Jesús fue tentado más allá de lo que podamos imaginar. Aquí hay algunas de las tentaciones que Jesús pasó en el desierto.

Las tentaciones en el desierto

En un momento de nuestro estudio de los cuatro Evangelios, nos pusimos a pensar en los 40 días que Jesús pasó en el desierto de Judea siendo tentado. Marcos registró lo que pasó en esos días con sólo dos versículos (Marcos 1: 12-13).

“Y enseguida el Espíritu le impulsó a ir al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días y era tentado por Satanás; y estaba con las fieras, y los ángeles le servían.”

Por otro lado Mateo y Lucas, hacen uso de una estructura literaria tradicional para contarnos sobre las pruebas que pasó Jesús mientras se preparaba para comenzar Sus responsabilidades como el Mesías.

Los tres registros expresan la disciplina perfecta de Jesús en respuesta a las tentaciones malignas que ofendían las leyes de Dios. Mateo y Lucas pueden relatar Sus pruebas con la elegancia del uso de las formas poéticas de la época, pero el tema principal en los tres relatos siguen siendo el mismo.

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Artistas y Cristo

Ya sea que dichos relatos no sean fáciles de entender o complicados, lo que nos quedó claro es que el diablo pervirtió lo que Alma describió como la relación entre el principio de justicia, nuestro deber ético de amar a Dios y a nuestro prójimo, y la aplicación misericordiosa de sus leyes en la vida de las personas.

En una especie de epifanía, nos dimos cuenta que Satanás tentó al Hijo de Dios a que utilizara un poder o principio dado por Dios para ayudarse a Sí mismo en lugar de buscar la salvación de cada alma. Jesús fue tentado a usar el poder de Dios para salvarse sólo a Sí mismo. 

Aquí hay algunas de las tentaciones que Jesús pasó en el desierto registradas por los apóstoles de la antigüedad:

“In His light” por Greg Olsen

1. Debido a que Jesús, el Hijo de Dios, tuvo hambre hasta el punto de morir a causa de ello, Satanás le dijo: “Di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4: 2-3). En otras palabras, el diablo lo tentó para que saciara su necesidad física de manera egoísta.

2. En el pináculo del templo, Satanás le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está: A sus ángeles mandará por ti, y te llevarán en sus manos” (Mateo 4: 5-6). Satanás le exigió que realizara milagros como requisitos previos para creer en la fidelidad de Dios.

3. Y finalmente, después de que el diablo “le [mostrara a Jesús] todos los reinos del mundo y la gloria de ellos”, le dijo: “Todo esto te daré, si postrado me adoras” (Mateo 4: 8-9). La tentación aquí viene con la seducción por el poder mundano y la gloria terrenal.

Las Leyes del Universo, el Plan de Misericordia del Salvador

bendiciones De Dios

El contraste entre las tentaciones del diablo y el posterior ministerio de Jesús son más que significativos. Cuando Jesús instruía a las personas o cuando enseñaba con una parábola ilustrativa, invariablemente consideraba la situación particular de un alma a la luz del principio aplicado en dicha enseñanza.

Observamos, por ejemplo, que todo el segundo capítulo después del relato de Marcos sobre la tentación de Jesús en el desierto, ilustra cómo Jesús veía, ministraba y por lo tanto amaba a las personas que estaban en conflicto con la Ley Mosaica y sus innumerables restricciones orales.

Al paralítico se le fueron perdonados sus pecados para que pudiera ser sanado (Marcos 2: 1-12). El hijo de Alfeo, a quien conocemos como Mateo, el recaudador de impuestos, era por definición un pecador. Sin embargo, fue llamado a seguir a Jesús como Su discípulo y luego como apóstol (Marcos 2: 13-14). Luego Jesús “comió” con “los publicanos y pecadores”, una clara violación de las leyes judías sobre la pureza (Marcos 2: 15-17) .

jesus

Finalmente, los fariseos lo reprendieron por violar las leyes del ayuno y el día de reposo, a lo cual condenó sus actitudes al decir que “el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.” (Marcos 2: 27-28).

Por supuesto, en cada ocasión, caso o problema moral en el segundo capítulo de Marcos y en otras partes de los Evangelios, Jesús sabía perfectamente lo que exigía la Ley.

Sin embargo, lo más importante fue cómo mantuvo un equilibrio entre la ley y las tradiciones de sus padres con el amor y la misericordia que merecían. Invariablemente veía a cada persona y con misericordia ajustaba Su juicio a las necesidades de cada una de ellas.

La trinidad

El profeta del Libro de Mormón, Alma, nos describió ese equilibrio perfecto entre las exigencias de la ley y la compasión del Salvador. Lo encontramos explicado en tres partes de sus discursos (Alma 26:20; 34: 15-16 y 42: 14-15). Alma lo llama “el plan de misericordia” o simplemente la Expiación. El escribió:

“¡Oh, casi se me va el alma, por así decirlo, cuando pienso en ello! He aquí, él no ejerció su justicia sobre nosotros, sino que en su gran misericordia nos ha hecho salvar ese sempiterno abismo de muerte y de miseria, para la salvación de nuestras almas.” (Alma 26:20).

Vemos la aplicación de ese plan una y otra vez en los cuatro Evangelios, así como en nuestras propias luchas por lograr la perfección en nuestras vidas. 

Jesus el Cristo

En esas grandes tentaciones durante esos 40 días en el desierto, Satanás le presentó a Jesús su versión retorcida del gran plan. En ese desierto, Jesús rechazó toda tentación o prueba que podamos enfrentar en nuestro viaje terrenal. 

En Su vida en la tierra, amó todo lo bueno y lo justo. En Su ministerio eterno, enseñó los principios y mandamientos de Dios mientras extendía Su misericordia a cada alma. De eso, estamos eternamente agradecidos.

Este artículo es una adaptación del libro “Whom Say Ye That I Am: Lessons from the Jesus of Nazareth”y fue escrito originalmente por James y Judith McConkie y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “How Jesus’s Temptations in the Wilderness Illuminate His Individual, Far-Reaching Mercy