Las divisiones: el mayor peligro dentro de la Iglesia de Jesucristo

mujer en una iglesia

Miembros de la Iglesia de Jesucristo, tenemos un problema.

Es un problema que crece rápidamente y que la pandemia resaltó y agravó. 

Es un problema contagioso, incluso maligno, porque se alimenta de sí mismo y se multiplica.

Es un problema personal que afecta nuestra perspectiva, actitud y salud mental.

Es un problema institucional que debilita y socava nuestros barrios y estacas. 

mujer triste y abrumada

Hay un problema de unidad en la Iglesia de Jesucristo que puede afectar gravemente a sus miembros. Imagen: Canva

Y es un problema espiritual que puede detener la obra de Dios y amenazar con impedir Su plan eterno de felicidad.

Es el problema de la división, y de la discordia, la disensión, el rechazo y la falta de respeto que conlleva.

Es un problema de UNIDAD.

mujeres burlándose a escondidas de otra

Es un problema de UNIDAD. Imagen: Canva

El verdadero problema es que pocos de nosotros creemos ser parte de este, pues nos decimos a nosotros mismos que somos de mente abierta y capaces de escuchar y aceptar las diferencias y preferencias de otras personas sin juzgarlas. 

Pero en este momento, en la Iglesia, gran parte de la división, la discordia, el tribalismo, y el juicio que conlleva, son endogámicos y sistemáticos.

El desacuerdo no es el problema, son los juicios, las categorizaciones, los estereotipos, y la construcción de muros sociales que los acompañan, lo que convierte las diferencias en divisiones destructivas y disensiones. 

división de piezas

Terminamos rechazándolos en esencia y, por lo tanto, limitando o eliminando lo que podríamos hacer por ellos, lo que ellos podrían hacer por nosotros y lo que podríamos hacer juntos. Imagen: Canva

No estar de acuerdo con una persona no es una falta de respeto, pero despreciarla sí lo es. 

En el momento en que despreciamos a otros por su opinión, su raza, su orientación sexual, su religión, su política, su educación, su fuente de noticias, si se vacunó o no, su acento, su «actividad» en la Iglesia, su «crisis de fe» o sus preferencias de pódcast; incluso si despreciamos a otros por sus interpretaciones «conservadoras» o «liberales» del Evangelio o de las Escrituras, el aspecto o el comportamiento de sus hijos, etc., no sólo les hemos faltado el respeto, sino que los hemos juzgado y nos hemos apartado de ellos.

Al hacer esto, terminamos rechazándolos en esencia y, por lo tanto, limitando o eliminando lo que podríamos hacer por ellos, lo que ellos podrían hacer por nosotros y lo que podríamos hacer juntos.

discriminación

De alguna manera, el color de piel o el estatus de vacunación o la orientación sexual de alguien parece reemplazar la hermandad espiritual. Imagen: Canva

La otra gran ironía es que nuestra creencia de los Padres Celestiales debería causar dentro de cada uno de nosotros algo mucho más que la tolerancia y la aceptación, algo que nos una definitivamente como hermanos y hermanas.

Sin embargo, de alguna manera, el color de piel o el estatus de vacunación o la orientación sexual de alguien parece reemplazar la hermandad espiritual.

Pero no tiene por qué ser así. Pocos de nosotros, si es que alguno, hemos elegido consciente o intencionalmente la separación, la disensión o el rechazo.

amigos dándose la mano

La colaboración es una de las soluciones al problema. Imagen: Canva

Nos convertimos, subconscientemente, en parte de un determinado grupo, o de una mentalidad de “razas”, y dentro de ese ambiente, sea cual sea, nos sentimos más cómodos que en cualquier otro lugar, y nuestra suposición natural de que tenemos razón transmite nuestro rechazo sobre los que no están de acuerdo.

Pero nuestro deseo es que, como se produce inconscientemente, podamos corregirlo conscientemente, aunque primero tengamos que admitir que somos parte del problema.

La colaboración es una de las soluciones al problema.

Mientras podamos ver a aquellos con los que no estamos de acuerdo como puntos de vista adicionales y como nuestros hermanos espirituales con experiencias diferentes a las nuestras que nos ayudarán a ampliar nuestra comprensión del evangelio, entonces lograremos la unidad.

*Imagen de portada de Aleteia

Fuente: LDS Living

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Publicado por: Joshua Zari
Estudiante de Derecho, cinéfilo, bibliófilo y curioso lector. Amante del evangelio, del mar, los girasoles y atardeceres. Ser sociable.
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