Nuestra vida en la tierra está llena de todo tipo de desafíos y adversidad. Muchas cosas pueden salir mal.

Ya sea que estés lidiando con problemas de dinero, infertilidad, estrés en el trabajo y en la escuela, o que un miembro de la familia ande por un mal camino, problemas con las drogas o el alcohol, dudas en tu testimonio, muerte o enfermedad, sólo por nombrar algunos, puede parecer imposible de entender por qué suceden.

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La adversidad está en todas partes

abuso

En su discurso “Confía en el Señor”, el Élder Richard G. Scott enseñó ciertos principios para ayudar a los Santos de los Últimos Días a comprender mejor las fuentes de adversidad.

“El no recibir la respuesta deseada a una oración ferviente y sincera es muy difícil, y mas aun, si el Señor contesta no cuando hemos pedido algo que consideramos digno y que sabemos nos daría gran gozo y felicidad. 

Sea el alivio de una dolencia o de la soledad, la recuperación de un hijo extraviado, la entereza frente a un impedimento o el ruego de prolongar la vida de un ser querido que se nos va, parece tan razonable y de acuerdo con nuestra felicidad recibir una respuesta favorable. Es difícil entonces comprender por que, habiendo sido siempre obedientes, el ejercer una fe sincera y profunda no nos trae el resultado deseado.”

El Élder Scott continuó diciendo: 

“Nadie quiere adversidades. Las pruebas, decepciones, tristezas y angustias nos llegan de dos fuentes básicamente diferentes. Los que transgreden las leyes de Dios siempre tendrán esos desafíos.”

La primera fuente de adversidad

Si la adversidad es el resultado del orgullo o la desobediencia de una persona, el camino que lleva a la paz y la felicidad se da a través del arrepentimiento y el cambio. Desafíos como estos pueden evitarse al vivir con rectitud.

Si nuestro sufrimiento se debe a una transgresión, el Élder Scott dijo que “la única senda hacia el alivio permanente es el arrepentimiento sincero, con un corazón quebrantado y un espíritu contrito”.

El Élder Scott invitó a los lectores a hacer lo siguiente:

“Date cuenta de que dependes totalmente del Señor y de la necesidad que tienes de encaminar tu vida con Sus enseñanzas; no hay ningún otro modo de lograr una paz duradera. Posponer el arrepentimiento humilde sólo demorara o impedirá que recibas el alivio. 

Reconoce tus errores y busca ayuda ahora; el obispo es tu amigo y tiene la autoridad para ayudarte a hallar paz de conciencia y gozo. Así tendrás fortaleza para arrepentirte y recibir el perdón.”

La segunda fuente de adversidad

voluntad de Dios

El Élder Scott enseñó:

“La otra razón de la adversidad es que se cumplan los propósitos del Señor de que seamos refinados por las pruebas. Para cada uno de nosotros es esencial reconocer de cual de esos dos origines provienen nuestras tribulaciones y dificultades, puesto que la conducta a seguir para corregir la situación es muy diferente en ambos casos.”

El Élder Scott continúó diciendo: 

“El segundo tipo de adversidad se produce en el preciso momento en que todo parece ideal, a veces surgen simultáneamente múltiples dificultades.

Si esas pruebas no son resultado de tu desobediencia, son evidencia de que el Señor sabe que estas preparado para progresar mas.

Entonces te da experiencias que estimulen tu progreso, tu comprensión y compasión y que te refinan para tu bienestar eterno. Llegar de donde estas adonde El quiere que estés exige un penoso esfuerzo que generalmente va acompañado de pesar y dolor.”

Orar para entender el plan de Dios

Nuestro éxito en la vida y en las eternidades depende de cómo reaccionamos ante la adversidad que enfrentamos aquí en la tierra. Cuando llegue una prueba o desafío, ora para saber lo que nuestro Padre Celestial quiere que aprendas de ella.

Los misioneros enseñan este mismo principio. En “Leales a la fe” se comparte este útil consejo: 

“Cuando algunas personas se enfrentan a la adversidad, son como Lamán y Lemuel; se quejan y se amargan, y hacen preguntas como: “¿Por qué me tiene que pasar a mí? ¿Por qué me tiene que pasar esto ahora? ¿Por qué tengo que sufrir ahora? ¿Qué he hecho para merecer esto? 

Esas preguntas tienen el poder de dominar sus pensamientos y pueden obstruir su visión, absorber su energía y privarles de las experiencias que el Señor desea que tengan. 

En lugar de responder de esa manera, tú debes seguir el ejemplo de Nefi; piensa en hacer preguntas como: “¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Qué debo cambiar? ¿A quién debo ayudar? ¿De qué manera puedo recordar todas las bendiciones que tengo en tiempos de pruebas?””

Alma 7:13 nos dice: 

“Ahora bien, el Espíritu sabe todas las cosas; sin embargo, el Hijo de Dios padece según la carne, a fin de tomar sobre sí los pecados de su pueblo, para borrar sus transgresiones según el poder de su liberación; y he aquí, este es el testimonio que hay en mí.”

Es parte del plan de nuestro amoroso Padre Celestial que enfrentemos adversidad, y por eso, Él envió a Su Hijo, Jesucristo, para tomar sobre Sí nuestras transgresiones y dolores. 

Gracias a Él, podemos superar lo que sea que estemos enfrentando. No importa qué tipo de adversidad enfrentemos, nuestra reacción ante ella hará la mayor diferencia.

¿Qué es lo que te ayuda cuando te enfrentas a una prueba difícil? Háznoslo saber en los comentarios.

Este artículo fue escrito originalmente por Jane Ballif y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “The Two Types of Adversity in Our Lives