Cómo el Señor puede ayudarnos a ver nuestra propia belleza

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El Señor puede ayudarnos a superar los sentimientos negativos sobre nuestros cuerpos

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¿Qué sucede si de verdad despreciamos nuestro rostro o nuestro cuerpo, o nos da miedo envejecer y nada menos que tomar medidas drásticas podría cambiar nuestra apariencia? Quizás, incluso, tengamos serias malformaciones físicas que contribuyan a nuestra pobre autoimagen y no haya nada que podamos hacer para cambiarlas.

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¿Simplemente debemos soportar estos sentimientos negativos hasta la resurrección? Por supuesto, estamos profundamente agradecidos de que Jesucristo nos bendiga con la esperanza de un cuerpo perfecto algún día. Pero, la mayoría de las veces “algún día” se siente muy lejos. Entonces, ¿qué?

Déjame compartir contigo algo hermoso que encontré hace algunos meses. Me sentí muy conmovida cuando leí el siguiente relato de la hermana Merrilee Boyack. Su mensaje es poderoso y, posiblemente, sanador para alguien que lidia con problemas con respecto a su apariencia y ¿no pasa eso con la mayoría de nosotros?

Pasé toda mi vida sintiéndome poco atractiva… entonces, puedes imaginar cómo me sentí cuando me diagnosticaron cáncer de seno y me dijeron que tenía que someterme a una mastectomía. Tienes que estar bromeando. ¿No era lo suficientemente fea? La idea de perder mi cabello, que creí que era mi única gracia salvadora, me golpeó.

Nunca olvidaré el día en que… me di cuenta de que para fin de mes, estaría calva. Calva. Fea. ¿Podría sobrevivir a todo esto emocionalmente? Ese día oré al Padre Celestial y le pedí un don. Le pedí el don de la sanación de mis sentimientos sobre mi apariencia… sabía que esto no era algo a lo que pudiera sobrevivir emocionalmente por mí misma. Estaba cansada de sentirme fea durante 50 años de mi vida. Quería sanación. Sabía que la única manera de obtenerla era de Dios. Así que se lo pedí.

Ahora, una cosa extraña comenzó a suceder. Día tras día, me sentía más bonita. Sé que es muy extraño y difícil de explicar. Comencé a notar cosas en mí que me gustaban y eran atractivas. Luego, llegó el día… en que mi cabello comenzó a caerse… [Mi hijo] llegó a casa a la hora del almuerzo. Rapé su cabello y, luego, él rapó el mío. Mientras rapaba mi cabello, comentó, “¡no todos los días tienes que rapar el cabello de tu madre!”

Luego, llegó el momento de enfrentar el espejo y sucedió una cosa asombrosa. Miré ese espejo y vi belleza. Mis ojos, que siempre odié, brillaban. Mi piel brillaba. ¡Tenía una buena cabeza! Y una gran sonrisa. Me di cuenta de que era realmente hermosa.

Le dije a mi esposo que me había sentido más hermosa en los últimos dos meses de lo que me había sentido en mi vida. Se rió y dijo: ¡debe haber sido el cabello! Pero, sé que algo más profundo sucedió. Dios sanó mis sentimientos con respecto a mi apariencia. Finalmente, pude verme como Él me ve, como una maravillosa obra de arte. Además, las voces que llevé en mi cabeza durante décadas fueron silenciadas. Fue un regalo de Él, puro y simple.

Aprendí una lección profunda. Dios crea belleza. Es así de simple. Cuando Él me creó, creó una hija adorable, hermosa y sumamente linda. Asimismo, me di cuenta de que cada una de nosotras es hermosa. Sí, sí, tenemos belleza interior. Pero, descubrí que cada una de nosotras, en todas nuestras formas, tamaños, edades y condiciones, somos muy hermosas por fuera. Eso fue algo que no había entendido hasta ahora.

Una frase en especial de la hermana Boyack hace eco en mi mente desde que leí su historia: “Dios sanó mis sentimientos con respecto a mi apariencia”.

Si los problemas sobre nuestra apariencia física disminuyen nuestra confianza y hacen que sea difícil que creamos que valemos la pena. Entonces, ya es hora de que abordemos este tema delicado con Aquel que nos creó.

Imagina lo liberador que sería dejar atrás nuestros sentimientos negativos, liberar nuestros espíritus para que sigan activamente el tipo de vida que Dios planea para Sus hijas. Imagina, en lugar de la vergüenza y el odio a ti misma, una vida de servicio y santificación.

La belleza física no es un requerimiento para la perfección espiritual ¡Aleluya!

Si necesitamos una evidencia de las Escrituras de que Dios no se preocupa por nuestra apariencia física, lee esto: Refiriéndose al Salvador, el profeta Isaías escribió: “… no hay parecer en Él ni hermosura; y cuando le veamos, no habrá en él atractivo para que le deseemos” (Isaías 53: 2). Eso debería darnos algo que considerar. Aparentemente, incluso el mismo Jesús no poseía una parte extraordinaria de buena apariencia y, sin embargo, cantamos la canción de nuestro “hermoso Salvador”.

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¿Qué quiere decir eso? Significa que el Salvador podía alcanzar la perfección sin ser considerado particularmente atractivo, por lo que el tipo de perfección por el que se nos pide que luchemos no tiene nada que ver con la belleza física. Se nos pide que conservemos nuestros cuerpos limpios, sanos y cubiertos con modestia. Pero, en ninguna parte de las Escrituras se nos da una descripción del color de cabello, tono de piel o tamaño corporal ideales, porque no existe ninguno.

¿Qué dicen las Escrituras sobre nuestros cuerpos? “asombrosa y maravillosamente he sido hecho” (Salmo 139: 14). Al mirar al espejo a primera hora de la mañana, podemos entender la parte terrible. Pero, sinceramente, ¿creemos que fuimos creados asombrosa y maravillosamente?

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¿Podemos confiar en que el Dios que creó al hombre y a la mujer a Su propia imagen, sabía lo que estaba haciendo? El Padre Celestial tiene un plan de salvación para cada uno de nosotros y el cuerpo especial que se nos dio para albergar nuestro espíritu es una parte integral de ese plan.

A través de nuestros cuerpos seremos tentados, nos sentiremos frustrados y seremos humillados, y al aprender a respetar estos templos sagrados y permitir que nuestros espíritus los controlen, nuestros cuerpos nos permitirán experimentar un nivel más alto de gozo que solo nuestros espíritus pueden lograr.

Tal como dijo el Élder David A. Bednar, “Nuestro cuerpo físico hace posible que tengamos una amplitud, profundidad e intensidad de experiencia que sencillamente no podíamos obtener en nuestro estado preterrenal”.

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Sí, te estoy hablando a ti. No pongas tus ojos en blanco ni suspires. Es el momento de que nos “superemos”, incluso con todas nuestras imperfecciones percibidas y deja de hablar de forma negativa sobre ti misma. Oro para que llegue el día, para todos nosotros, en que podamos estar en paz con nuestra apariencia. Luego, finalmente, seremos libres de cambiar completamente nuestro enfoque a Cristo.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Lynne Perry Christofferson y fue publicado en latterdaysaintmag.com “How the Lord Can Help Us See Our Own Beauty”.

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