¿Qué dejamos pasar cuando enseñamos a los jóvenes sobre la intimidad sexual, la modestia y la virtud?

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La castidad es un tema importante en la iglesia, con el cual los padres y los líderes de la iglesia se angustian, oran y luchan cuando les enseñan a los jóvenes al respecto. Sin embargo, la castidad y la abstinencia sexual son solo una pequeña parte del panorama mucho más amplio del plan eterno del Padre Celestial, influenciado por principios eternos como la virtud, la modestia, la santidad de la intimidad sexual. Así que la próxima vez que te sientes a hablar con alguien que amas sobre la castidad, considera estas ideas y principios a medida que te ayudarán a brindar el contexto y las razones detrás de la pureza sexual.

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La virtud y la modestia tienen un significado mayor del que frecuentemente le atribuimos

La modestia nunca se ha tratado de lo que vestimos – es un estilo de vida, la mansedumbre y la humildad personificada en la vida del Salvador del mundo. La modestia es nuestra voluntad y deseo de llegar a ser verdaderos discípulos de Jesucristo, que se refleja en nuestras palabras, acciones y sí, incluso, en nuestra apariencia. La modestia para los hombres y mujeres es una manera de acceder a los poderes del cielo y demostrar a nuestro Padre Celestial que estamos listos y dispuestos para recibir las más altas bendiciones que Él tiene reservadas para nosotros.

Limitar la modestia a la elección de vestimenta degrada este principio eterno, y asumir que lo que visten las mujeres o su forma de actuar provoca que los demás piensen en deshumanizar a las mujeres, desmoraliza a los hombres e ignora el don del libre albedrío, el don por el que todos peleamos en nuestra vida premortal con el fin de defenderlo.

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Frecuentemente, utilizamos la palabra virtud casi de manera intercambiable con la palabra castidad. Si bien la virtud definitivamente abarca la pureza y la caridad, degradamos la virtud al decir que es sinónimo de lo antes mencionado. Ser una persona virtuosa significa intentar defender todas las virtudes como la honestidad, la moralidad, la integridad, la humildad, la caridad, la responsabilidad, la cortesía, la paciencia, la compasión, la pureza, la dignidad, la fe, la generosidad, el perdón, la gratitud, el arrepentimiento, la autosuficiencia, etc.

A menudo, en las escrituras cuando Cristo realiza un milagro, la frase “la virtud salió de Él” acompaña este evento. Es por medio de la virtud que Cristo curó a la mujer que padecía de “flujo de sangre” o al hombre ciego. En Doctrina y Convenios, la virtud aparece frecuentemente relacionada con el sacerdocio; por ejemplo: “por virtud del sacerdocio.”

Se podrían haber utilizado otras palabras en estos versículos, pero la palabra “virtud” es tan apropiada debido a que demuestra que es por medio de la virtud que los hombres y las mujeres ejercen el sacerdocio y el pleno poder de sus convenios. La virtud misma es un poder, el poder de nuestro Salvador, Jesucristo, cuya impecable vida le permitió dominar la tierra y los cielos.

La intimidad sexual es un sacramento

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Cuando entendemos el propósito y la santidad de las relaciones sexuales, desaparece gran parte de las dudas y las preguntas respecto a la castidad. Como declara el Élder Jeffrey R. Holland:

“Podría decir que la intimidad humana, esa unión sagrada y física que Dios otorgó a las parejas casadas, se trata de un símbolo que exige una santidad especial. Tal acto de amor entre un hombre y una mujer es – o, ciertamente se otorgó para ser – un símbolo de unión plena: unión de su corazón, su esperanza, su vida, su amor, su familia, su futuro, su todo. Es un símbolo que intentamos sugerir en el templo con una palabra sella…

“La intimidad sexual no es solamente una unión simbólica entre un hombre y una mujer-la unión misma de SUS almas-sino que también es la unión simbólica entre los mortales y la deidad; de otro modo, la unión entre los humanos ordinarios y falibles por un momento extraño y especial con Dios mismo y todos los poderes mediante los cuales da vida en este amplio universo nuestro.

“En este último sentido, la intimidad humana es un sacramento, un tipo de símbolo muy especial. Para nuestro propósito aquí hoy en día, un sacramento puede ser uno de los varios gestos, actos u ordenanzas que nos unen con Dios y sus ilimitados poderes…

“Estos son momentos en los que unimos literalmente nuestra voluntad con la voluntad de Dios, nuestro espíritu con su espíritu, donde la comunión por medio del velo se vuelve muy real. En esos momentos no solo reconocemos su divinidad, sino que literalmente tomamos algo de esa divinidad para nosotros mismos. Tal como los sacramentos sagrados… si nuestra definición de sacramento es el acto de sostener, compartir y ejercer el propio poder incalculable de Dios. Entonces, no conozco prácticamente ningún otro privilegio divino tan rutinariamente otorgado a todos nosotros – mujeres y hombres, ordenados o no, mormones o no – que el poder majestuoso y milagroso de transmitir vida, el poder indescriptible, insondable e ininterrumpido de la procreación…

Te digo que nunca serás más como Dios en ningún otro momento en esta vida que cuando estés expresando ese poder particular. De todos los títulos que escogió para sí mismo, el Padre es el que declara, y la Creación es su lema – especialmente, la creación humana, la creación a su imagen. Su gloria no es una montaña, tan imponente como las montañas. No se encuentra en el mar, el cielo, la nieve o el amanecer, tan hermoso como todos. No se encuentra en el arte o la tecnología, ya sea un concierto o una computadora. No, su gloria – y su dolor – está en sus hijos. Tú y yo, somos sus posesiones preciadas.”

La expiación cubre todo. Punto.

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Sin importar lo que hayas hecho, sin importar qué lecciones objetivas hayas experimentado, sin importar qué te hayan dicho y sin importar qué te digas a ti mismo, la Expiación es infinita y está ahí para ti. Cubre todo pecado, cura todo sufrimiento y expía cada error. Punto. Sin peros ni excepciones.

Como proclama el Élder Jeffrey R. Holland:

“Pero por más tarde que piensen que hayan llegado, por más oportunidades que hayan perdido, por más errores que piensen que hayan cometido, sean cuales sean los talentos que piensen que no tengan, o por más distancia que piensen que hayan recorrido lejos del hogar, de la familia y de Dios, testifico que no han viajado más allá del alcance del amor divino. No es posible que se hundan tan profundamente que no los alcance el brillo de la infinita luz de la expiación de Cristo.”

Artículo originalmente escrito Danielle B. Wagner y publicado en ldsliving.com con el título “What We’re Often Missing When We Teach Youth About Sexual Intimacy, Modesty, and Virtue.”

| Para meditar
Publicado por: Nicole Córdova Loayza
Traductora de español, inglés y portugués. Me encantan los idiomas y conocer sobre diferentes culturas. También me gusta el arte y amo la naturaleza.
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