Tu Padre Celestial secará toda lágrima de cada prueba que pases, Él te sostendrá

Un día, mi esposa y yo reflexionamos sobre lo rápido que se acercó el día en que nuestros hijos dejarían nuestro hogar para formar sus propias vidas.

Hemos pasado momentos de alegría. Hemos pasado momentos de tristeza. Ha habido ocasiones en las que deseaba poder quedarme en mi habitación y no salir. Ha habido momentos en los que he llorado de gratitud por el privilegio de ser padre de hijos tan maravillosos.

Al llegar al final de esta parte de mi vida, realmente puedo decir que la experiencia en general ha sido feliz y llena de bendiciones. 

Entonces, si mi destino era ser feliz, ¿por qué tuve que pasar por tantas dificultades, dolor y tristeza en mi vida?

La respuesta proviene de un análisis de casos opuestos. 

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El gozo y la tristeza

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Pensemos en Adán y Eva en el jardín del Edén. No atravesaron tribulaciones. Las plantas florecían y los frutos abundaban.

Todo fue muy idílico hasta que llegó Lucifer.

Con todo lo que él causó, uno podría preguntarse ¿cómo es que llegó allí en primer lugar?

¿Por qué el Padre Celestial no impidió su entrada al jardín, sabiendo que probablemente arruinaría la existencia pacífica de nuestros primeros padres?

Dios mismo respondió esa pregunta milenios después, por medio del profeta José Smith:

“Y es menester que el diablo tiente a los hijos de los hombres, de otra manera estos no podrían ser sus propios agentes; porque si nunca tuviesen lo amargo, no podrían conocer lo dulce”. -DyC 29:39

¿De qué manera experimentar lo amargo aumenta nuestra apreciación por lo dulce?

Las cargas y el alivio de los cielos

Para esto me gustaría compartir la historia de Alma padre. El pueblo de Alma fue fiel y diligente. Habían establecido una iglesia, se habían enseñado el Evangelio unos a otros y eran industriosos. 

Sin embargo, aún tenían que crecer espiritualmente y la adversidad puede ser un maestro poderoso. En medio de su prosperidad y rectitud, fueron descubiertos por un ejército lamanita y tomados en cautiverio.

“Porque he aquí, os mostraré que fueron reducidos a la servidumbre, y nadie podía librarlos sino el Señor su Dios, sí, el Dios de Abraham e Isaac y Jacob”. –Mosíah 23:23

Al ser forzados a la esclavitud, estuvieron sujetos a llevar cargas pesadas. Fueron amenazados de muerte si oraban por su liberación.

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Con el tiempo, el Señor alivió sus cargas, pero permanecieron en cautiverio. Al final, fueron milagrosamente liberados de sus captores. 

¿Cómo reaccionó este pueblo ante este cautiverio aparentemente inmerecido y la eventual redención?

“Sí, y en el valle de Alma expresaron efusivamente sus gracias a Dios porque había sido misericordioso con ellos, y aliviado sus cargas, y los había librado del cautiverio; porque estaban en servidumbre, y nadie podía librarlos sino el Señor su Dios.

Y dieron gracias a Dios, sí, todos sus hombres y todas sus mujeres y todos sus niños que podían hablar elevaron sus voces en alabanzas a su Dios”.- Mosíah 24: 21-22

Una vez más, no creo que el pueblo de Alma hubiera “expresado efusivamente sus gracias” si es que hubieran seguido viviendo en paz y armonía. Las dificultades de la prueba crearon un mejor aprecio por sus bendiciones.

Con este ejemplo, ¿tiene más sentido porqué el Padre Celestial permitió que Lucifer se infiltrara en el jardín? ¿Nos ayuda a comprender por qué estamos sujetos a guerras, sequías, hambrunas y pandemias? 

Con tal comprensión, ¿encajan nuestros desafíos personales como la salud mental, el divorcio, la enfermedad y la soltería con el gran plan de felicidad?

Por cada guerra hay un eventual armisticio. Por cada sequía hay días de lluvia. Todas nuestras pruebas terminarán en algún momento. ¿Cuál será el resultado final de nuestros dolores?

“Y enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de ser”.- Apocalipsis 21: 4

Periodos de crecimiento

Apenas puedo pensar en una situación de mayor bendición que la de nuestro amoroso Padre Celestial secando con ternura y compasión las últimas lágrimas de nuestras tribulaciones en la tierra.

Es a través del dolor que podemos obtener una mayor perspectiva y felicidad.

Recuerda, hacer lo justo no nos evita las pruebas. En todo caso, podría invitarlas a nuestras vidas. 

Es como el entrenador que quiere llevar a un jugador de su equipo al siguiente nivel. Es probable que el entrenador haga que ese jugador corra más vueltas, asista a más prácticas y se esfuerce al límite para mejorar su rendimiento.

Conociendo el potencial del jugador, el entrenador le brindará oportunidades para crecer. Creo que nuestro crecimiento espiritual no es diferente.

A medida que nos esforzamos por guardar los convenios y acercarnos más a Dios, Él responde brindándonos oportunidades de crecimiento adicionales.

Algunas de estas oportunidades surgen por medio de desafíos y pruebas.

Son las experiencias amargas que allanan el camino para lo dulce que vendrá a nuestras vidas.

Si te sientes agobiado por las dificultades, recobra el ánimo. Estás siendo refinado. Estás siendo entrenado por los cielos. El Padre Celestial te ha escogido como alguien digno de purificación y promesas celestiales.

Un día llegarás a tu metafórica tierra prometida. Y luego, como los jareditas, derramarás lágrimas de gozo y gratitud por el largo recorrido, la protección del Señor y el crecimiento que lograste en el proceso.

Todos podemos esforzarnos por estar agradecidos y encontrar gozo en la aspereza de nuestros caminos personales hacia la redención.

Fuente: ldsliving.com

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