuencia enfatizaron que Jesús fue un descendiente del rey David (véase Mateo 1: 1; Marcos 10:47; Lucas 1:32; Juan 7:42). Luego, en la revelación de Juan, el mismo Cristo declaró, ‘Yo soy la raíz y el linaje de David’ (Apocalipsis 22: 16). Una raíz que proporciona el agua y el alimento que preservan la vida de una planta, esa fue la misión de Jesucristo con todos los que lo aceptaron como su Salvador y Redentor (véase Juan 15: 1–8; véase también Isaías 11: 1; 53: 2)”.

3. El León de la Tribu

Jesucristo sufrimiento

Escritura:

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores; he aquí que el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos”. – Apocalipsis 5: 5

El manual del Nuevo Testamento para el alumno brinda la siguiente explicación:

“’León de la tribu de Judá’ es un título adecuado porque un león es majestuoso y poderoso, y porque el Salvador nació a través del linaje de Judá (véase Génesis 49: 8–10; Mateo 1: 3; Hebreos 7:14). El título de León de Judá contrasta con el ‘cordero’ manso y expiatorio mencionado en el versículo 6. Estas dos imágenes expresan que Cristo posee majestuosidad y mansedumbre”.

4. El autor y consumador de nuestra fe

La Iglesia de Jesucristo

Escritura:

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien, por el gozo puesto delante de él, sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. – Hebreos 12: 2

Algunas traducciones de la Biblia reemplazan “autor y consumador” por “fundador y perfeccionador”, traducciones que ilustran roles importantes de nuestro Salvador Jesucristo. Jess L. Christensen, el entonces director del Instituto de Religión de la Universidad de Utah, dijo en 1986:

“Cuando nuestro Padre Celestial presentó su plan de salvación, Jesús apoyó el plan y su participación en él, dando gloria a Dios, a quien pertenecía en realidad. Por otro lado, Lucifer, buscó poder, honra y gloria solo para sí mismo (véase Isaías 14: 13–14; Moisés 4: 1–2)”.

Cristo no solo fue clave en la creación del plan, sino que Él también fue vital para su cumplimiento.

El manual de Preparación Misional para el alumno (2005) declara lo siguiente:

“El profeta José Smith enseñó que la Expiación del Salvador fue parte esencial del plan de salvación: ‘Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente dependencias de esto” (Enseñanzas del profeta José Smith, pág. 141).

Cristo es autor, creador, fundador y el primogénito, pero también nos acompaña en nuestro camino de fe y hace posible la vida eterna como el primero que resucitó, el ungido, el consumador de la obra de Dios y el perfeccionador.

5. La imagen del Dios visible

La Iglesia de Jesucristo

Escritura:

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque por él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él”. – Colosenses 1:15-16

El Élder Robert D. Hales lo explicó mejor cuando dijo: “Dios y Cristo literalmente son Padre e Hijo: seres separados, distintos e individuales que tienen una total unidad en Su propósito”.

Dios y su hijo unigénito están tan unidos que a veces se hace referencia a ellos como si fueran “uno” en las Escrituras (Juan 10: 30).

Jesucristo vino a la tierra y tuvo un cuerpo de carne y hueso, a imagen de Dios, e hizo la voluntad del Padre en todas las cosas. Por eso, Él fue la manifestación física de la voluntad de Su Padre durante Su tiempo en esta tierra.

6. El primogénito de toda creación

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Escrituras:

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque por él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él”. – Colosenses 1: 15 – 16

El Diccionario de la Biblia declara:

“Jesús es el primogénito de los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial, el Unigénito del Padre en la carne y el primero en levantarse de entre los muertos en la Resurrección ‘para que en todo tenga la preeminencia’”. (Col. 1:13–18)

7. La puerta de las ovejas

La Iglesia de Jesucristo

Escritura:

“Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas”. – Juan 10: 7

Con frecuencia, a lo largo de las escrituras a los discípulos de Jesús se les llama ovejas y a Cristo nuestro pastor. Él nos guía y vela por nosotros durante nuestro tiempo en la tierra y, si lo seguimos, podremos ser salvos.

Juan 10: 9 declara:

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare será salvo; y entrará, y saldrá y hallará pastos”.

Cristo hizo una expiación infinita y eterna por toda la humanidad. Él es la única puerta por la que podemos regresar a nuestro Padre Celestial y ser salvos.

En su libro “Because of the Messiah in the Manger”, Brad Wilcox habló de lo que aprendió de un guía palestino local sobre los pastores en Tierra Santa.

“Por la noche, [los pastores] juntaban los rebaños [en cuevas] para protegerlos de los lobos, los chacales y los ladrones. Algunas de las cuevas albergaban a más de 200 ovejas. Varios pastores trabajaban juntos para bloquear con piedras la parte delantera de una cueva, y dejaban una estrecha entrada por la que solo una o dos ovejas podían pasar a la vez. Luego, los pastores llevaban a las ovejas al redil y se turnaban para bloquear la entrada a la cueva mientras los demás dormían. Sam dijo, ‘El pastor de servicio no solo cuidaba la puerta, se convertía en la puerta’. No es de sorprender que el Salvador una vez haya dicho, ‘Yo soy la puerta de las ovejas’ (Juan 10: 7) y ‘El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador’ (Juan 10: 1)”.

8. Siloh

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Escritura:

“No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos”. – Génesis 49: 10

El Diccionario de la Biblia sostiene:

“Muchos eruditos bíblicos han considerado el nombre que se encuentra en Gén. 49: 10 como una profecía de la venida del Mesías. Esta interpretación la confirma TJS Gén. 50: 24 (apéndice) y se cumplió con el hecho de que Jesucristo realmente es del linaje para ser el heredero del trono de David. Siloh se puede leer como una abreviación de ‘Aquel a quien pertenece’; para tal frase que se refiere al Mesías, véase Ezequiel 21:27”.

Algunas traducciones alternativas de Siloh son “paz”, “el pacífico”, y “el que ha sido enviado”.

9. La vid verdadera

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Escritura:

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”. – Juan 15: 1

La parábola en Juan continúa:

“Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer” (Juan 15: 2 – 5).

El Élder Anthony R. Temple, en un discurso de 2003, declaró:

“En esta alegoría existen dos principios importantes: Primero, debemos fundamentarnos en Cristo. Si no lo estamos, no seremos fructíferos (véase Juan 15:4). Si nuestras vidas no están en armonía con las enseñanzas del Salvador, no es probable que demos más frutos buenos que un pámpano cortado de una vid que dará frutos. Segundo, incluso cuando vivimos en rectitud, todavía necesitamos al Jardinero, que nos conoce de manera muy completa y ve más allá de lo que vemos, para que Él pueda purgarnos, podarnos y purificarnos (véase Juan 15: 2). Si bien a veces esta poda puede parecer difícil de soportar, es solo a través de este proceso que podremos ser más fructíferos”.

10. El Amén, el testigo fiel y verdadero

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Escritura:

“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí, el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios”.

La Guía de Escrituras sostiene lo siguiente:

Significa “que así sea” o “así es”. El vocablo amén se usa para expresar una aceptación y un acuerdo sinceros o solemnes (Deut. 27:14–26) o para afirmar la verdad (1 Rey. 1:36). En la actualidad, al final de las oraciones, los testimonios y los discursos, los que escuchan la oración o el mensaje pronuncian un amén audible para indicar su acuerdo y aceptación de lo dicho.

En los tiempos del Antiguo Testamento, amén era la respuesta correcta de la persona a quien se proponía un juramento (1 Cró. 16:7, 35–36; Neh. 5:12–13; 8:2–6). Se le llama a Cristo “el Amén, el testigo fiel y verdadero” (Apoc. 3:14). En la escuela de los profetas, amén también servía de señal de convenio (DyC 88:133–135).

Cristo hizo la voluntad del Padre en todas las cosas y, por lo tanto, dio “aceptación solemne” a Su plan, incluso cuando supo que eso significaba soportar un gran sufrimiento (véase Lucas 22). De esta manera, Él es el Amén.

3 Nefi 11: 11 sostiene:

“Y he aquí, soy la luz y la vida del mundo; y he bebido de la amarga copa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, tomando sobre mí los pecados del mundo, con lo cual me he sometido a la voluntad del Padre en todas las cosas desde el principio”.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Daedan Olander y fue publicado en ldsliving.com con el título “10 Lesser-Known Titles of Christ + Their Powerful Meaning”.