Existe el divorcio para los mormones

Si bien es cierto, el matrimonio para las personas en la iglesia es para siempre, pueden ocurrir situaciones en los que el vínculo conyugal queda resuelto. El Presidente Boyd K. Paker  (1924-2015) dijo: “El propósito definitivo de lo que enseñamos es unir a padres e hijos en la fe en el Señor Jesucristo, para que sean felices en el hogar, sellados en un matrimonio eterno”. A pesar de esta inspirada enseñanza los divorcios ocurren.

Aceptar que es una etapa difícil pero que puedo salir de ella

Las personas afectadas por él pueden experimentar sentimientos de shock, negación, confusión, depresión y enojo, así como síntomas físicos, tales como muestras de trastornos del sueño y alimentarios.

Muy aparte de quién haya sido el más culpable de que sucediera el divorcio, la sanación no tendrá lugar hasta que ocurra el arrepentimiento y el perdón. Como enseñó el presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia: “…debemos librarnos de nuestros resentimientos… Recuerden que el cielo está lleno de aquellos que tienen esto en común: Han sido perdonados y perdonan”.

Mantener una relación con sus hijos

La relación regular con los hijos debe seguir siendo una alta prioridad, sin importar la distancia o el que se vuelvan a casar. Incluso si el tiempo que se les conceda no es todo lo que deseen, las visitas deben ser positivas y nunca se debe decir a los niños cosas negativas acerca de su madre. Hay mayores probabilidades de que los hijos se adapten bien al divorcio de los padres cuando éstos están dispuestos a poner la felicidad y la estabilidad de los hijos por encima de sus propios sentimientos heridos.

Sigan asistiendo a la Iglesia

Algunos hombres han admitido que nada zarandeó su testimonio como lo hizo el divorcio, lo cual es particularmente cierto si han sido fieles en la actividad de la Iglesia y han orado fervientemente para resolver sus problemas matrimoniales. Ese sentimiento de conmoción puede hacer que un hombre divorciado se sienta incómodo al asistir a la Iglesia, sobre todo si piensa que los demás dan por sentado que él le ha sido infiel a su esposa.

No obstante, el seguir participando en las actividades de la Iglesia nos expone a principios correctos y nos rodea de gente caritativa. Si pareciera que los miembros de la Iglesia no le tienden una mano de ayuda, no les guarde rencor; es probable que no sepan qué hacer ni qué decir. Sea paciente y sea usted el que haga el esfuerzo por acercarse a los demás. Encuentre una red de apoyo. Busque el consejo de su presidente de quórum, obispo o presidente de estaca y considere la posibilidad de obtener asesoramiento profesional, como por ejemplo con los Servicios para la Familia mormona, si están disponibles. Eso le permitirá analizar su propio comportamiento y ver las cosas de manera más precisa.

En la Iglesia se recibe a los hombres divorciados de la misma manera que a los hombres casados. El élderDallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Hay muchos buenos miembros de la Iglesia que se han divorciado”. Reiteró además lo siguiente: “A menos que un miembro divorciado haya cometido transgresiones graves, él o ella puede reunir los requisitos para obtener una recomendación para el templo de acuerdo con las mismas normas de dignidad que se aplican a los otros miembros”.

Progresar en medio de las dificultades

Algunos hombres dicen que a pesar de que nunca desearían volver a pasar por una experiencia semejante, han aprendido de ella; se recuperan y siguen adelante en la vida. Un hombre a quien aconsejé expresó ese modo de pensar: “Aún me es difícil aceptar el concepto de que soy un hombre divorciado, pero lo soy. Nunca lo esperé, pero sucedió, y lo acepto. La meta que ahora tengo es hacer todo lo posible por permanecer fiel a Cristo, edificar un firme matrimonio nuevo, y ser el mejor modelo para mis hijos e hijastros que me sea posible”.

Esperanza para usted y sus hijos

“Sabemos que algunos contemplan su divorcio con remordimiento por su culpa parcial o predominante en la separación. Todos los que han pasado por el divorcio conocen el dolor y la necesidad del poder sanador y de la esperanza que proviene de la Expiación. Ese poder sanador y esa esperanza están al alcance de ellos y también del de sus hijos”. (Élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, “El divorcio”, Liahona, mayo de 2007, pág. 71)

 

Fuente: “los hombres Santos de los Últimos Días y el divorcio, Liahona, agosto 2015