Como humanos, anhelamos el éxito. Pero, no simplemente cualquier éxito. El éxito perfecto. El éxito perfecto en nuestros hogares, nuestras relaciones y carreras. Por eso, luchamos, escalamos y alcanzamos las estrellas. ¡Observa todo lo que hemos logrado como humanidad! Las pirámides, las naves espaciales, las computadoras portátiles, los deportes extremos. En todo, cada vez somos mejores. Pero, cuando creemos que el éxito se logra sin fracasar, ahí es cuando exactamente todo se estrella y se consume.

No estropees lo que importa más

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Generalmente, parece que entendemos que llevamos la mayor parte de las cargas en esta vida. Aunque perfeccionar nuestras fotos de Instagram para algunos es un esfuerzo diario, muchos de nosotros nos damos cuenta que la verdadera felicidad se encuentra en un cónyuge, una familia, nosotros mismos y una carrera exitosa para llevar lo que apreciamos más.

Sin embargo, al igual que un perfeccionista cauteloso que trabaja en un proyecto de arte, como artistas de nuestras vidas, tenemos cuidado de “chocar” o “no tocar nada” y sobre todo no “estropearlo.” Nos volvemos hipervigilantes de nuestras acciones y los resultados que derivan de cualquier otro pequeño gesto.

En algunos casos, este tipo de precaución hace mucho bien para evitar que caigamos en un peligro mayor en nuestras vidas. Sin embargo, cuando esperamos que esta precaución evite todos los errores en el tapiz de nuestras vidas, entonces, estamos equivocados.

“Los errores son un hecho de la vida. Aprender a tocar expertamente el piano es esencialmente imposible sin cometer miles de errores, incluso un millón. Para aprender un idioma extranjero, uno debe enfrentar la vergüenza de equivocarse miles de veces, incluso un millón. Hasta los mejores atletas nunca terminan de cometer errores.”

Cuando se trata de encontrar un cónyuge, criar hijos y construir una carrera. Seriamos sabios al notar que todas estas palabras involucran un verbo progresivo. Encontrar. Criar. Construir. Es un proceso. Dentro de ese proceso, los corazones se romperán, las lágrimas se derramarán, la motivación se agotará y se cometerán errores.

Fracasar no es definitivo. Más bien es necesario para el éxito final y duradero.

No obstante, sin fracasos e imperfecciones, realmente podríamos estar causando más daño a nosotros mismos y a aquellos que nos rodean.

A continuación, hablaremos sobre algunos ejemplos donde el fracaso y las imperfecciones son más útiles que no.

La pureza se encuentra junto a la divinidad, no a las cajas antisépticas

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Una forma de esta creencia peligrosa en la perfección sin fracasos se encuentra en el cuidado constante de la limpieza para producir buena salud. El deseo de una buena salud es un esfuerzo que vale la pena. Sin embargo, los ambientes libres de infecciones podrían no ser la solución.

Por ejemplo, durante casi 300 años, a millones de personas se les ha inyectado bacterias, con la esperanza de que la bacteria tomada en pequeñas medidas ayudará al cuerpo a aprender a luchar contra las infecciones mientras se encuentra en un estado débil. Luego, cuando surja una infección mayor, el cuerpo ya habrá aprendido qué hacer y cómo soportar una enfermedad debilitante. Además, muchos han podido sobrevivir ilesos a epidemias debido a enfermedades graves.

De este modo, las bacterias aunque perjudiciales, tomadas en pequeñas cantidades, pueden ayudar en lugar de dañar.

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Los estudios más recientes han demostrado que los bebés que no contraen infecciones durante el primer año de sus vidas están más propensos a desarrollar la forma más común de cáncer infantil.

Los investigadores, en realidad, recomendaron llevar a los niños a lugares públicos como guarderías, para permitir que los niños contraigan infecciones. De este modo, vivir dentro de una caja antiséptica no es la mejor opción para los niños.

Los humanos presentan tres tipos de inmunidad: innata, adaptativa y pasiva. La inmunidad innata proviene naturalmente y en muchas oportunidades puede ayudarnos a evitar contraer enfermedades. Sin embargo, la inmunidad innata no puede mantenernos a salvo solos.

Nuestra inmunidad adaptativa se vuelve más fuerte cuando contrae más infecciones. En algunos casos, sucumbe y luego, aprende a combatirlas.

De este modo, cuando el cuerpo aumenta y disminuye la salud por pequeñas enfermedades, realmente fortalece el cuerpo contra las enfermedades más perjudiciales y difíciles de superar.

Fracasar un poco en la salud ayuda al cuerpo, no lo daña.

Las citas implican magulladuras a diferencia de la recolección de frutas

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Otro ejemplo, con la explosión de las aplicaciones de citas, la accesibilidad a una mayor variedad de personas con las que salir ha aumentado drásticamente. En diferentes circunstancias, esta puede ser una bendición para aquellos que tienen dificultades para conocer nuevas personas debido a su entorno o ansiedad social.

Sin embargo, para el resto de la población en general, Tinder y otros sitios web solo han aumentado la búsqueda de perfección en una pareja.

Otra cara, perfil, opción. Han quedado atrás los días de conversaciones profundas y cortejo. Ahora, alguna imperfección, mancha, defecto y ¡boom! Otra persona aparece.

Una vez que la persona encuentra algo que no le gusta en la otra, rápidamente continúa con la siguiente, ni piensa un poco en “otra oportunidad” o espera para ver más.

En vez de reconocer que cada alma humana tiene años de experiencia y pensamientos llenos del bien y mal, parece ser una forma de recolectar frutas de citas.

Cuando se recolecta fruta, se le da un vistazo rápido a cada fruta, buscando sus imperfecciones y si todo está bien, se muerde un poco. Pero, si en algún momento se siente disgusto o aburrimiento, tiramos la fruta y dejamos que se pudra.

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Los humanos no somos frutas. Un solo defecto no arruina toda la entidad que involucra un ser humano. A diferencia de cualquier cosa en este mundo, los humanos somos criaturas complejas, que cambian constantemente, estamos llenos de tristeza y alegría, belleza y sencillez.

“En el plan de felicidad de Dios, no buscamos a alguien perfecto, sino más bien a alguien con quien, a lo largo de la vida, podamos trabajar conjuntamente a fin de crear una relación de amor duradera que sea más perfecta. Esa es la meta.” (Élder Dieter F. Uchtdorf)

Las citas, aunque es cierto que son una búsqueda seria del compañero con el que se pasará la eternidad, no significa que busquemos un individuo perfecto o incluso, un individuo puro por la vida.

El matrimonio es una sociedad de progreso y trabajo duro. Por lo tanto, escoger a alguien que sepa y entienda que el trabajo requiere de levantarse después de fracasar, es la persona que vale la pena buscar.

Una persona con “magulladuras” puede ser mucho mejor que una fruta magullada ya que lleva las marcas que demuestran tiempo, experiencia y progreso. Estas son cosas que importan más en un matrimonio que la “perfección.”

Fracasar tempranamente en la vida como individuo puede ayudar a una familia más adelante a caer con más gracia, fortaleza y resistencia.

Magullado, quebrantado, desgarrado para nosotros

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La Santa Cena.

Finalmente, a lo largo de la historia, los narradores y los escritores por igual han creado dioses inmaculados, repletos de músculos, poderes antinaturales y por supuesto, legados de victoria.

Zeus, el rey Arturo, Sherlock Holmes, Odiseo; todos los héroes que vencieron tantas experiencias cercanas a la muerte y se mantuvieron triunfantes a pesar de todo. Estos son los dioses de los hombres, los dioses que nunca fracasan, que nunca son débiles y que todos aman.

Sin embargo, ese no es un dios verdadero. Ese no es el Dios verdadero y viviente.

No, por el contrario, Él fue “despreciado y desechado entre los hombres; varón de dolores y experimentado en quebranto.” Él “como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció, así no abrió su boca.” (Isaías 53: 3,7)

Este es el hombre que se tropezaría y caería cargando una cruz de madera. El hombre que fue azotado y condenado a morir. Ese es nuestro Dios.

Porque si no hubiera sido ridiculizado ni desechado, Él no podría entendernos, cuando somos rechazados y olvidados. Si no hubiera estado sujeto al sufrimiento, no podría haber “llevado nuestras enfermedades y sufrido nuestros dolores” (Isaías 53:4) Si Él no hubiera muerto, nunca habría podido resucitar. “Por sus heridas fuimos nosotros sanados.” (Isaías 53:5)

Porque fue un Dios que se quebrantó, cayó y desgarró, fue capaz de romper las ligaduras de la muerte y nos liberó del pecado.

Debido a que fue quebrantado, podemos recibir sus pedazos rotos y convertirnos en un todo. Pieza por pieza podemos recibir la imagen de Cristo en nuestros semblantes y volver a vivir.

Fracasar perfectamente con Cristo

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Aquí se encuentra la lección. Así como Él fue quebrantado por nosotros, así debemos ser quebrantados para recibirlo. Por esta razón, Él nos pide un corazón quebrantado para que por medio de Su gracia, podamos reunirnos, como un todo a través de Su perfección.

Vinimos a la tierra, para caer y levantarnos, aprender del bien y el mal, escoger a Jesucristo y volver a vivir con Él y nuestro Padre Celestial.

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“Christ and Mary at the Tomb” por Joseph Brickey.

Esta es la manera en que fracasamos perfectamente. Nos levantamos con Su ayuda. Confiamos, progresamos y “por su gracia podremos ser perfectos en Cristo.” (Moroni 10:32)

Al igual que el antiguo arte Kintsugi de Japón, donde la aceptación del cambio y la práctica de encontrar la belleza en los artistas imperfectos, incrustaría oro después de romper la cerámica. Cristo, nuestra incrustación de oro, nos hace completos y hermosos. Pero, primero, debemos desgarrarnos, quebrantarnos y fracasar. Solo al fracasar mientras avanzamos, nos levantamos para estar con Él.

Articulo originalmente escrito por Kayla Tanuvasa y publicado en mormonhub.com con el título “Perfectly Failing at Life.”