La inspiradora historia de conversión de una cristiana y un ateo

Mientras admiraba la Capilla Sixtina, un transeúnte le preguntó a Miguel Ángel cómo tomó un bloque de piedra y lo convirtió en una versión tan incomparable del rey David.

El escultor dijo que cada piedra tenía una estatua dentro y que su trabajo solo consistía en tallar todo lo que no era parte de la estatua. Miguel Ángel dijo: “Vi al ángel en el mármol y tallé hasta que lo liberé”.

El artista abrió su espíritu a lo que se describe en 3 Nefi 11 como “a pesar de ser una voz suave, penetró hasta lo más profundo de los que la oyeron,”.

Crecer como una cristiana

incertidumbres

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Mi esposo y yo somos conversos, al igual que mi suegra. Mi esposo, al que estoy sellada, fue criado como ateo. En mi caso, crecí siendo influenciada por diferentes denominaciones del cristianismo.

Sin embargo, crecí sabiendo que, aunque fuera pentecostal, bautista o de ninguna denominación, se suponía que debía amar a Dios con todo mi corazón y amar a mi prójimo como a mí misma. No obstante, debo admitir que luché mucho con ambos mandamientos cuando era adolescente.

Pasé por muchas dificultades que me hicieron creer que había fracasado en la vida a los 17 años.  A menudo me preguntaba cómo podía amar a mi prójimo como a mí misma si ni siquiera me amaba. ¿Cómo el cristianismo podía ser verdadero si los “fieles” hacían su voluntad y no daban más que malos frutos?

A pesar de que vivía en un mundo caótico, decidí no alejar a Dios de mi vida, porque sabía que era lo más real que tenía.  Sabía que Él escuchó mis gritos en la oscuridad, ya que Él era el ángel debajo de la piedra, y que no estaba sola. Así que comencé a cuidar de mí y servir a los demás.

Mi relación sentimental con un ateo

Hace 8 años, muchas cosas comenzaron a cambiar en mi vida, cuando conocí al hombre que ahora es mi esposo.

Yo no iba a la iglesia con frecuencia y mi esposo se consideraba ateo, pero aún así respetaba mi fe cristiana. Como dice en 1 Pedro 3: 1 – 2:

“Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, para que también los que no creen en la palabra sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, al observar vuestra conducta casta y respetuosa”.

Por supuesto, pude haber sido más pura y reverente. Sin embargo, mi esposo, en ese tiempo mi novio, dijo que quería ser una mejor persona y que veía que yo también. Por lo tanto, respetaba el efecto que mi fe tenía en nuestras vidas. Nos tomó años progresar y, a menudo, hubo momentos en los que sentimos que no íbamos a ningún lado.

Dificultades en el camino

JAS

Con el tiempo, logré que mi esposo aceptara a Cristo como su Salvador. Pero, más allá de que las cosas mejoraran, se hicieron más complicadas. Tuvimos nuestra parte de aflicción, enfermedad, problemas financieros debido a la enfermedad, e incluso 8 meses en lados opuestos del mundo.

Sin embargo, eso no fue lo que más nos afectó. Al comenzar a vivir el Evangelio, nos sentimos aislados, sentimos que cada vez teníamos menos cosas en común con nuestros amigos, familiares y compañeros de trabajo que querían alejarse cada vez más de Dios.

Sinceramente, fue difícil para mí, a nivel emocional, ver a las personas que amaba tomar una terrible decisión tras otra. Deseaba pasar tiempo con ellos, pero mi esposo me dijo que encontraríamos personas nuevas y buenas con las que compartir nuestro tiempo.

Así que comenzamos a investigar diferentes denominaciones religiosas y mi esposo encontró La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Investigando la Iglesia

sacramental

Mi esposo encontró una iglesia en la que las personas no bebían café ni té. Además, respetaban la ley de castidad y debíamos abstenernos mientras la investigáramos. Por otro lado, me dijo que si nos bautizábamos y queríamos seguir viviendo juntos, debíamos casarnos.

Esa noticia me alegró porque después de 7 años de relación, ¡al fin nos casaríamos! Pero, no sabía mucho sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Sinceramente, parecía demasiado extrema y perfecta desde el exterior.

Tenía dudas porque aunque me consideraba cristiana, no había vivido como tal y si aceptaba ser parte de esa Iglesia no quería decepcionar a mis Padres Celestiales. Ya no estaba dispuesta a aceptar el pecado.

Templo de Salomón.

Lo que a mi esposo le llamó la atención de la Iglesia fue que se predicaba el Evangelio y no el capricho de los hombres. Dijo que esa era “una buena señal”.

Cuando investigué la Iglesia por Internet, vi imágenes de fuentes del templo sobre bueyes de oro y le pregunté a mi esposo al respecto. Dijo que no creía que en esa iglesia fueran idólatras, me enseñó fotos del templo de Salomón y agregó que esos bueyes representaban las doce tribus de Israel.

La verdad es que no era lo suficiente cristiana como para reconocer ese simbolismo divino.

Nuestra conversión

Cristo nos enseñó a determinar a un falso profeta por sus frutos. Un mal árbol no produce buenos frutos y las personas que conocí mientras investigaba la Iglesia fueron las mejores que conocí en mi vida. Afortunadamente, esa tendencia ha seguido en cada barrio al que pertenecimos.

Ahora, cabe aclarar, que dije “mejores”, no “perfectos”, personas que buscan ser mejores cada día. Esto me recuerda a Pedro cuando se quedó dormido en el Getsemaní y cuando negó a Cristo.

Todos cometemos errores. Sin embargo, no puedo pensar en otra cultura en la tierra que se compare a la que mi esposo y yo hemos encontrado en La Iglesia de Jesucristo y tengo motivos para afirmarlo porque viví 27 años fuera de la Iglesia restaurada.

Noche de Hogar

Las familias de la Iglesia nos invitaban a cenar, tomaban nuestras preguntas en serio, me trataban como hermana incluso antes de ser miembro. Estas mujeres a las que solo conocía pocas semanas, se ofrecieron a ayudarme con los preparativos de mi matrimonio. Los jóvenes tenían la fe suficiente para dejarlo todo e ir a misiones en ciudades al otro lado de la ciudad o el mundo. Los niños sonreían y hablaban sin ningún problema al frente de la congregación.

Eso no era normal, este era un grupo singular de personas.

Así que 2 meses después de comenzar a investigar, mi esposo y yo nos casamos y nos bautizamos el mismo día.

Un mes después, alistamos nuestras cosas y nos mudamos a Utah para estar más cerca de la Iglesia. Mi esposo consiguió trabajo la primera semana que estuvimos ahí. Un mes después, encontramos un departamento y las demás cosas pequeñas se acomodaron.

Con tantas personas reunidas en Sion, sentimos que era nuestra responsabilidad ayudar a fortificar la Iglesia y hacer nuestra parte para que este lugar siguiera siendo maravilloso.

Queremos formar nuestra familia en este hermoso lugar, ahora que esperamos a nuestro primer hijo.

Nuestro sellamiento y bendiciones

poder para sellar

Durante nuestro primer año aquí, pasamos de tener nada a entrar al salón de sellamiento rodeados de unos cuantos amigos. Dos misioneros que nos dieron charlas mientras investigábamos la Iglesia asistieron a nuestro sellamiento. Uno de Payson y otro de Arizona. ¡Ese es un milagro! ¡Es una señal de Dios!

El mismo día de nuestro sellamiento e investidura, hubo pequeños milagros. El hombre moderno no puede ver lo que Dios ve porque no pasa tiempo tallando una roca hasta llegar al ángel que se haya en su interior.

Esperamos que los miembros de la Iglesia encuentren gozo en las bendiciones que reciben y que también se den cuenta de la responsabilidad  y fragilidad que conllevan dichas bendiciones.

La oposición en la actualidad

Aunque debido al coronavirus ya no podemos reunirnos en la Iglesia como antes y tenemos problemas financieros por eso, nuestra fe permanece inquebrantable.

Encuentro paz y solaz al leer sobre Lehi, Saríah y las pruebas de su familia en el desierto y sobre los desafíos que enfrentan las madres primerizas.

Como alguien que viene a esta Iglesia del desierto, te suplico que perseveres hasta el fin y no prestes atención a las voces de aquellos en el edificio grande y espacioso.

El Presidente Nelson nos ha enseñado que en los próximos días, no será posible sobrevivir sin la guía e influencia constante del Espíritu Santo. Existen muchas formas en que los Santos pueden vivir el Evangelio cada día, ahora que la obra en el templo, las misiones, las reuniones sacramentales y demás están suspendidos por un tiempo. Una muestra de ello, de poder vivir el Evangelio en casa, es el programa “Ven, sígueme”.

ser uno

Sé cuántos desafíos hay por ahí, especialmente en estos días caóticos. Pero, sin Dios, nada es posible. A mi suegra, le tomó 50 años dejar el agnosticismo y convertirse a la Iglesia restaurada, pero lo hizo.

A aquellos que luchan con la fertilidad, el divorcio, las tentaciones, la enfermedad y el desempleo, les puedo decir que a pesar de esos desafíos, tener a Dios y la Iglesia en su vida, hará que esos problemas sean más fáciles de soportar.

Miles de años de lucha, guiados por nuestro Salvador, desde Abraham, Ruth, David,  Lehi, María, Pablo, a Martin Luther, Miguel Ángel, José Smith hasta el Presidente Nelson, han llevado a esta dispensación y tú estás sentado ahí con tu computadora portátil o en la cama con tu teléfono inteligente, leyendo esto, hoy.

En la vida premortal, pediste estar aquí, en este momento. Solicitaste este desafío, vivir el Evangelio en los últimos días, en el momento de la caída del mercado de valores y la pandemia del COVID-19.

Al igual que los pioneros, elegiste vivir en tiempos grandes y terribles de los que hablarían tus descendientes en las generaciones venideras.

Gracias por tomar esa decisión y gracias por vivir el Evangelio cada día, lo mejor que puedes. Gracias por tu corazón quebrantado y tu espíritu contrito. ¡Dios está contigo! ¡Debajo de la piedra, hay un ángel, y ese eres tú!

Fuente: Third Hour

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