Cada uno de nosotros tiene objetivos que percibimos como una medida de éxito aquí en esta vida. Como parte de nuestro progreso en esta Tierra, se nos presentan desafíos que nos permiten crecer. Después de todo, esa fue una de las razones por las que nuestro Padre Celestial nos envió a este mundo mortal.

Por otro lado, el adversario, siempre hace todo lo posible para detener nuestro progreso hasta que dejemos de intentarlo. En lugar de ayudarnos a ver las bendiciones del fracaso, Satanás nos convence de que nuestros errores son definitivos y que ya no tenemos posibilidades de tener éxito.

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Sin embargo, el Señor siempre quiere que sepamos que los fracasos son solo parte de este viaje. El presidente Thomas S. Monson nos dio un poderoso recordatorio de la fe de Dios en nosotros cuando dijo:

“Uno de los dones más grandes que Dios nos ha dado es el gozo que se siente al intentar algo por segunda vez; ningún fracaso tiene por qué ser definitivo”. 

Con la ayuda de las personas que nos aman y nos apoyan, y el poder de la oración como guía, podemos tener la oportunidad de ver las bendiciones del fracaso.

EL FRACASO NOS HACE REEVALUAR NUESTRAS ELECCIONES

El fracaso se puede atribuir a la falta de preparación o simplemente al bajo rendimiento.

Los fracasos nos ayudan a reconocer que el camino hacia el éxito es el mismo que ir a la batalla: cuando estamos preparados, no hay nada que temer.

Fracasar nos ayuda a identificar las cosas que necesitamos mejorar. Podemos preguntar a nuestros líderes y mentores a nuestro alrededor que han experimentado un fracaso, qué hicieron para superarlo y seguir adelante.

Sobre todo, podemos pedirle a nuestro Padre Celestial que nos ayude a identificar nuestras propias deficiencias, porque Él nos conoce mejor que nosotros mismos.

El fracaso es una parte esencial del progreso. Nos ayuda a evaluar nuestras elecciones y, si se toma de manera positiva, puede aumentar nuestro deseo de mejorar y ser mejores.

EL FRACASO TRAE CAMBIO

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No obtener los resultados que deseamos de algo para lo que nos hemos preparado es doloroso. Las decepciones a veces pueden hacernos cuestionar nuestro futuro, o incluso nuestra autoestima.

En esos tiempos oscuros, debemos aprender a detenernos, reflexionar, incluso llorar, y aceptar que el fracaso puede traer cambios. Nos ayuda a ser humildes, evaluar nuestros hábitos y pedir más guía al Señor.

Esto me recuerda la experiencia del élder Hugh B. Brown y cómo su fracaso al intentar obtener el ascenso que quería lo ayudó a comprender mejor la voluntad del Señor.

Cuando nos enfrentamos a fracasos desgarradores, recordemos que el fracaso, a pesar del dolor que conlleva, nos ayuda a mejorar.

EL FRACASO NOS ENSEÑA LECCIONES DURADERAS

Los nombres que conocemos de las lecciones de historia son nombres de numerosas personas que nunca abandonaron su pasión. Deberíamos sacar fuerza de sus ejemplos y comprender que sus éxitos se produjeron después de sus fracasos, no antes.

Las personas que finalmente triunfan después de fracasar tienen tres cosas en común: Aprendieron de sus errores, no se quedaron amargados y perseveraron.

El Libro de Mormón es una recopilación de las historias de vida de seres humanos imperfectos que lucharon contra sus imperfecciones y salieron victoriosos porque aprendieron y perseveraron.

Asimismo, nos presenta las desalentadoras consecuencias de pensar que el fracaso es definitivo.

La persistencia de Nefi y sus hermanos para obtener las planchas de bronce de Labán a pesar de dos intentos fallidos, nos permite ver la mano del Señor guiando a quienes siguen en la lucha.

¿Qué podría haber pasado si Alma y Amulek hubieran dejado de enseñar porque los rechazaban constantemente?

Aprender de los fracasos de otras personas puede ayudarnos a darnos cuenta de que, para los fieles, el fracaso nunca es definitivo.

EL FRACASO ES PARTE DE NUESTRO VIAJE PARA LLEGAR A SER COMO CRISTO

alcanzar tus objetivos

Nuestro viaje para llegar a ser como Cristo se puede comparar con el proceso de creación de una espada, no una espada perfecta, sino la más eficiente y efectiva.

Una espada atraviesa numerosas sesiones de fundición, martilleo, decoración y refinación. A pesar de este proceso largo y aparentemente doloroso, todavía tendrá partes quebradizas, ásperas o sin brillo.

La espada no será perfecta de inmediato, pero eso no significa que se deje a un lado: en manos de un maestro artesano, continuará pasando por los mismos procesos hasta que alcance un estado completamente perfecto.

Al igual que la espada, también pasamos por un proceso de refinación, un proceso que incluye el fracaso.

Fracasar varias veces en nuestras vidas no significa que alguna vez seremos abandonados, sino que debemos someternos nuevamente al proceso de refinación hasta que emerjamos casi perfectos, sabios, valientes y nos convirtamos en una inspiración para otros que seguirán nuestros pasos, a pesar de sus imperfecciones.

La excelencia es un objetivo de por vida. Los éxitos son pasos hacia ese objetivo y los fracasos son la razón por la que avanzamos.

El fracaso es inevitable: cada vida presentará una serie de eventos decepcionantes. Cuando pasemos por momentos desalentadores, debemos recordar la promesa de amor que el Señor dio en Jeremías 29: 11:

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros un porvenir y una esperanza”.

El Señor brinda oportunidades de éxito, aunque a veces vengan envueltas en fracaso.

Continúa aprendiendo del fracaso y nunca cedas ante los pensamientos desalentadores del adversario. Todos podemos lograrlo con la ayuda del Señor, si continuamos avanzando con fe. ¡No te rindas, tú puedes con esto!

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Giulia y fue publicado en faith.ph con el título “Four Lessons We Can Learn From Failure”.