Si permites que Satanás te haga dudar de tu valor divino, él gana

sufrimiento

¿Quién en algún momento no se ha sentido incapaz? ¿Insuficiente? ¿Quién no ha dudado de sus habilidades en cierto momento? Eso me ha pasado a mí e imagino que a ti también en algún momento.

Cuando me llamaron a formar parte de la Mesa directiva general de las Mujeres Jóvenes, sentí que ese llamamiento era demasiado para mí. Para una mujer que había nacido en una granja en Brigham City, Utah.

Vicki Jackman, miembro de la Mesa directiva general de las Mujeres Jóvenes. (Foto vía Church News)

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Mientras más pensaba en las nuevas asignaciones que tendría que cumplir, más abrumada me sentía. La inseguridad invadió mi mente y mi corazón. Tuve sentimientos muy intensos de insuficiencia.

Me di cuenta de que no estaba yendo en una buena dirección, así que me arrodillé y comencé a orar. Le pedí al Padre Celestial que me perdonara por todo lo que había murmurado, le pedí que me diera fortaleza para sobrellevar esta carga y me fui a dormir.

Nuestro ejemplo de fortaleza

Más tarde, los pensamientos de insuficiencia nuevamente invadieron mi mente y recordé la historia de Jesús en el desierto.

Satanás lo tentó sin cesar, intentó hacer que Jesús dudara de sí. El enemigo le repetía la frase “si eres Hijo de Dios…” (Lucas 4: 1 – 13).

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Mientras Jesús estaba en la cruz, la gente que pasaba a su alrededor, se burlaba de Él y le decía las mismas palabras: “Si eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz”. (Mateo 27: 40)

Sin embargo, el Salvador nunca dudó. A pesar de que podría haber sido una mentira fácil de creer, nunca dudó de la asignación divina que se le había otorgado. Siempre tuvo presente que Dios le había dado poder para llevar a cabo Su obra.

Entonces, me di cuenta…

Me di cuenta de que si permito que Satanás me haga dudar de mi valor divino, él gana. Además, comprendí que sin Dios no puedo tener éxito, pero con Dios no puedo fracasar (Helamán 5:12).

En ese momento mi alma se llenó de paz y mi corazón, del amor que el Salvador siente por mí. Supe que sí puedo cumplir con todo lo que el Señor me mande porque soy Su hija y tengo un valor divino.

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Asimismo, mientras subía una montaña en bicicleta en Provo con mi esposo, recordé una hermosa lección que el presidente Nelson le dio a una niña.

“Ser profeta fue un trabajo duro. Jehová le pidió a Moisés que fuera a la cima del monte Sinaí, no para encontrarse con Él a la mitad de camino, sino para caminar hasta la cima. El Señor espera y ama el esfuerzo”.

Sí, el Señor ama que nos esforcemos, pero también nos fortalece para poder llevar nuestras cargas (Mosíah 24: 15). Él siempre nos dará la mano para elevarnos (Mateo 14: 24 – 32).

Podemos hacer cosas que vayan más allá de nuestras capacidades como seres mortales

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Después de haber dudado de mí y de haber recobrado mi confianza en mi poder como hija de Dios, me di cuenta de algo.

Cuando me apartaron como miembro de la Mesa directiva general de las Mujeres Jóvenes, recibí la autoridad del sacerdocio de manos de uno de los apóstoles del Señor.

Ahora sé que a medida que guarde mis convenios bautismales y del templo, tengo el poder del sacerdocio, el poder de Dios. Sé que califico para recibir Su ayuda divina en cada aspecto de mi vida: mi matrimonio, mi familia, padres, amigos, prójimos e incluso en mis llamamientos de la Iglesia.

Dios

Siento que puedo hacer cosas extraordinarias y sé que en las dificultades puedo recurrir a Él porque me sostendrá. Sé que las pruebas no acabarán en esta vida mortal, pero con Su poder podemos sentir consuelo, seguridad, paz y gozo.

Asimismo, sé que como mujeres podemos recibir Su poder de manos de poseedores dignos del sacerdocio. El presidente Russell M. Nelson dijo una vez:

“Los cielos están abiertos de igual manera para las mujeres que han sido investidas con el poder de Dios que procede de sus convenios del sacerdocio como para los hombres que son poseedores de dicho sacerdocio. Ruego que esa verdad se grabe en el corazón de cada una de ustedes, porque creo que les cambiará la vida”. (Tesoros espirituales, Conferencia General de octubre 2019)

Me siento agradecida de que se haya restaurado el sacerdocio y de que hoy podamos gozar de sus bendiciones.

Fuente: Church News

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