Recientemente tuve una experiencia que me enseñó más sobre la humildad. Fue como un golpe divino en la cara, un golpe necesario. Aprendí que a Dios realmente no le importa lo inteligente que somos. La idea me impactó durante una Noche de Hogar grupal al que mi esposa y yo recientemente asistimos.

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Para darles una idea de mi trabajo les diré que escribo cosas para vivir y he sido bendecido lo suficiente como para poder convertir el Evangelio como mi tema central todos los días. Parece que estoy viviendo el sueño, ¿verdad? Paso mi tiempo estudiando la doctrina, estudiando las palabras de los profetas tanto antiguos como modernos.

 lo inteligente que somos

En la otra cara de la moneda, eso también significa que estoy regularmente expuesto a muchos argumentos en contra de los Santos de los Últimos Días. Algunas preguntas se presentan de manera muy respetuosa y sincera, mientras que otras están mezcladas con malicia. 

El saber por qué algunas personas luchan en contra de la Iglesia me ha obligado a buscar respuestas a esas preguntas. Es un viaje que me ha llevado a un estudio más profundo de las escrituras y los anales de la historia de la Iglesia de lo que hubiera estudiado si no hubiera sido por mi trabajo.

Como resultado de mi estudio a tiempo completo, aprendí muchísimo. Puedo decirte por qué muchos templos Santos de los Últimos Días tienen estrellas invertidas en sus paredes de granito. 

Puedo contarles acerca de la cueva oculta del tesoro de los nativos americanos que Brigham Young pudo haber utilizado para ayudar a financiar la construcción del templo de Salt Lake. Puedo exponer la diferencia entre revelación e inspiración. Puedo, puedo, puedo, lo sé, lo sé, lo sé…

A Dios no le importa cuán inteligente somos

No estaba muy emocionado por la Noche de Hogar. No conocía a la otra pareja que asistió, y francamente no me importó mucho. No era nada personal, por lo general soy algo antisocial. Pero mi esposa me convenció de que la acompañara. Cínicamente, mi pensamiento inicial fue que la noche sería una pérdida de tiempo. Me había convencido de que no ganaría nada con la experiencia.

Una actitud similar también había comenzado a filtrarse en otros aspectos de mi vida. La asistencia a la Iglesia comenzó a ser una obligación más que un privilegio. Después de todo, ¿qué podría enseñarme este instructor voluntario de la Escuela Dominical? ¿Realmente tengo tiempo para tales inconveniencias? Bueno, sí, pero estaba dispuesto a quejarme todo el tiempo.

Todos estos sentimientos zumbaron dentro de mí cuando comenzó la Noche de Hogar. Después de varios minutos de pesimismo silencioso, un pensamiento vino a mí:

Saber todas esas cosas sobre el Evangelio no significa nada si no puedes vivir el Evangelio.

Una cosa es saber que Jesús enseña las bienaventuranzas en el capítulo cinco de Mateo y otra cosa es llorar de verdad con los que lloran, o anhelar la justicia, o reconciliarse con un hermano. Puede que sepamos mucho, pero si no nos volvemos mansos, misericordiosos, puros de corazón, pacificadores, entonces, ¿de qué no sirve?

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Y esa es la verdad. En ninguna parte de las Escrituras dice:

“Así dice el Señor, si no puedes responder este examen de elección múltiple de 10,000 preguntas, no eres lo suficientemente inteligente como para entrar en el reino de los Cielos.”

Irónicamente, lo que las escrituras dicen es esto:

“¡Oh ese sutil plan del maligno! ¡Oh las vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán.”

Ahora no me malinterpreten, no hay nada de malo en el conocimiento y el aprendizaje. Son las Escrituras las que nos animan a “[buscar] conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.” y que “[ser instruidos], si hacen caso de los consejos de Dios.” 

El Espíritu Santo es un maestro, pero el conocimiento (incluso el conocimiento espiritual) es una herramienta, no el objetivo. Lo que determina nuestro camino es cómo usamos la herramienta del conocimiento. Eso es lo que a Dios realmente le importa. Satanás sabe sobre Cristo, sin embargo nada cambia. Es lo que se hace con ese conocimiento lo que nos distingue del gran engañador. Yo comencé un camino similar, uno lleno de condescendencia, distanciamiento y arrogancia.

El camino que debería haber elegido, y me esfuerzo por mantener ahora, es mucho más intenso.

El camino a la conversión

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El Evangelio se trata de lo que podemos llegar a ser, no de acumular conocimiento. La herramienta del conocimiento es imprudente si no se usa para ayudarnos a convertirnos en algo mejor de lo que somos.

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Mateo 7:21-22

Todo el propósito del Evangelio de Cristo es transformarnos en seres más similares a Él. Se supone que somos el tipo de personas que no ignoran las necesidades de las personas que nos rodean. Personas que puede poner la otra mejilla cuando la persecución se asoma. Personas que son bondadosas.

En un discurso de la Conferencia General de 1982, Mark E. Peterson dijo:

“El propósito total de la salvación es convertirnos en seres semejantes al Salvador en palabra, pensamiento y hecho. Podemos medir nuestro progreso simplemente determinando cuanto nos asemejamos a Cristo. Si a diario no nos aproximamos mas a su ejemplo en nuestro diario vivir, no estamos avanzando hacia la salvación como deberíamos.”

Ser “inteligente” no es un requisito para la salvación. Convertirse más como nuestro Salvador Jesucristo es. Es algo en lo que debemos centrarnos en todo momento y en todos lugar, incluso en la Noche de hogar.

Tenemos clases y tenemos pruebas

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Hay períodos de instrucción que suceden en nuestra vida diaria. Todos las hemos tenido antes. Tal vez vinieron mientras cantabas un himno o estudiabas las Escrituras o tal vez incluso llegaron a través de un sueño. El Espíritu descansó sobre ti y recibiste impresiones e inspiración. Esos son momentos de instrucción.

No obstante, también hay momentos de prueba. Tal vez el “¿qué puedo sacar de la lección de la Escuela Dominical?” simplemente no es el punto, tal vez es más una prueba que una clase. La mejor pregunta podría ser, “¿cómo puedo ser más como Cristo durante este tiempo?

De repente, la presión ya no está sobre el instructor, sino que cada uno de nosotros se vuelve mucho más responsable de nuestras experiencias dominicales. Las pruebas espirituales no son pruebas de conocimiento, sino nuestro propia persona. En ese sentido, es una prueba que se extiende mucho más allá de la información presentada durante la lección. 

Por ejemplo,

  • ¿Con qué actitud vas a la Escuela Dominical?
  • ¿Cómo te sientes cuando un hermano levanta la mano para dar su granito de arena cada diez segundos?
  • Hay alguien llorando en silencio en la esquina del salón, ¿qué vas a hacer?

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Las clases espirituales y las pruebas (que a menudo se superponen) suceden todo el tiempo. Las pruebas pueden estar sucediendo cuando vas a trabajar todos los días, cuando tus hijos no quieren acostarse por la noche, y sí, incluso durante la Noche de hogar.

No importa cuán inteligente seas …

Mi experiencia en la Noche de Hogar mejoró dramáticamente después de eso. Intenté ser amigable, traté de conocer gente, intenté amar más a las personas. Dejé de pensar tanto en mí mismo.

Pedro era un pescador. José Smith era un granjero. Jesucristo fue un carpintero. A Dios no le importa lo inteligente que somos. Lo que le importa es que nos esforcemos por vivir a la altura de las palabras de Cristo en 3 Nefi 27:

“¿Qué clase de hombres habéis de ser? En verdad os digo, aun como yo soy.”

Y quién sabe, quizá aprendamos algo más en el camino.

Este artículo fue escrito originalmente por David Snell y fue publicado por mormonhub.com bajo el título de “Family Counselor: How to Allow Your Children to Have Agency, Especially When They Choose a Different Path